
Valle-Inclán por las calles de Compostela
Ramón María del Valle-Inclán nació en 1866 en la bonita Vilanova de Arousa (Pontevedra) y su vida discurrió intermitente entre Galicia y Madrid, aunque su último tiempo, ya enfermo del cáncer de vejiga que le mataría, transcurrió en Santiago de Compostela. Y en esta ciudad falleció el 5 de enero de 1936. Recientemente se han celebrado los 90 años de su deceso.
Su obra se encuadra dentro del Modernismo y abarca tanto novela como poesía y teatro. Tirano Banderas, Las Sonatas. Memoras del Marques de Bradomín, Luces de Bohemia- obra cumbre del esperpento- o Los cuernos de don Friolera- que desagradaba enormemente a su esposa, doña Josefina Blanco Tejerina-, son algunas de ellas.
Valle-Inclán no sólo habitó en Santiago de Compostela, sino que vivió en ella y la cuidad fue para él lugar de inspiración; aquí estudió en el Instituto de Segunda Enseñanza y más tarde Derecho, recorrió sus empedradas calles, cultivó amistades, mantuvo tertulias en sus cafés,... y Compostela desde entonces lo recuerda en tres de sus lugares emblemáticos:
- En el Paseo da Ferradura, en la Alameda, con la más famosa estatua del escritor, mirando hacia la catedral e invitando a quien desee a sentarse a su lado a contemplar con él la belleza de la cuidad. Posteriormente y en un banco cercano se inscribió un breve fragmento de su obra La lámpara maravillosa, en la que se describe un paisaje que tuvo a Compostela como fuente de inspiración:
'Rosa mística de piedra, flor románica y tosca, como en el tiempo de las peregrinaciones, conserva una gracia ingenua de viejo latín rimado'.



- En la Plaza de Galicia, en donde está situado ahora su busto (antes lo estaba en el Museo do Pobo Galego) dirigiendo la mirada hacia el Derby (ahora Morriña, reformado y modernizado), el café tertulia que tanto frecuentaba durante sus estancias en la ciudad. Se puede leer bajo el busto:
'No vello café Derby pasaba as súas tardes Valle-Inclán no seu derradeiro ano de vida en Compostela'.



- En el Parque da Dársena, junto al Auditorio y la Facultad de Económicas y Empresariales, se puede contemplar el homenaje al esperpento- del que nuestro autor fuer escritor insigne- con una estatua con diferentes máscaras que, dependiendo de la perspectiva, parecen estar riendo, llorando o gritando. Por cierto, la pieza necesita una limpieza urgente; con las lluvias y la humedad se ha ennegrecido considerablemente.


Y a estos tres homenajes añadiremos un cuarto en el cementerio de Boisaca en donde está enterrado bajo una pesada losa y rodeado de otros ilustres como Antonio Fraguas, Isaac Díaz Pardo, Aurelio Aguirre o Pablo Pérez Costanti. Decía Castelao en su obra, Galicia y Valle-Inclán, 'Yo sé que don Ramón ha muerto. He visto su cadáver. Lo he llevado a enterrar. Lo he llevado a hombros, en una tarde lluviosa de invierno. ¡Jamás el cielo de Compostela lloró tanto! Y lo he visto descender a las entrañas de nuestra madre. Desapareció y lo enterramos en un cementerio nuevo y vacío, que ahora está pleno de difuntos'.


Estos cuatro puntos obligan al no-olvido y nos recuerdan una figura emblemática de la ciudad. Pero para mantener la memoria viva de un escritor sin duda lo más recomendable es mantener viva su palabra, su legado, su obra. Una de ellas, Sonata de Primavera. Memorias del Marqués de Bradomín, será mi próxima lectura, una suerte de homenaje a un Valle-Inclán que dejó huella profunda en Compostela y en la literatura española de principios del siglo XX.
-o-0-o-
Gracias por la visita y por acompañarme en esta entrada de hoy, que se encuadra en la iniciativa que, en torno al Día Internacional de las Escritoras y Escritores, se ha organizado desde el grupo Tarro-libros 2026.

¡Gracias por compartir!
