Una verdad nunca dicha y tremendamente incómoda

Publicado el 15 marzo 2026 por Luis Luis Monge Malo @mongemalo

Venga, seamos sinceros. Todos sabemos lo que esconde esa elegancia.

Que esos zapatos apretados, por dentro, apenstan. Y te hacen llagas. Salvo si ya has creado semejantes callos que un clavo en la playa es incapaz de intimidarte.

Y que el cuello de esa camisa o esa blusa está negro por dentro a los 30 minutos de habertela puesto. Y ahora te quedan 9 o 10 horas con roña tocándote.

Y que seguramente acabes el día con un tomate en el calcetín o una carrera en esas medias tan estupendas.

Y esas bragas andan medio viejas.

Y ese pelo medio largo de barrio pijo te cocina un caldo de pollo a la altura de la nuca que es gloria bendita. Y que de vez en cuando lo tocas para sentir la humedad. Eso es así.

No descarto que de vez en cuanto no te lleves la mano a la nariz para controlar el percal.

Y que el 80 o 90% de los que sientan su culo en una silla de oficina no soy nadie sin desodorante, porque tienen una dieta y unos hábitos de mierda. Y eso transpira por el alerón que da gusto.

Deja de leer si lo anterior te ha dado asco.

Porque culo limpio, pocos. Me refiero a limpio, limpio. No hablamos de una pasadica.

Así que cuando estés delante de alguien rico, alguien existoso, un empresario, un directivo, una multinacional… no te creas menos, porque todos somos igual de repugnantes. Bueno, unos más que otros, pero lo mismo no están en el lado que pensabas.

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