Un saludo a Jordi en Sant Jordi

Por Enriquerichard

Es como un cuento; pero se trata de una anécdota real que esta mañana Puri y yo hemos  tenido con Jordi, una persona cercana  a los 80 años y que, desde hace tiempo, tiene instalada su casa en un banco del Parque de la Ciutadella, de donde, hasta ahora, nadie ha conseguido sacarlo, salvo cuando decide desaparecer por una temporada sin avisar a nadie.

Esta mañana, de buen sol, como tantas otras mañanas, nos hemos sentado en el banco de Jordi a charlar con él. Lo hacemos siempre que lo vemos; es una tarea que nos gusta especialmente hacer: Jordi es un buen conversador y nosotros disfrutamos hablando con él.

Hoy, mientras departíamos, ha sacado de su bolsa de plástico, primero, una botella de vino a estrenar. Era un vino de Navarra y le ha costado 1,65 €, según indicaba el ticket de compra que nos ha enseñado. Jordi abrió la botella —ahora no recuerdo con qué— y nos ofreció un trago. Luego, de la misma bolsa sin fondo, sacó unas magdalenas que también había comprado, y también nos invitó. Puri y yo aceptamos una para repartírnosla como buenos hermanos y, mientras la degustábamos, él comenzó a desmigar el resto del paquete esparciendo las demás magdalenas por el suelo del parque. Como era de esperar, enseguida nos vimos rodeados por decenas de palomas, de cotorras —aquellas son de China o de India, ¡yo qué sé!, nos decía—, de gorriones y ¡de un cuervo! al que Jordi le lanzaba los trozos más grandes.
Puri le reprendió:

 —  Jordi, al cuervo no le des de comer. Es malo, vengativo y ladrón…

A lo que Jordi respondió:

 —  Y ¿por qué no he de darle de comer al cuervo? Todos tenemos derecho a comer…