Tripodología

Por Calvodemora
Ayer noche, en uno de esos programas de radio fantasma, que pillas mientras concilias el sueño o tratas de recuperarlo si te has despertado y no es hora de levantarse, hablaban sobre el escaso prestigio que tiene la muerte, con la escasa pedagogía con la que nos preparan para su asunción. Mezclado lo oído con lo imaginado, en entrevela, creo que alguien dijo que la cultura no ha puesto en valor (ahí pegué un respingo en la cama, hay palabras que te sobresaltan y enervan) el hecho funesto de fallecer. Suele pasar que uno deja que sus sueños se impregnen de lo que acaba de vivir. Creo que soñé con la muerte. Había avenidas enormes y vacías en mitad de una ciudad a la que el inclemente sol procuraba una luz magnífica. Me extrañó (en el sueño) que nadie la recorriera. Parecía un domingo tórrido de agosto o una escena de una de esas películas de zombis que plantean un mundo postapocalíptico. Hoy, al abrir los ojos, pensé en esa avenida sin gente, en esa evidencia de que algo extraordinario había ocurrido o estaba a punto de ocurrir. Debiéramos tener propiedad sobre lo soñado, saber extraer lo hermoso y también lo terrible. No sé en qué acabó. No vi muertos salidos de sus tumbas. No sabría cómo hacerlos andar, no podría hacerles decir algo, conseguir que expresen la desolación que sienten. No me gustan los personajes sin diálogo. Volvemos siempre a las palabras. Son ellas las que hacen que la trama se yerga y avance, adquiera peso y termine por imponerse de una u otra forma a la realidad, que es ajena a las ensoñaciones y progresa por libre, sin atender a quien la recorre, ni a quien cree poseerla. No es nuestra, no hay manera de que sea nuestra. Ni los sueños son nuestros. Piensa uno en morir con más convicción que en vivir; en soñar, en ocasiones, con mayor que en vivir también. K. me dice que son ganas de perder el tiempo. Que la solución vendrá, se quiera o no. Que todo lo demás es tripodología, esa ciencia de buscarle tres pies al gato. O como dice Umberto Eco en su El péndulo de Foucault, novela de las que sale uno indemne a medias, a pesar del valor con la que la acomete: Tetrapiloctomía, l’arte di spaccare il capello in quattro.