Revista Psicología

Trastorno de identidad disociativo (personalidad múltiple)

Por Mundotlp @MundoTLP

Trastorno de identidad disociativo (personalidad múltiple)
El trastorno de identidad disociativo, antes llamado trastorno de personalidad múltiple, consiste en la presencia de dos o más identidades o estados de personalidad (cada una con un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo). Al menos dos de estas identidades o estados de personalidad controlan de forma recurrente el comportamiento del individuo.
La disociación es un estado en el que una persona se separa de la realidad. La persona con un trastorno de identidad disociativo es incapaz de recordad información personal importante debido a que se trata de acontecimientos que han ocurrido cuando otra de las identidades tenía el control.
Es un trastorno que aparece en la infancia, nunca en la edad adulta, aunque persiste durante la edad adulta.
Causas
El trastorno de identidad disociativa es un mecanismo de defensa para poder sobrellevar el dolor y el miedo provocado por un abuso repetido durante la infancia, casi siempre en forma de abuso sexual, perpetrado de un modo impredecible por uno los padres u otro miembro de la familia, que en otros momentos se encarga también de atender y cuidar al niño. El trastorno en más grave en aquellos niños cuyo padre o madre (u otro miembro de la familia), además de abusar sexualmente de ellos, es capaz de ofrecerles amor y protección simultáneamente.
El adulto que realiza actos sexuales con un niño está cometiendo un tipo de abuso, aunque no utilice la violencia o coerción física. Por desgracia, la persona que abusa de ese niño o niña puede ser también la persona que lo cuida y le muestra afecto en otras ocasiones, de manera que el niño se encuentra en una situación totalmente impredecible de expresión de amor alternando con abuso sexual y, posiblemente, otros tipos de maltrato. Cuando este estado resulta abrumador, se alzan las defensas psíquicas en forma de disociación.
No todas las personas son capaces de disociar, pero aquellas que nacen con un capacidad innata para hacerlo, suelen responder de este modo ante el abuso continuado, como un modo de escapar de él. La persona capaz de disociar suele ser artísticamente creativa y con una capacidad alta para ser hipnotizada.
Por tanto, para que aparezca el trastorno han de darse las siguientes características:
  • Que la víctima tenga una predisposición psicobiológica para disociar como mecanismo de defensa.
  • Que suceda un acontecimiento traumático que desencadene la disociación.
  • Que sucedan traumas repetidos que encadenen las diversas disociaciones en una nueva identidad.

Es decir, no todas las personas que han tenido un episodio disociativo como respuesta a un trauma desarrollan un trastorno de identidad disociativo. Para ello es necesario que el trauma sea repetido a lo largo del tiempo.
La persona que no tiene capacidad para disociar y es víctima de abuso severo y repetido puede desarrollar un trastorno de estrés postraumático (TEPT), depresiones repetidas, con ideación suicida o psicosis. El TEPT suele ser la respuesta a un incidente único de abuso. La depresión recurrente y la conducta suicida son con frecuencia indicios de abuso sexual recurrente en niños, adolescentes y, en ocasiones, adultos.
La personalidad disociada
Disociar significa romper la asociación entre dos cosas. En la disociación se rompe la asociación entre emociones y/o pensamientos y la conciencia; entre cadenas de conducta; o entre emociones, conductas y pensamientos.
Cada personalidad posee una forma de ser y comportarse consistente y distintiva y una memoria e historia personal relativamente separada del resto de las personalidades. El control del cuerpo se transfiere de una personalidad a otra, pero el individuo en su conjunto nunca está fuera del contacto con la realidad (siempre hay una personalidad que está en contacto con ella).
La personalidad principal (aquella que tiene el control la mayor parte del tiempo) tiene periodos de amnesia, pues durante esos periodos otra personalidad ha tenido el control.
Pueden existir personalidades completas o sólo fragmentos. Estos fragmentos existen sólo por periodos limitados y con un propósito concreto. Normalmente una sola persona no tiene más de entre 2 y 10 personalidades completas, aunque puede tener una gran multitud de fragmentos que aparecen y desaparecen según las necesidades.
Con el abuso (trauma) repetido se producen repetidos episodios de disociación, en los que el niño separa determinadas emociones, conductas o pensamientos de su conciencia. Estas emociones, conductas y pensamientos disociados empiezan a unirse entre sí mediante un tema afectivo común. Por ejemplo, las emociones y pensamientos de ira se separan de la conciencia y se asocian entre sí para formar una personalidad altamente agresiva y despreciativa. Conforme pasa el tiempo y el abuso continua, esta personalidad agresiva va teniendo su propia historia, formada por patrones de respuesta relacionados con la ira y la agresividad.
De este modo, la personalidad queda dividida. La persona puede sospechar la existencia de otras partes de sí misma, aunque no sea del todo consciente del alcance de su comportamiento inconsistente. La barrera de la amnesia impide que un personalidad pueda llegar a ser del todo consciente de las vidas de las otras personalidades, aunque sí puede sospechar algo.
Estadísticas
En las personas con trastorno de identidad disociativo:
  • El 97% ha sido víctima de abuso en la infancia.
  • Más del 80% ha sido víctima de abuso sexual en la infancia.
  • Alrededor del 40 % han sido víctimas de abuso sexual por su parte de sus padres varones.
  • Alrededor de 23% han sido víctimas de abuso sexual por parte de sus madres.
  • En el 17% de los casos el abuso sexual ha sido cometido por un hermano y en el 2% por una hermana.
  • El 15% ha sido abusado sexualmente tanto por su padre como por su madre.

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