Revista Opinión

Un criancero de ley que sigue una tradición ancestral en el norte

Publicado el 08 diciembre 2019 por Piedraonline
Un criancero de ley que sigue una tradición ancestral en el norteRamón Vallejos. Pasa sus días y realiza su trabajo en el paraje Vado de los Sauces, en cercanías de Andacollo, camino a Los Miches.
En las cercanías de Andacollo, un par de sauces y un pequeño vado le prestan el nombre a un pintoresco paraje en el que casi toda la vida Ramón Vallejos viene haciendo patria. Es criancero prácticamente desde que tiene memoria, se crió entre animales y corrales, y con el tiempo lo tomó como un oficio.
“Hace más de 40 años que hago este trabajo, y hay muchas veces que el cuerpo no me da más pero hay que seguir, porque hoy en día no se encuentra a nadie que quiera trabajar en el campo, y por eso hay que tener estos peones o hijos, como los llamo yo a mis perritos chiveros”, comentó Ramón. Y agregó: “Ellos son muy inteligentes y dedicados, hasta pueden hacer las tareas de aparte en el corral, y me acompañan al rodeo y cuando nos vamos a la veranada son una gran ayuda”. Mientras animaba la charla, cerca del corral se podía ver a sus tres fieles compañeros: el Guante, el Choco y el Ronda. “Esos son los mejores amigos que tengo yo”, dijo con orgullo.
“El Choco hace siete años que está conmigo, los otros hace un poco menos. Ellos me acompañan siempre y cuidan el piño de noche y de día de la amenaza de los pumas y de los zorros. Siempre están con sus animalitos”, contó Ramón mientras con su compañera de vida, Dominga La Torre, que comparte su misma edad, comenzaban a prepararse para las tareas de aparte de los chivitos de sus madres. “Esta vida es difícil, pero la hemos hecho juntos, con esfuerzo y sacrificio, y nos ayudó a criar a nuestros cuatro hijos (Juan Carlos, Daniel Antonio, Margarita y Ramona del Carmen), que hoy tienen un buen pasar gracias a Dios”, indicó.
Entusiasmado, sigue relatando que en todos estos siguió de trabajo siempre tuvieron la compañía de muchos perros chiveros que les brindaron todo su amor y su trabajo.
El perro que más recuerda don Ramón es Pañuelo, un ovejero que un mecánico amigo le había traído desde Mendoza. Lo tuvo con él un par de años pero alguien sin corazón se lo mató de una manera cruel.
“Al perro hay que darle cariño, si no, no le hace juicio nunca. Ahora descansan, pero en época de parición y de arreo trabajan más que uno. Siempre los alimento bien”, remarcó.
“Yo estoy todo el día y todos los días en el campo”, contó, y agregó como un gran consejo de la vida, que la autoridad de sus muchos años le permite: “Si se deja estar uno, más lo arruina la pobreza. Por eso hay que salir y seguir adelante con el trabajo”. Y advirtió: “El trabajo de campo es muy sacrificado, hay que estar”.
“La juventud de hoy no quiere saber nada del campo, no le toma mucha importancia”, sostuvo. Y como un cruel vaticinio, como hasta que le dolió en lo más profundo de su golpeado corazón, dijo: “Para mí, con los años se va a perder la trashumancia. Ojalá me equivoque, para que la memoria de los que ayer estuvieron y por la trayectoria de los que hoy estamos sea reconocida como una labor esencial de la economía del norte neuquino”.
“A todos nos queda la esperanza de que alguno de los hijos de todos los crianceros pueda seguir, si no, esto está condenado a desaparecer”, se lamentó.
“Esta vida es muy sacrificada, uno tiene que pasar el hambre y el frío, soportar andar sucios y hay calores que no se aguantan. Toda la crianza es muy difícil”, sostuvo el hombre.
"En los trabajos hay que estar atentos y expectantes todo el tiempo", asegura el hombre nacido hace 75 años. “Si uno escucha un ruido en el piño hay que ir rápido y como sea para que no venga el zorro o el puma a hacer daño”, explicó.
Para finalizar, Don Ramón expresó: “El criancero en su sacrificio de vida las pasa todas, y el de arriba sabrá si me queda hilo en el carretel todavía para seguir unos años más siquiera”.
Los chivos más buscados
Los chivos de don Ramón Vallejos gozan de buen prestigio y son muy buscados en el corazón del norte neuquino. “La gente pasa todos los días por este camino y me ven cómo trabajo y también me ven cuando estoy durmiendo por ahí para descansar un rato”, dijo sin perder su buen carácter y humor. Los chivos, de buen peso y excelente sabor, los vende a un precio muy tentador y accesible.
“No hay por qué matar al comprador para que pueda disfrutar un chivito”, dijo con toda humildad.

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