Tres maneras y momentos en los que debo amarte

Por Una Mochila Abierta
En la noche

Ya.
Ya no hay más...
Ya no queda nada...
Del día nos sobran
las calles, la gente.
De la mañana, el inicio
de las primeras horas de sol.
Nuestro despertar prometedor
y el momento en el que fuimos los amantes.
Las caricias de la tarde...
Todas ellas esparcidas por tu cuerpo
tras la ventana, ya también quedan atrás.
Se hace de noche, oscurece...
Los presentes y futuros quedan
ahora en pasados.
Es momento de reinventarnos,
de improvisar nuevos juegos
de caricias prohibidas y miradas clandestinas
tras las dibujadas dunas de la sábana.
No existe nada más...
Un dormitorio, una sola luz ténue
de una mesilla de noche
y un gato curioso tras los cristales
que se verá obligado por esta noche
a cambiar sus planes.
Dos cuerpos desnudos: tuyo y mío;
unas manos que construirán el portal
de nuestros nuevos besos
y la renaciente y obsesiva idea de amarte.
De no buscar palabras para el momento,
de no buscar una explicación lógica
del por qué debemos hacerlo.
Todo transcurre como dictan nuestras normas,
las que no dependen de quien las mira
e intenta comprenderlas.
He de amarte ardientemente,
sencillamente y simplemente...
Y buscaré para ello la excusa
de las mañanas ,las tardes y todas las noches
si, con todo ello y para siempre...
consigo amarte.