Un andén Zen

Por Peineta

Llevo días queriéndome poner delante del teclado con tiempo, relajo e inspiración y claro eso con los niños, los virus y mi poca organización es tan complicado como que Rajoy e Iglesias se pongan de acuerdo....Bromas aparte hace tiempo que me apetece escribir este post, relato, reflexión o simplemente mi momento de vida actual. Nunca pensé que sacar fotos con afición y mirarlas detenidamente me harían reflexionar o incluso pensar relatos metafóricos que contarán situaciones de la vida.

La vida es un recorrido largo, un viaje con paradas, paisajes y aduanas que pasar. Pero qué pasa cuando el tren se pará de golpe y el revisor te dice que te bajes, o simplemente vas caminando vagón tras vagón y de repente ya no hay más, te toca bajarte de ese tren te guste o no. Te quedas en el andén y miras al revisor y le dices, llevo años viajando no quiero parar y él te mira fijamente y te dice que te toca sentarte y esperar. Vas al taquillero y él, que sabe un rato te dice bienvenida al andén Zen, donde verás pasar al tren pero ninguno es para ti, no aun, te toca esperar, mirar y contemplar, tienes que estar preparada para seguir viajando. Tu cara de asombro es tal, que no sabes ni que hacer, te pasas días sentada en el banco del andén pensado si levantarte e ir a taquilla otra vez e intentar comprar billete, si levantarte e ir a pasear o simplemente hasta intentas montarte en marcha en los trenes que ves pasar delante tuyo.

Entonces cambia el turno de taquillero y entra uno con una sonrisa relajada, se acerca al banco con bebida caliente, un periódico y un bocata. Quiere saber cómo has llegado hasta allí y dónde ibas de viaje, de repente te das cuenta que no sabes donde ibas, que no te acuerdas o simplemente has sellado tu pasaporte en las aduanas y ni siquiera sabes si querías viajar en tren, avión o autobús. En ese momento el taquillero te mira y te da un mapa sencillo de un bosque, un libro, una cámara de fotos y unas llaves de una cabaña donde encontrarás lo necesario para vivir sin estresarte.
De repente te encuentras delante de ese árbol con ese banco y piensas, ostras y si me siento simplemente a leer y a ver pasar la gente, y si me tomo el tiempo de relajar, de disfrutar y respirar. Pero lo que nunca esperas es darte cuenta que te has olvidado de algo tan sencillo como desconectar los cables de tu cerebro para enfriar las neuronas. Qué no te acuerdas como se pone tu cabeza en modo hibernación y que resetear es algo que siempre te ha dado auténtico pánico.

Pero te toca probar, porque a pesar de oír el pitido de otro tren que llega al andén, sabes que no te vas a poder subir a él. Pero ese tren va lleno de gente que mira por la ventanilla y que se pregunta qué haces sentada sin subirte y tú en tu confusión no sabes cómo dar explicación a la situación, tan absurda para unos y tan pesada para otros.

El plano que te han dado es sencillo y lo sabes, ves el camino es bonito como el de la foto, es fácil porque lo ves y no hay muchas ramas pero no terminar de ir rápido porque no tienes el calzado adecuado o tienes miedo a que haya un puente colgante y tu vértigo no te deje seguir, pero en el fondo eso que ves es tan alentador tan relajante que piensas poco a poco llegaré porque eso tiene una pinta chula. Mientras vas y vienes al andén Zen, intentas sentarte en el banco y ver pasar los trenes y piensas que día seré capaz de saludarles con la mano y no taparme con el periódico mientras pasan por delante. Qué día seré capaz de explicarles que el bosque del andén es un sitio increíble donde el reloj se descompone, donde el pasaporte se abre y descubres que los sellos de la aduana estaban mal pegados y donde tu cabeza no se funde cada minuto y medio.

En ese momento coges la cámara te haces una foto y la miras, y piensas vale te gusta lo que ves?? si es que no cámbialo, si es que sí, créetelo, lucha por él y trabaja porque ningún maquinista de tren va a parar por tu cara bonita.


En fin, la vida es un largo viaje lleno de paradas o no, donde cada uno tiene que ser capaz de elegir como quiere viajar, a veces te montan en el vagón equivocado, o simplemente coges el avión pensado que es más rápido. La idea es llegar bien al destino pero sobre todo disfrutarlo y ser feliz. Los que llevamos equipaje extra tenemos la preocupación de tener que velar por él, intentar que puedan seguir el viaje contigo y que no les den muchos golpes, pero a veces es necesario tenerlo cerca, cuidarlo pero sobre todo ir haciendo paradas, pesan mucho y a veces nos empeñamos en que lo importante son las maletas, pero si el porteador no está en forma poco aguantarán esas maletas en buen estado o ni siquiera llegarán a buen puerto.

Si lees este post y no me entiendes, no te preocupes ni yo misma me comprendo muchas veces, pero si me entiendes, es más si has tenido que pararte en un andén ZEN, tranquila en algún momento llegará nuestro tren y si no vamos caminando poco a poco hasta la estación de autobús más cercana.
Las fotos de este post son de mi propiedad y las saqué en un fin de semana muy especial, en el que me di cuenta que el tiempo corre más de lo debido porque a veces nosotros mismo movemos las manilla del reloj.