Oriol Cardús escribe y dirige "Una pistola, una bala y un oso panda", una comedia irreverente, surrealista, que pone el foco en la depresión. Con Alain Hernández de protagonista, la película explora la salud mental con imaginación aunque con un tono muy excesivo.
Todo nace con una dolorosa ruptura de pareja, unos extraños sueños con un oso panda y la aparición de una pistola. Estos elementos, tan difíciles de encajar a priori, son las armas que utiliza el director para convertir el problema de la salud mental en un ejercicio de surrealismo donde los propios personajes a veces se encuentran desubicados.
Aunque los actores ponen empeño, es difícil ser convincentes en una comedia tan abstracta. El principal problema para el espectador es ubicarse, entender por qué de repente, sin motivo aparente, se quiere atracar un banco o qué sentido tiene que el protagonista convierta un oso panda en una especie de asesor espiritual. En el cine cabe todo, y todo puede colar, pero a veces llevar al espectador al límite puede traducirse en indiferencia.
Con todo y con eso, la película tiene momentos hilarantes y se disfruta si entras en su juego. En ningún momento entras en fase de aburrimiento y los actores responden con buena disposición a unos papeles con más riesgo del que parece. Proyectos así, arriesgados, son muy necesarios en el cine español. Y aunque "Una pistola, una bala y un oso panda" no me haya convencido, prefiero mil veces esta propuesta que otras muchas que avanzan con el piloto automático.
José Daniel Díaz
