Una palabra por mil imágenes 37: Surrealismo

Por Jesús Marcial Grande Gutiérrez

Del minuto 1 al 2.

Según refiere Buñuel a De la Colina y Pérez Turrent, Un perro andaluz nació de la confluencia de dos sueños. Dalí le contó que soñó con hormigas que pululaban en sus manos y Buñuel a su vez cómo una navaja seccionaba el ojo de alguien.

Un perro andaluz está considerada la película más significativa del cine surrealista. Transgrediendo los esquemas narrativos canónicos, la película pretende provocar un impacto moral en el espectador a través de la agresividad de la imagen. Remite constantemente al delirio y al sueño, tanto en las imágenes producidas como en el uso de un tiempo no lineal de las secuencias.

El nombre Un perro andaluz fue elegido porque no guardaba relación alguna con los temas del filme. Lorca se sintió aludido por el título, pero Buñuel negó dicha alusión, alegando que era el de un libro de poemas que él tenía escrito desde 1927. En primer lugar pensó que la película se llamara El marista en la ballesta (según el título que tenía un caligrama de Pepín Bello) y luego Es peligroso asomarse al interior, como inversión del aviso que tenían los trenes franceses: C'est dangereux de se pencher au dehors ('Es peligroso asomarse al exterior').

La realización de 'Un perro andaluz' hay que situarla dentro del contexto de la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde coincidieron Buñuel, Lorca y Dalí, y donde protagonizaron una relación un tanto tormentosa. " Buñuel era el heterosexual prototípico, boxeador, juerguista y sádico. Dalí fue un onanista compulsivo que padeció siempre un
temor atroz hacia el sexo femenino, temor que terminaría por convertirse en pánico e impotencia. Lorca era conocido por su complicada homosexualidad
". Cuentan que Buñuel y Dalí quisieron incomodar a Lorca con el título 'Un perro andaluz'.

Escribimos el guión en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple: no aceptar idea ni imagen que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. Hubo cuarenta o cincuetna denuncias en la comisaría de policía de personas que afirmaban que había que prohibir la película por obscena y cruel. Entonces comenzó una larga serie de insultos y amenazas que me ha perseguido hasta la vejez. Adoro los sueños, aunque mis sueños sean pesadillas y eso son las más de las veces. Están sembrados de obstáculos que conozco y reconozco. Esta locura por los sueños, que nunca he tratado de explicar, es una de las inclinaciones profundas que me han acercado al surrealismo. 'Un chien andalou' nació de la convergencia de uno de mis sueños con un sueño de Dalí".

tes de empezar, hay que saber que la relación entre Buñuel, Dalí y Lorca fue algo tormentosa. Buñuel era el heterosexual prototípico, boxeador, juerguista y sádico. Dalí fue un onanista compulsivo que padeció siempre un temor atroz hacia el sexo femenino, temor que terminaría por convertirse en pánico e impotencia. Lorca era conocido por su complicada homosexualidad. Estuvo enamorado de Dalí pero sus sentimientos provocaron en el artista catalán la reacción contraria: rencor y desprecio. Dalí y Buñuel quisieron atacar a Lorca ya en el título, Un perro andaluz, y también con la escena en que un andrógino es atropellado en la calle con gran alborozo del protagonista, que mira desde la ventana. Tras el atropello del invertido el protagonista se siente liberado y se dispone a forzar a su pareja. Naturalmente, aunque Lorca se sintió atacado por la película, Buñuel negó que hubiese referencia alguna al poeta andaluz.

A continuación la protagonista se defiende del deseo de su galán tomando una raqueta con forma de cruz de la pared y amenazando con golpearlo. Esta cruz simboliza obviamente a la moral católica. Al protagonista le resulta imposible vencerla pues debe cargar con todo el peso de la cultura occidental (los pianos, los curas, los burros putrefactos) que ha sido siempre enemiga del cuerpo.

Cuando consigue magrear algo a su pareja cae enfermo pues la educación ha convertido al deseo sexual en un veneno para nuestra conciencia. Comienza entonces una representación del conflicto edípico. La figura del padre está simbolizada por el sujeto que sólo se ve de espaldas, lleva traje y sombrero, y que lo castiga cara a la pared. Resulta curioso que cuando llega a la casa y toca el timbre aparecen los brazos de un camarero agitando una coctelera. Un toque de humor genuinamente surrealista y un elogio de los bares y el alcohol a los que Buñuel amaba. El protagonista supera el Edipo cuando consigue transformar los libros en pistolas y liquidar definitivamente a su padre. A partir de ahí es libre de nuevo para satisfacer sus deseos y acosar a la amada.

La última oportunidad para consumar su amor se representa mediante un curioso juego de imágenes. Mientras ella mira a su galán, él pierde su boca (al estilo de Matrix), ella se pinta los labios y a él le crece vello púbico en el rostro que toma el aspecto de un genital femenino. Esta clara propuesta de sexo oral, antiburguesa por no ser práctica reproductora, es rechazada por la protagonista que saca la lengua y huye. Mientras cierra la puerta atrapa la mano llena de hormigas del galán.

lmente logra escapar y aparece repentinamente en una playa donde encuentra a un apuesto bañista, que en lugar de enseñarle hormigas en el hueco de la mano le enseña un reloj. Podemos relacionar la sensación de hormigueo con el deseo sexual y la mano con el instrumento de la masturbación. Además era un lugar común de la época la advertencia de que si te masturbabas demasiado te crecerían pelos en la palma de las manos. Un bañista con reloj y sin hormigas representa poca pasión, trabajo fijo, sueldo interesante, vacaciones de verano, en fin, un buen partido. Ella olvida pronto a su verdadero amor y, como todas las mujeres, elige antes la seguridad económica que la pasión. Este episodio, además de tener un cierto aire misógino, puede leerse como una crítica de Buñuel al matrimonio burgués, institución enemiga del amor. Pueden comprobarse sus consecuencias en el plano final de la película. La escena final está inspirada en el Ángelus de Millet. Dalí interpretaba esta obra de Millet de un modo curioso: "el personaje femenino representaba la postura expectante y preliminar de la hembra de la Mantis religiosa antes de devorar al macho. Dalí confesó que en su juventud en Madrid -viví bajo el terror del acto del amor, al que confería caracteres de animalidad, de violencia y de ferocidad extremas. Siempre he pensado que el destino del macho de la Mantis ilustraba mi propio caso frente al amor". (Román Gubern: Proyector de luna, p. 412)

Algunas curiosidades sobre la película que conviene saber son las siguientes:

  • El corte en el ojo no se le hizo a la actriz sino al ojo de una vaca.
  • Cuando el protagonista intenta acercarse a "su chica" y tiene que arrastrar dos pianos, un burro podrido y dos curas puede comprobarse que uno de ellos es Salvador Dalí.
  • El burro podrido que aparece encima del piano es, al mismo tiempo, una imagen obsesiva de la infancia de Buñuel y una crítica a la cursilería del Platero de Juan Ramón.
  • Aunque la película es muda tiene banda sonora. Esta le fue añadida en 1960 por el propio Buñuel. Se compone de un tango y fragmentos de la ópera de Wagner, Tristán e Isolda.
  • Cuando Jung vio la película diagnosticó sin vacilar un caso de dementia praecox.
  • El éxito de la película levantó sospechas dentro del grupo surrealista pues pensaban que tanto éxito significaba que era una película burguesa.
  • Al estreno de Un perro andaluz, avalado por el grupo surrealista de París (Breton, Eluard, Tzara, Char, Magritte, Arp...), acudió la flor y nata de la sociedad parisiense más escritores y pintores ceélebres como Cocteau o Picasso. Buñuel se colocó detrás de la pantalla con el gramófono y piedras en los bolsillos por si la película era un fracaso. Al final hubo grandes aplausos y Buñuel se deshizo de los proyectiles tirándolos al suelo.
  • Breton afirmó que el gesto surrealista más simple consiste en salir a la calle revólver en mano y disparar al azar contra la gente. Buñuel también escribió que Un perro andaluz no era sino un llamamiento al asesinato.

La imagen de una afilada hoja de navaja barbera cercenando el ojo de una mujer se convertirá en inequívoco marbete de la iconografía buñuelesca. Como decía Buñuel, "era provocar en el espectador reacciones instintivas de repulsión y atracción. Nada en la película simboliza ninguna cosa". Un Perro Andaluz, es una sucesión de imágenes sin un significado real, objetivo, sino emocional y subjetivo.

Un Chien Andalou es surrealista en su hechura. El guión ha sido escrito por Buñuel y Salvador Dalí usando un método parecido a la técnica surrealista sugerida por Breton en su Manifiesto, que consiste en relajarse y plasmar las imágenes que vengan a la mente, sin cuestionarlas. Buñuel "tenían que ser imágenes que nos sorprendieran, que aceptáramos los dos sin discutir. Nada más. [...] Hacíamos surgir representaciones irracionales, sin ninguna explicación" (Buñuel citado en Vidal, 58)".

Un perro andaluz no es un cortometraje como los que te entregan todo explicito y no tienes la necesidad de cuestionarte o hacer un trabajo mas complejo de reflexión, es un filme en el que se ausenta la coherencia lógica, por lo que la interpretación, depende únicamente de quien lo mira y analiza, de sus propias vivencias, de su inconsciente y su estado emocional, en este sentido nos topamos con una serie de dificultades al analizarlo y las cuales tuvimos que enfrentar para poder realizar el trabajo.
Las discrepancias en las interpretaciones de cada integrante del equipo no se hicieron esperar, cada escena significó, simbolizó y despertó en cada una de nosotras algo diferente, el echo de observar imágenes que hacían que nuestras emociones salieran como un disparo era algo extraño, nos entregamos a las imágenes y lo que ellas nos hacían sentir, era un objeto para hacercanos a nuestro inconsciente.

Esta película nació de la confluencia de dos sueños. Dalí me invitó a pasar unos días en su casa, y al llegar a Figueras yo
le conté un sueño que había tenido poco antes, en el que una nube desflecada cortaba la luna y una cuchilla de afeitar
hendía un ojo. Él, a su vez, me contó que la noche anterior había visto en sueños una mano llena de hormigas.
[...] Escribimos el guión en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple, adoptada de común acuerdo: no aceptar
idea ni imagen alguna que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. Abrir todas las puertas
a lo irracional. No admitir más que las imágenes que nos impresionaran, sin tratar de averiguar por qué. (Buñuel, 1982)
La película se concibe como un experimento surrealista que transgrede las convenciones, desafía la racionalidad y provoca
al espectador.