Por Eduardo Slusarczuk
Si existiera un ránking de las gestaciones de discos más extendidas en el tiempo, posiblemente Trampas para engañar, de Trigémino, una de las bandas emblemáticas del rock progresivo local de los '70, ocuparía un lugar de privilegio en la lista.
La línea temporal indica que sus cuatro temas -Sacrilegio en el Parque Juglar, Trampas para engañar (incluye seis "subtemas"), Flan y Desayunando con Pepe Rayo- fueron compuestos entre 1977 y 1979, grabados entre 2005 y 2008, que su mezcla fue terminada en 2015, que fueron masterizados en 2017, editados en diciembre de 2018 y que serán presentados, finalmente, el sábado 7 de septiembre en Teatro Monteviejo.
Carlos Garófalo, Marco Pusineri, Jorge Minissale y 'Pollo' Raffo: la esencia es la misma. (Foto: Prensa/José Millet)
Pero enseguida advierte que, a la distancia, no está seguro de cuánto podrían haber rendido en el estudio. Al fin y al cabo, tanto él como sus compañeros de ruta de entonces, Jorge Minissale, Marco Pusineri y Eduardo Rovediello -también Claudia Puyó fue parte del proyecto, en los comienzos-, apenas arañaban los 20 y la única experiencia con la que contaban era la de tocar en vivo, en un circuito en el que se cruzaban con bandas como Crucis, Espíritu, MAM, El Reloj, La máquina de hacer pájaros y los M.I.A.
Sin embargo, la inquietud quedó dando vueltas, y las cosas fueron ocurriendo mietras cada uno desarrollaba su propio camino, hasta llegar a los días que corren, cuando el lugar de Rovediello es patrimonio de Carlos Garófalo y los ensayos, cuenta Raffo, transurren "como en aquel momento", aunque cuatro décadas después.
"Es como ver una foto vieja. Sos vos pero no sos el mismo", dice el músico, que toma la experiencia de regresar una vez más a aquel repertorio, reflejo de una búsqueda sonora de fronteras abiertas y de una saludable ambición artística, como una manera de encontrarse con sí mismo y, sobre todo con ese grupo de gente.
Los orígenes. la banda comenzó a gestarse en 1975, hasta tomar su forma definitiva en 1977. (Foto: Prensa/Gloria Guerrero)
"Le tengo un cariño increíble al estilo. Es con lo que me encontré a los 14 años, cuando comencé a transitar el camino de ser músico", explica Raffo, que confiesa que lo emociona detectar en las piezas de Trampas para engañar señales de lo que estaban escuchando en aquel momento, cuando todo era "fascinante".
En esa mezcla, se reconocen con claridad las pinceladas de bandas como Yes, Gentle Giant ("uno de los grupos de esa época cuya música mejor envejeció", apunta), Genesis, del mismo modo que las de Opa o Jan Hammer, y hasta algún trazo del jazz de Dave Brubeck. Rasgos que saldrán unevamente a la luza el sábado 7 cuando repasen el álbum de punta a punta, en Monteviejo. "Lo que está bueno es encarar el material desprejuiciadamente", dice.
Así es la tapa de "Trampas para engañar", cuyo arte de tapa fue realizado por Guillermo Caputti, encargado de la estética del grupo, fallecido en 2016.
-Antes decías que abordar esta música es como ver una foto vieja. ¿Qué pasa cuando la exhiben ahora? ¿Le aplican algún tratamiento para actualizarla?
-No. En todo caso, qué pasa con una orquesta que toca tangos clásicos, cuando se trata de tocar las cosas que Alfredo Ábalos compuso en los años '30, o cuando Keith Richards toca Satisfaction (I Can't Get No). Es verdad que estamos hablando de otra escala de popularidad completamente distinta, pero el sentido, al final, es el mismo.
Eduardo Slusarczu