Nuevas miradas sobre La Palma
Esta semana participo en un debate sobre la geografía y la economía de la isla de La Palma, titulado Miradas hacia el futuro. Un encuentro que organiza la fundación Fydes de CajaCanarias y ha sido coordinado por los profesores Carlos Fernández y Francisco Rodríguez de la Facultad de Economía de la Universidad de La Laguna.
En ese evento se van a exponer algunas ideas sobre cuales son perspectivas posibles para un futuro económico y territorial de un espacio insular tan característico, frágil y limitado como el de La Palma, en el contexto global. Como algunas veces he señalado, las islas y, sobre todo, las pequeñas islas, son un lugar privilegiado para actuar como laboratorio territorial que analice las cambiantes circunstancias que modelan nuestros lugares y hacia las que se encamina el conjunto del planeta.
En cierta medida, las islas, debido a su carácter de espacio limitado y finito, anticipan las tendencias que se van imponiendo mundialmente en el manejo de los territorios, en un contexto económico cada día más interconectado. Por ello, creo, son un lugar privilegiado para hacer prospectiva. Es decir, instrumentos para analizar esas tendencias, su repercusión territorial y, en consecuencia, diagnosticar la situación y evaluar cuales son las posibles alternativas e ideas para poder afrontarlas con unas mínimas condiciones de éxito.En mi caso, se me ha pedido que haga una pequeña aportación de ideas sobre el territorio y la arquitectura. Espero responder a lo que se me requiere no repitiendo argumentos ya conocidos y excesivamente trillados. Para el que no la conozca, habría que explicar que La Palma es un lugar que cuenta con valores geográficos indudables. La mayor parte de ellos están relacionados con aspectos biológicos, paisajísticos y culturales. Cuenta con un parque nacional, el de la Caldera de Taburiente, que atesora innumerables especies endémicas, botánicas y zoológicas, en un espacio preservado de una manera correcta. Su condición como espacio que se ha sustraído a un desarrollo inmobiliario incontrolado, junto a otras innegables condiciones culturales y paisajísticas, le ha valido también su declaración como Reserva de la Biosfera, de acuerdo a los criterios de la Unesco.No obstante, actualmente, La Palma es una sociedad que decrece demográficamente, estancada económicamente dependiendo de unas estructuras agrarias de exportación subvencionada, en proceso de extinción y sumamente depauperadas. En consecuencia, sus perspectivas de futuro no son muy halagüeñas a menos que se exploren alternativas que mejoren sus fortalezas y atenúen sus debilidades. El Consejo Económico y Social de Canarias ha abordado valientemente la cuestión en su último informe anual sobre la economía regional, dedicando un capítulo entero a esta isla y que titula, La Palma, economía, sociedad y medio ambiente. Es un trabajo documentado y valioso que ha aparecido recientemente, un ingente esfuerzo intelectual que trata de abordar estas cuestiones para ofrecer algo de luz sobre los problemas de ese territorio insular concreto en la coyuntura actual. Muchas de las cosas que se dicen en ese trabajo, creo que son sumamente enriquecedoras para alumbrar algunas alternativas posibles para estimular el desarrollo de la isla de La Palma en el futuro. Entre ellas, la propuesta de distintas innovaciones agrícolas ligadas a las tradiciones seculares del lugar parecería -a un profano como yo- un mecanismo viable para garantizar una mejora de las rentas menguantes de los palmeros. Se propone abordar inteligentemente una estrategia de la diferenciación y la calidad, ofreciendo productos agrarios reconocibles con alguna distinción peculiar y apoyándose en la naturalidad y la ausencia de fertilizantes como sinónimo de excelencia. Criterios que parecen correctos.En mi percepción de lo allí expuesto, la recuperación de los mercados cercanos, insulares y regionales con productos frescos y perecederos, verduras, hortalizas y frutas, presentados como orgánicos y con marca propia, contribuiría a ese objetivo de mejora de las rentas agrarias insulares.Un tercer elemento que sería esencial debería consistir en la construcción de circuitos avanzados de comercialización, para lo que es necesario el apoyo de la administración regional. Habría que acelerar la promoción de mercados y mercadillos municipales como un mecanismo que ofrezca una distribución alternativa frente a las grandes cadenas comerciales de capital exterior que no apoyan realmente la producción regional más allá de las declaraciones huecas.