"Una madre" de Alejandro Palomas y como me reconcilié con la literatura española.

Publicado el 07 julio 2014 por Paula Lucas @letrasconlasopa

Por fin un libro consiguió calmar mi truculenta relación con la literatura española. Hacía años que no cogía un libro escrito por un español. Más exactamente desde mis últimos años de instituto por culpa del suplicio de las lecturas obligatorias. ¡30! Ni una más, ni una menos. Pero... ¿Quién las cuenta?. En fin, parece que esos años oscuros van quedando atrás porque tras leer Una madre con toda seguridad pienso volver a repetir. Fue fantástico.
"Entonces la vida se despliega en un plano nuevo, como un escenario cuyo decorado se eleva en el aire mientras los actores siguen a los suyo, ajenos al repentino cambio de luz, la casa se convierte en una calle. La noche cerrada en día. El frío en verano. La penumbra en resplandor. Esa es la magia de la ficción y el horror de los real: que la vida no es siempre lo que ocurre, sino las secuelas de lo que parece ser."
Es 31 de diciembre y todo está preparado en casa de Amalia para cenar y despedir el año con sus hijos, Fer, Emma, Silvia, Olga, la novia de Emma y tío Eduardo. Como en todas las comidas familiares hay sonrisas, lágrimas, cotilleos, revelaciones y entre medias nos vamos dando cuenta de qué es lo que los ha llevado a ese momento y qué ha hecho que confluyan de esa manera el 31 de diciembre y no de cualquier otra.
"- No sé por qué, pero llevo días con la sensación de que esta noche vamos a tener más de una sorpresa. - Luego olisquea el aire como un sabueso y agita los dedos de las manos en el aire, sobreexcitada. - Es como una vibración... mmm... holística, hijo. ¿Tú no lo notas?
"- ¿Ho... lística? - No he podido contener una carcajada, pero no he conseguido morderme la lengua a tiempo."
Una madre es un libro que hace de lo ordinario algo extraordinario. No hay de héroes ni malos malísimos de esos que están tan de moda, no hay una historia de ritmo vertiginoso ni un thriller trepidante, sólo una cena de fin de año y la historia de una familia como otra cualquiera. Lo que los hace especiales es que no tienen nada de especial. Son como tú y como yo. Y es gracias a esa cotidianeidad, familiaridad y cercanía, que el libro desprende tanta humanidad. Todo es natural. No hay artificios. Nada de maquillaje. ¿Pá' qué? Palomas no lo necesita para llegar al lector.
La premisa es sencilla, pero hay más. Mucho más. Está la forma de narrarlo, la frase de Las Horas "no se puede encontrar la paz evitando la vida, Leonard" y los personajes... ¡Qué personajes! Se merecen una ovación. Pocos han conseguido hacerme sentir todo lo que ellos consiguieron en tan pocas páginas. Con su cara A y su cara B, como ellos dicen, están formado por todo lo que muestran y por todo eso que se callan y optan por ocultar. Son el alma de la historia. Y si este libro es imperfecto es solamente porque trata sobre personas imperfectas que llevan vidas imperfectas.
  "Y es entonces cuando se me ocurre que ese baile tan bien acompasado, este laberinto de gestos naturalmente hilados, todo este lenguaje fácil, reconocible, automático..., todo esto es lo que nos hace familia, historia común, comunidad."