No quisiera resultar superficial, porque le tengo a usted mucho respeto, pero lo cierto es que me fascina la forma en que dejó usted este mundo, mientras daba un paseo por el campo nevado, aquel invierno de 1956. Y que fuera el día de Navidad y lo encontraran unos niños, caído en la nieve, herido de frío, como un ángel helado, le da a la circunstancia un aire de cuento de hadas que encaja muy bien con la imagen que tengo de usted, de persona desvalida, vulnerable y consciente de su fragilidad; de un hombre con el alma cándida y amorosa, feliz a su manera a pesar de todo. Un vagabundo de la vida que amaba el mundo y que sin decir "nada acerca de nada” cuenta mucho de sí mismo y de todos nosotros. Cierro aquí esta carta, señor Walser, para seguir leyendo sus historias imprevisibles y sorprendentes, su imprevisible y sorprendente historia de amor por el mundo.
Robert Walser. Historias de amor (Siruela, 2010)Traducción de Juan de Sola Jovet y Juan José del Solar