Revista Economía

Un discurso filosófico a favor de la amistad entre robots y personas

Publicado el 19 abril 2021 por Ignacio G.r. Gavilán @igrgavilan
Un discurso filosófico a favor de la amistad entre robots y personas¿ Es posible la amistad entre robots y personas? Y, caso de ser posible, ¿Es deseable?

En el anterior artículo de este blog, 'Tres motivos para estudiar las relaciones afectivas de personas con robots' ya anunciaba que a ese artículo iba a seguir alguno más aportando argumentos a favor y en contra. Inicialmente iba a unir en el mismo post ambos tipos de argumentos, a favor y en contra, pero creo que la materia tiene matices abundantes y me interesa también lo suficiente como para dedicarle más de un post a esa continuación. 

De momento, en este artículo me voy a limitar a recoger un discurso a favor de la amistad robot-personas. No voy a recoger aún argumentos en contra, ni siquiera pretendo ser exhaustivo en el resumen de posibles argumentos a favor. Sólo voy a recoger la argumentación del filósofo John Danaher, un discurso que llega hasta mí gracias a la obra de otro filósofo, Sven Nyholm en su fantástico libro 'Humans and Robots: Ethics, Agency, and Anthropomorphism', y que, en cierta medida, me limito a resumir en estas líneas con algún leve comentario propio.

La amistad según Aristóteles

La perspectiva que aportan tanto Sven Nyholm como el propio John Danaher es en esencia filosófica, así que no cabe mucha sorpresa ante el hecho de que lo primero que nos encontremos sea una aportación de Aristóteles y, en concreto, una clasificación de la amistad por él propuesta. Según el filósofo griego, existen tres tipos de amistades:

  • Amistades de utilidad: relaciones que son útiles para alguna de las partes involucradas o para ambas.

  • Amistades de placer: relaciones que aportan placer a alguna de las partes involucradas o para ambas.

  • Amistades de virtud: relaciones basadas en una benevolencia mutua y en unos mutuos buenos deseos para la otra parte, implicando admiración mutua y valores compartidos.

Aristóteles entiende como valiosos los tres tipos de amistades pero también establece una cierta jerarquía entre ellas siendo las dos primeras formas imperfectas de amistad y la tercera, la amistad de virtud, la manifestación más elevada.

Si nos atenemos a esta clasificación parece casi evidente y poco discutible que son perfectamente posibles las dos primeras formas de amistad entre personas y robots. En efecto, los robots son útiles a las personas (y en cierto sentido también las personas son útiles para los robots) y en algunos casos, los robots pueden aportar placer a las personas y no pienso sólo en robots sexuales sino en cualquier tipo de robot que, simplemente, resulte simpático o entretenido.

Según esto, es posible e incluso deseable que exista esa amistad. Pero, cabe decir, que cuando Aristóteles formuló esa clasificación, evidentemente, no tenía en su mente la posibilidad de un ente artificial como un robot. Es más, me atrevo, no sin cierta precaución, claro, a cuestionar si la definición de los dos primeros tipos de amistad son suficientemente precisas. Tal y como las he contado (reconozco no haber leído el texto original de Aristóteles) parece que en esa descripción de amistades de utilidad y placer cabrían relaciones que en absoluto consideraríamos como amistad, como podrían ser el caso de la esclavitud o el abuso. Tal vez lo que le faltaría a esas definiciones sería la bilateralidad que sí tuene la tercera, es decir, que la utilidad o el placer fuesen mutuos.

En cualquier caso, el resto del discurso se centra en el tercer tipo de amistad, las amistades de virtud, que creo que si se ajustan a lo que intuitivamente entendemos por amistad.  

Aspectos de una amistad

En el razonamiento que sigue, es también importante recordar cuatro aspectos que caracterizan a las amistades verdaderas, a las amistades de virtud. Son éstas:

  • Mutualidad: Los amigos tienen valores e intereses compartidos y admiración y buenos deseos recíprocos.

  • Honestidad/autenticidad: los amigos son honestos en sus interacciones y no crean malas interpretaciones acerca de lo que ellos mismos son.

  • Igualdad: las dos partes son iguales sin relaciones de dominación o superioridad.

  • Diversidad de interacciones: los amigos interaccionan en diferentes formas y en diferentes contextos.  

El discurso de John Danaher

Danaher reconoce que la argumentación en contra de una posible amistad entre robots y personas se sustenta en general en la imposibilidad de conseguir esas cuatro características de una amistad verdadera.

Sin embargo, a la hora de aportar su propio punto de vista, Danaher hace una distinción que parece muy pertinente: la distinción entre una imposibilidad técnica y una metafísica. 

Entiende, que en el caso de las características de igualdad y diversidad de interacciones las eventuales limitaciones son de naturaleza técnica y, por tanto, eventualmente solubles en el futuro. 

En el caso de la igualdad, Danaher entiende que a medida que evolucione la técnica, se irá consiguiendo o perfeccionando. Además. argumenta, esa igualdad de capacidades y poder tampoco se da siempre en amistades entre humanos y por lo tanto parece admisible una forma laxa de igualdad y por tanto de amistad que se produce entre humanos y que también se puede dar con los robots.

En la misma línea, también entiende que una forma laxa de diversidad de interacciones se da en amistades humanas y, que esa forma laxa de diversidad también es posible en relaciones con robots.

En el caso de la mutualidad y la autenticidad Danaher aprecia, por el contrario, una mezcla de imposibilidades técnicas y metafísicas. Sin embargo, Danaher aporta lo que se denomina un 'behaviorismo ético'. La idea es la siguiente: los humanos no tenemos acceso a la vida interior de nuestros amigos y sólo percibimos sus comportamientos externos. Y si esos comportamientos nos demuestran mutualidad y autenticidad, entendemos que existen en el interior de esas personas que consideramos amigas. 

Con esto, Danaher se pregunta por qué hay que aplicar un estándar más exigente a los robots. Es decir, si un robot fuese capaz de mantener de forma consistente un comportamiento que demuestre mutualidad y autenticidad deberíamos considerar como posible la amistad con él.

Nyholm, cuando valora esta argumentación indica que de esta forma Danaher convierte un problema metafísico (sobre si un robot puede tener vida interior similar a la de un amigo) en otro epistemológico (sobre qué podemos conocer de la vida interior de nuestros amigos). Y en ese sentido, la pregunta parece convertirse en si un robot es capaz de comportarse de una forma similar a como lo hacen nuestros amigos humanos a los que suponemos unas ciertas actitudes y vidas interiores.

Con esto, Danaher considera que las cuatro características de una verdadera amistad, una amistad de virtud, se pueden dar, aunque quizá de forma laxa, todavía no perfecta y apreciables sólo por comportamientos, en el caso de la relación con robots.

Y en ese sentido, considera posible el establecimiento de una amistad verdadera entre un humano y un robot.

Continuará

Creo que, en buena medida, el 'quid' de la cuestión está en está en la validez que concedamos a ese behaviorismo ético: si podemos considerar amigo y, aún más, si debemos considerar amigo y procurar la amistad de un ente que se comporta externamente como amigo...pero al que no le podemos presumir una vida interior, unas actitudes y unos sentimientos, sólo unos grandes algoritmos, una extraordinaria tecnología y un gran diseño. 

De todas formas, buscaré y traeré a este blog otros razonamientos. En un próximo artículo, y con base en la misma fuente bibliográfica, veremos alguna argumentación en contra de esa amistad humano-robot y del discurso de Danaher.

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