‘Trance’ – las paranoias de Danny Boyle

Publicado el 14 junio 2013 por Cinemalights @CinemaLights

Un subastador de arte se ve mezclado con un grupo de criminales para robar un cuadro de Goya. Durante el robo, recibe un fuerte golpe en la cabeza que le hace olvidar todo sobre el día, en especial, dónde ha puesto el cuadro robado. Amenazado por sus “compañeros”, irá a ver a una experta en hipnotismo para que le ayude a recordar.
Decir más sobre el argumento de Trance, la nueva película de Danny Boyle que llega hoy a nuestros cines, sería irrespetuoso de cara al espectador, aparte de no tener ninguna gracia. Digamos que la película se construye a base de una serie de capas de sueños, paranoias, disparos y multitud de giros inesperados—quizás demasiados para el espectador que vaya a pasar una tarde tranquila al cine—. El resultado final, sin embargo, es un film entretenido y de ritmo vertiginoso que no pierde en ningún momento el sello típico del director: cámara rápida, tonalidades extremas y genial montaje de escenas.
Sólo con echar un vistazo a sus dos últimas películas, 127 horas y Slumdog millionaire, es fácil escoger el montaje como uno de los elementos más importantes con los que juega Danny Boyle. La historia del “slumdog” Jamal mezcla pasado y presente en un perfecto tejido de flashbacks que se entremezclan con una partida del “Quién quiere ser millonario”; Las 127 horas de James Franco son un muy detallado entresijo de mirajes, sueños, recuerdos y dolorosas verdades. Con Trance, Bolye vuelve a aprovecharse de un genial montaje para contar su historia. Gracias a ello, y al dominio del director de los movimientos de cámara, en la primera mitad de la película el resultado es excelente. Un ejemplo es la brillante presentación de la escena y los distintos protagonistas, todo narrado por la voz en off de un James McAvoyque continúa en estado de gracia cada vez que aparece delante de una pantalla.
Ya puede hacer de superhéroe, de fauno o de ladrón paranoico —y próximamente de policía depravado—; el actor escocés vive al máximo cada uno de los personajes que interpreta y es causa inmediata de que el espectador entre en la historia y sienta la misma tensión que él. En este caso, McAvoy viene muy bien acompañado por el francés Vincent Cassel, con quien mantiene un duelo interpretativo digno de mencionar.

La tercera en discordia es aquí Rosario Dawson, probablemente la culpable de los problemas de esta película basada en un telefilm de 2001 creado por Joe Ahearne, guionista también de la adaptación de Boyle. No es porque Dawson no lo haga bien —está genial en su papel—, sino porque cuando la historia empieza a centrarse más en su personaje, todo comienza a fallar. Hacia la mitad del film, y con cada nuevo giro, texto y Boyle se complican cada vez más, hasta llegar a un final un poco tramposo y cogido con pinzas. No obstante, la buena dirección de Boyle, los actores y, en definitiva, el dinamismo constante de la cinta, hacen de Trance un disfrutable entretenimiento cinéfilo. Eso sí, abstenerse los que no conecten con el mundo de colores extremos del director británico.

Lo mejor: James McAvoy, la cámara de Boyle y la primera mitad de la película.
Lo peor: que a partir de la mitad del film a Boyle se le empieza a escapar la historia un poco de las manos.

Nota: 7