Revista Comunicación

Un día perfecto: una película salvada por la experiencia

Publicado el 04 septiembre 2017 por La Cara De Milos La Cara De Milos @LacaradeMilos
Un día perfecto: una película salvada por la experiencia

No soy un enamorado de Fernando León de Aranoa, pero tampoco su más fiero detractor. Barrio, Los lunes al sol y Princesas son tres grandes piezas del cine social patrio, pero a eso (que no es poco) se reduce el brillo que para mí tiene Aranoa como cineasta. Le sigo, pero ya con cierto desencanto, dado que parece redimido a contar siempre las mismas historias y con el mismo tono. No es el cine social lo que me cansa, sino su verbo: ahí está Ken Loach como contrapunto.

Precisamente con la esperanza de observar si en algo había variado su perspectiva, el domingo decidí ver Un día perfecto, hasta el momento su último largometraje de ficción. Y a grandes rasgos, hay que decir que sí, que el director madrileño ha intentado algo distinto; otra cosa es que Un día perfecto funcionara en ese nada desdeñable intento.

Un día perfecto: una película salvada por la experiencia

En principio, podríamos pensar que León de Aranoa no ha cambiado un ápice su perspectiva, ya que Un día perfecto nos cuenta una historia de unos miembros de una ONG en las Guerras de Yugoslavia. Si no cine social, por lo menos cine con inquietudes humanitarias. No obstante, pronto se advierte un interés más por las intrahistorias de los personajes que por el conflicto en sí, que está ahí como hilo conductor de la película.

Un día perfecto se desenvuelve tratando de imprimir humor en una situación trágica, tan trágica como lo es una guerra. Y a ratos lo consigue. Pero lejos queda de lo mostrado por En tierra de nadie. Fernando León de Aranoa trató de escapar de sí mismo con un giro hollywoodiense, tanto para lo bueno como para lo malo.

Un día perfecto: una película salvada por la experiencia

En este sentido es de destacar que quienes le salvan las barbas son los actores y actrices. El casting de Un día perfecto es, sin duda, lo más acertado de la cinta, con Benicio del Toro y Tim Robbins como cabecillas del batallón. Aun así, tampoco lo que hay detrás de cada personaje logra interesarnos demasiado, más allá de las lamentables, por chuscas, comicidades.

Pero también hay que reconocerle a León de Aranoa su buen ojo fotográfico y la mesura narrativa, que en una película como Un día perfecto podría haberse desmadrado y tirar por lo fácil: mostrar explícitamente los horrores de la guerra. Se muestran, por supuesto, pero velados entre la tragicómica situación que viven los trabajadores de la ONG. Y no dejan, en ocasiones, de resultar tanto o más perturbadores que la sangre. Ahí está, para el ejemplo, la terrorífica escena del descubrimiento de unos ahorcados a los que solo vemos los pies.

Un día perfecto: una película salvada por la experiencia

Un día perfecto: una película salvada por la experiencia

Luego está también el guion. Un guion que funciona en sus diálogos y sus situaciones pero que falla estrepitosamente en la construcción de una historia con principio y final. En este sentido, Un día perfecto parece solo un pensamiento estirado, como si el guionista, que es el mismo director, se hubiera quedado a las puertas del final y por negligencia o vaguería, no hubiera querido concluirlo.

Por otro lado, mientras veía Un día perfecto no podía dejar de tener la sensación de que se trataba de una película a destiempo, que quizás si se hubiera estrenado hace quince años hubiera tenido más sentido, porque no actualiza la visión sobre el conflicto, que queda reducido a un simple ambientador. Aunque tal vez, Fernando León de Aranoa no quería contarnos nada sobre las Guerras de Yugoslavia, pero entonces ¿qué quería contarnos?


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