No es que esté en contra de estas celebraciones que permiten a los políticos mostrar su perfil más humano y demostrar efusivamente su solidaridad con las mujeres que sufren este tipo de cáncer, a las que animan a seguir luchando. Ni reniego de las campañas que persiguen sensibilizar a la población acerca de la importancia que tiene esta grave enfermedad en las sociedades modernas, en las que a tantos cancerígenos estamos expuestos. Lo que critico es la utilización propagandística de estas conmemoraciones como campañas de imagen para responsables políticos y personajes públicos que, aparte de hacer emotivos discursos y exponer buenas intenciones, podrían proporcionar, desde sus respectivos puestos o cargos institucionales, los recursos y medios necesarios para combatir con mayor eficacia ésta y otras enfermedades que aun hoy amenazan a la población y se cobran un porcentaje de muertes nada despreciable, muchas de ellas perfectamente evitables.
Es curioso que, aparte del componente patológico de este tipo de cáncer, que en absoluto es la primera causa de muerte en la mujer, parece concitar más atención el hecho de que afecte a la mama de la mujer y en las repercusiones que conlleva, no sólo físicas sino también psíquicas, su extirpación si fuera necesario. La mayor parte de los reportajes periodísticos elaborados ese día giraron sobre cómo la mujer sobrelleva la amputación de un seno, más desde un punto de vista estético y social que biológico. Una preocupación comprensible en la mujer por cuanto esa glándula simboliza la feminidad y la maternidad que las distingue del hombre. Pero enfocar este asunto primando las consideraciones estéticas es desviar la atención y confundir a las propias mujeres.
Es por ello que el Día Contra el Cáncer de Mama resultaba excesivamente rosáceo, demasiado colorista en lo superficial y anecdótico, sin apuntar a las verdaderas causas del problema: hay que destinar recursos, no discursos, para organizar planes sanitarios que combatan con eficacia éste y otros problemas de salud de los ciudadanos, afecten a las mamas, la próstata, el pulmón, la sangre o el cerebro, tanto en la mujer como en el hombre. Todo lo demás es propaganda.