Revista Toros

UNO QUE SE VA, O ESO DEBE, Y OTRO QUE LLEGA (Crónica Málaga–Corrida Picassiana)

Por Malaka

 

 

Málaga 7 de abril 2012
V Corrida Picassiana // Un cuarto de entrada

5 toros de Parladé, mal presentados, nobles y el 6º sin clase y 1 toro (4º) de Juan Pedro Domecq complicado. Todos muy chiquitos. Impropios para plaza de primera.

JAVIER CONDE: estocada casi entera perpendicular y atravesada (Leves Pitos). Media perpendicular y atravesada, y un descabello (Saludos). Pinchazo en la paletilla, pinchazo hondo y once descabellos (Pititos tras aviso).

JIMÉNEZ FORTES: estocada tendida (1 oreja). Pinchazo, estocada contraria y un descabello (Saludos tras aviso). Estocada tendida (1 oreja).

* Se guardó un minuto de silencio en recuerdo de Juanito Méndez y José María Vallejo recientemente fallecidos.

 

UNO QUE SE VA, O ESO DEBE, Y OTRO QUE LLEGA

Por José Daniel Rojo

El mano a mano entre los dos malagueños fue el cartel elegido por la Casa Chopera para debutar, empresarialmente, en nuestra tierra. Un cartel que no convenció a la parroquia y así se confirmó con la pobre entrada que registró la Plaza. El cartel estaba vacío de contenido pues, a excepción de la presentación como matador de toros de Jiménez Fortes en su tierra, faltaba algo más. Y ese extra no era precisamente Javier Conde con quien la empresa cometió una provocación de por sí, anunciándolo, y para más inri en un mano a mano. No tenía sentido reunir en un mismo cartel a uno que debió irse hace ya tiempo junto a otro que llega con la moneda en su mano para erigirse como el Torero de Málaga. En un mismo cartel un torero que no ha hecho méritos para pisar ayer La Malagueta frente a otro que, de justicia, hacia su presentación en la plaza que le vio nacer. Y entre tanto, en el callejón y de paisano, un Salvador Vega que bien podría haber trenzado el paseíllo con argumentos en la mano. No tenía sentido.

La única esperanza que nos quedaba era la presentación del ganado. Era la única manera que tenía la empresa para callar la boca a más de uno. Ellos mismos han presumido y prometido que van a traer a Málaga el toro que nuestra Plaza merece, y seguro que si se lo proponen lo consiguen entre otras cosas porque ellos, los Chopera, son los que pueden subir el nivel del toro en La Malagueta. Pero ayer no lograron cumplir con las expectativas y volvieron a salir por chiqueros toros impropios para nuestra Plaza. El público tragó y esperemos que esto no de lugar a que los Chopera se acomoden a la benevolencia de los tendidos costasoleños. Queda una temporada por delante y el rumbo puede y debe cambiar.

El malagueño que tuvo que emigrar a Bilbao a tomar la alternativa consiguió cumplir con su sueño de presentarse como matador de toros en su tierra. Jiménez Fortes vino a jugársela a carta cabal, con todas las de la ley y para con el valor por bandera poner a todo el mundo de acuerdo. Se sintió bien con el capote toreando a la verónica con gusto y templado. Variedad en quites que, por cierto, no perdonó ninguno. Chicuelinas de infarto intercaladas con tafalleras y gaoneras. Tiene buen aire el percal de Saúl. Con la muleta ha mejorado bastante y se le aprecia el trabajo realizado en el invierno aunque insiste el joven Fortes en ahogar muy pronto las embestidas de sus oponentes como le ocurrió en el segundo de la tarde al que le acortó distancias demasiado pronto. Es un terreno donde se siente cómodo el malagueño aunque no sea lo apropiado para todos los toros. Abusa en demasía de los circulares invertidos buscando reacción del público y fruto de los terrenos de cercanías que pisa. En el cuarto de la tarde, que brindó a Antonio Corbacho, construyó faena ante un toro por el qué nadie apostaba nada. El que llevaba el hierro de Juan Pedro Domecq se orientó pronto y embestía, además, con todo el cuerpo y sin clase. Inició la faena de muleta con estatuarios y pronto empezó a dominar el torero sobre el toro robándole muletazos de uno en uno y dando gran lección de valor. La gente acabó poniéndose en pie para ovacionar a quien sustenta sus inicios en esta difícil profesión en el valor, condición indispensable para ser alguien en esto.

En el qué cerró plaza tuvo el gesto Saúl de invitar al sobresaliente David Sánchez “Saleri” para hacer el quite. Hace tiempo que no veía este comportamiento por parte de ningún matador. Y en el trasteo de muleta estuvo más vulgar pues el animal tampoco se prestó al lucimiento; media arrancada del toro que Jiménez Fortes trataba de alargar corriendo la mano. Unas ajustadísimas manoletinas rubricada con una estocada pusieron punto y final a una faena que se premió con una oreja.

Javier Conde, como viene siendo habitual, dio otra lección de elegía al destoreo y a la vergüenza torera. Lo único que aportó fue el mejor traje Picassiano de todas cuantas corridas de dicha temática se han celebrado en La Malagueta. Otra cosa no pero gusto para la moda tiene el hombre. ¿Alguien esperaba otra cosa de Conde en la corrida? ¿Son necesarios más argumentos para evitar que Conde se anuncie en Málaga?

Entre tanto olvidamos hacer hincapié en que la corrida era Picassiana y tan solo el traje de Javier Conde nos los recordó. Por la mañana se celebró el Certamen de Pintura previsto en los alrededores de La Malagueta para buscar el cartel que ilustrará la VI Corrida Picassiana, idea brillante y magnífica de Chopera Toros para enmarcar la corrida picassiana dentro de una programación cultural que de caché al evento, pero en esta edición se hizo con poca antelación y eso lo trastocó todo.

Habría que plantearse qué se pretende con esta modalidad de corrida y qué se quiere conseguir, porque tal y como se está desarrollando desde sus inicios lo mejor será, si nada ni nadie lo remedia, volver a la celebración de una corrida normal sin añadidos. Todo lo demás puede resultar, si me permiten, hasta insultante para tan ilustre artista: Pablo Ruiz Picasso.


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