Lo cierto es que con Bebé Gigante al principio me hacía gracia aunque luego empezó a mosquearme pensando que no fuera a tener algún problema en el habla. Por suerte, resultó ser una anécdota en un momento de su aprendizaje porque en poco tiempo empezó a hablar como un adulto. Pero lo curioso fue cuando Pequeña Foquita inició el mismo proceso. Aun no ha empezado a hablar con soltura pero visto el ejemplo de su hermano, ya no me preocupo.
He intentado buscar información al respecto pero no he encontrado nada. Por eso lo comparto aquí por si a alguna de vosotras os ha pasado alguna vez con vuestros hijos.