Un genocidio que duró mucho más de 100 días

Por En Clave De África

(JCR)
No me resulta fácil escribir sobre el 20 aniversario del genocidio de Ruanda, que se conmemora durante esta semana. Suelo tener una cierta aprensión a abordar temas de los que todo el mundo habla en abundancia, sobre todo por miedo a repetir lo que ya dicen otros, pero pienso que pasar por alto esta ocasión en un blog africano sería una injusticia con nuestros lectores. Visité Ruanda algo más de una semana a finales de 2007, pero mi experiencia en este país va más allá de los pocos días que pude pasar allí. Mi primera experiencia de trabajo en la vecina Uganda, a mediados de los años 80, fue con refugiados ruandeses tutsis, y en años más recientes –viviendo en Goma, en el Este del Congo- he presenciado algo de las reverberaciones que el post-conflicto ruandés ha provocado en la región. Aquí les ofrezco algunas de las cosas que pienso al respecto.

1. Aunque se suele hablar del “genocidio contra los tutsis”, personalmente prefiero referirme a este tema como “el genocidio ruandés”, ya que no murieron sólo personas de etnia tutsi, sino también muchos hutus que se negaron a matar a sus vecinos o que eran conocidos por sus posiciones en favor de resolver el conflicto por medio del diálogo. Además, las matanzas que se cobraron alrededor de 800.000 vidas durante cien días, entre abril y principios de julio de 1994, fueron un capítulo –el más cruel y espantoso, eso sí- de una violencia más amplia que comenzó cuatro años atrás, cuando el Frente Patriótico Ruandés (formado por miles de soldados del ejército de Uganda) atacó Ruanda el 1 de octubre de 1990 y que continuó mucho después. El RPF mató a miles de civiles, sobre todo hutu, en las zonas que controló antes del asalto final a Kigali, y continuó matando a decenas de miles de campesinos hutu que no huyeron a la vecina República Democrática del Congo (entonces llamado Zaire) en meses e incluso en años sucesivos. Añadamos a esto que desde que el RPF invadió el vecino Congo en 1996, el ejército del nuevo régimen de Ruanda cometió en el país vecino “actos de genocidio”, según calificación de un informe de Naciones Unidas publicado en 2011 (llamado “Mapping Exercise”). Las agresiones de Kigali contra su vecino congoleño han continuado en años recientes con el apoyo directo y descarado a milicias tutsis congoleñas como el CNDP y, más recientemente, el M23, muchos de cuyos guerrilleros, por cierto, se mueven hoy como Pedro por su casa por Uganda y que podrían volver a realizar nuevos ataques en el Congo.

2. La parte de este genocidio que el régimen de Kigali reconoce como la única que tiene derecho a ser recordada, la cometida contra los tutsis, tuvo detrás una ideología y una organización que hicieron posible que se desarrollara de forma tan sistemática y con increíble crueldad. Primero se empezó por intoxicar a la población afirmando que una parte de los ruandeses (los tutsis) eran extranjeros. Es bien conocida la teoría que afirma que la minoría tutsi procedía de Etiopía y que invadió el país, cuyos habitantes originales serían supuestamente los hutus. Una de los mitos que se repiten más hasta la saciedad en muchos lugares de África es el que afirma que todos los males de cualquier país vienen de fuera, y fueron traídos por invasores. Una vez colgado este sambenito en el cuello de los tutsis, sólo faltaba dar el último paso: decir que no son seres humanos (recordemos que los genocidas se referían a ellos como “cucarachas”) y que la solución final a todos los males de Ruanda era la eliminación física de todos ellos. Sería necesario que aprendiéramos las lecciones pertinentes, porque este mismo proceso diabólico se repite en otros lugares del mundo. Yo mismo he escuchado decir lo mismo a infinidad de personas de la República Centroafricana sobre los musulmanes (“han venido de fuera, son seres perversos, la única solución es eliminarlos…”), muchos de los cuales han sido masacrados de forma cruel durante los últimos meses.

3. En Ruanda, aunque no se puede negar que hay casos ejemplares de reconciliación, no se podrá nunca pasar página de forma definitiva mientras todos los ruandeses no tengan la libertad de contar sus historias sin ningún tipo de miedo y mientras no comparezcan ante la justicia los autores de todos los crímenes. Ni el Tribunal Internacional para Ruanda ni los tribunales populares conocidos como gacaca (clausurados en 2012) examinaron nunca un solo caso de crímenes cometidos por los actuales dirigentes contra miembros de la mayoría hutu. En el país sólo hay memoriales públicos de las personas masacradas por una parte, pero no por la otra. Durante mi estancia en el país pude entrevistar a bastantes personas que me contaron con pelos y señales cómo el Frente Patriótico mató fríamente a muchos de sus familiares, que no tienen derecho a un reconocimiento, ni por supuesto los que han sobrevivido pueden pedir ningún tipo de compensación o de beneficio. Los miembros de la etnia mayoritaria hutu, sobre todo los que huyeron al Congo o a otros países vecinos para escapar de las represalias del nuevo régimen, han sido acusada en bloque de ser todos ellos genocidas. En condiciones tales, hablar de reconciliación cuando lo que reina es el silencio y el miedo a sacar a flote toda la verdad es algo bastante ficticio.

4. No podemos olvidar que entre las víctimas de estas violencias ciegas que azotaron Ruanda y Congo a partir de 1994 hay nueve españoles, cooperantes y misioneros, que fueron asesinados por el Frente Patriótico. Uno de ellos, con quien mantuve una buena amistad personal, el padre Joaquim Vallmajó (que se negó a ser evacuado por los cascos azules), fue torturado y asesinado por los milicianos de Kagame el 26 de abril de 1994 en Byumba, en el Norte de Ruanda, tras haber denunciado una matanza contra 2.500 campesinos hutus en un estadio. En 2008, el juez de la Audiencia Nacional Francisco Andreu, basándose en el principio de la justicia universal, dictó órdenes de arresto contra 40 altos cargos del actual gobierno y ejército de Ruanda por su presunto papel en estos y otros asesinatos en Ruanda y en Congo. Resulta indignante constatar que, ahora que el gobierno del Partido Popular, en España, ha eliminado que se pueda investigar casos judiciales basándose en este principio de universalidad de la justicia, ninguno de estos casos podrá ser resuelto con la justicia que se merecen.

5. Del capítulo vergonzoso de una comunidad internacional que abandonó a cientos de miles de víctimas masacradas durante aquellos meses de 1994 no se han extraído aún las lecciones necesarias, y por desgracia se han vuelto a producir numerosos casos de matanzas a gran escala ante la pasividad o la acción insuficiente de instancias internacionales que tenían el deber de actuar antes de que fuera demasiado tarde. Uno de los casos más evidentes ha sido el de la Unión Europea, que a primeros de febrero de este año se comprometió a enviar una fuerza de intervención para apoyar a los soldados franceses y de la Unión Africana para detener las matanzas en la República Centroafricana, y que después dejó en suspenso la decisión para ahora decir que tal vez estén operativos a finales de mayo. Primero dijeron que enviarían a mil soldados, después hablaron de 800 y cuando llegue el momento es posible que sólo sean 600. Si es que alguna vez llegan. Mientras tanto, en Centroáfrica –como en Ruanda hace ahora 20 años- se sigue matando a diario a personas (aunque sea a una escala menor) por razón de su etnia o su religión. Al mismo tiempo que es justo reconocer que la intervención de las tropas francesas y de la Unión Africana han evitado males mayores, también es cierto que la comunidad internacional podría hacer hecho mucho más, sobre todo si hubiera intervenido antes.