Después de algún tiempo de andar en la legua, me he dado cuenta de que hay aficionados que tienen una memoria prodigiosa, recuerdan fechas, datos, nombres, olores, anécdotas, chismes, canciones, momentos que el toro les ha herrado en los ojos y la boca para placer de quienes tenemos la oportunidad de escucharlos. La tradición oral es fundamental en la cultural del Toro, gracias a ella los jóvenes que vamos a los toros, nos enamoramos del pasado y conocemos y reafirmamos sus valores.Hablar de toros en un espacio como sexenio.fm es un gran compromiso, no sólo porque estamos en una ciudad que está pronta a perder su plaza de toros, sino porque es una de las que genera un gran número de conferencias taurinas a lo largo del año. Hablar de toros desde Las Taurinas es un gran compromiso porque este programa llega a su tercera temporada con una historia donde las voces de mujeres que saben de toros han chanelado con arte y bravura que son clave para la Tauromaquia. Un compromiso muy grande porque las primeras dos temporadas fueron fundamentales para la consolidación del cauce de nuestro río taurino. Hablar de toros es un gran compromiso porque se trata de un tema tan incómodo como desconocido por la sociedad actual.
La afición por los toros es hoy, cada vez más complicado, por un lado la Fiesta brava anda de capa caída y eso impide que se fortalezca la afluencia a nuestras plazas; por otro, los antitaurinos van ‘ganando adeptos’ que se suman a las protestas con pancartas que transpiran odio desmedido y mal infundado. Sin embargo la lucha por mantener viva esta expresión cultural se encuentra en el seno familiar de cada aficionado… Mi abuelito Juan, por ejemplo, nos invitaba al toro, íbamos todos juntos a la plaza (que hoy amenazan con desaparecer) un día antes de la corrida para ver el encierro, luego si le gustaban los bichos, comprábamos los boletos. Toda la familia Guevara iba a los toros en año nuevo, lo hacíamos también en otras fechas pero cada quien por su lado. Esos fines de año eran maravillosos: todos convivíamos, platicábamos y disfrutábamos. Recuerdo que mi abue señalaba alguno que otro pase, y si conocía al espada hacía mención de alguna buena actuación y claro, el nombre del toro.