Donald Trump ha sabido encabezar el descontento de esa América profunda -y no tan profunda- con el “establishment”, con la globalización, con los problemas migratorios y con la política de tolerancia que resta privilegios a los habitantes de la primera potencia mundial, acostumbrados a tener armas de fuego y que cada cual resuelva sus problemas sin que el Gobierno se inmiscuya. Alejado de la intelectualidad y cercano y populista con la masa de insatisfechos que, más allá de promesas y programas, sólo quiere que le devuelvan lo suyo, lo arrebatado por los nuevos tiempos y nuevas circunstancias: su trabajo, su hipoteca y su bandera en el jardín para volver a sentirse orgullosa de pertenecer a una nación que lidera el mundo.
Donald Trump ha sabido encabezar el descontento de esa América profunda -y no tan profunda- con el “establishment”, con la globalización, con los problemas migratorios y con la política de tolerancia que resta privilegios a los habitantes de la primera potencia mundial, acostumbrados a tener armas de fuego y que cada cual resuelva sus problemas sin que el Gobierno se inmiscuya. Alejado de la intelectualidad y cercano y populista con la masa de insatisfechos que, más allá de promesas y programas, sólo quiere que le devuelvan lo suyo, lo arrebatado por los nuevos tiempos y nuevas circunstancias: su trabajo, su hipoteca y su bandera en el jardín para volver a sentirse orgullosa de pertenecer a una nación que lidera el mundo.