¡Vamos al cine!: me sobran, me faltan, uno más, uno menos, tantos como

Por Elisa Hernández @ElisaHernandezG
Me encanta fomentar que los niños traigan a la clase cuentos de su casa. A ellos les gusta mucho que esas historias que les leen mamá y papá, se las cuente su maestra y las escuchen también sus compañeros del cole. Favorecemos el gusto por la lectura y nos aproximamos a la literatura infantil. Pero entre álbumes ilustrados maravillosos, cuentos que son un descubrimiento también para mí y los típicos libritos que intentan enseñar colores, números o formas; entran en la clase con frecuencia adaptaciones al papel de la película o serie infantil de moda. Aunque yo tengo mis preferencias literarias, no está mal que traigan de todo pues para aprender a ser críticos hay que conocer cosas que nos gustan más y menos y de mayor o menor calidad. Y si queremos fomentar el gusto por la lectura, es bueno dar importancia a todos los tipos de texto y formatos literarios. 
El problema es que a veces este tipo de libros (que en realidad son como capítulos de la serie o resúmenes de la película) no son muy adecuados para contarse en clase a niños de 3 a 6 años por ser demasiado largos, densos o no tener un hilo argumental claro, sobre todo si no se conocen la película o los personajes. Así que para no rechazarlos directamente ni tampoco dedicar mucho tiempo a leerlos y que los niños se aburran, les explico que como no son cuentos verdaderos sino que son de una película, vamos a jugar a que vamos al cine.
Les digo que saquen unas monedas imaginarias del bolsillo para pagar la entrada, bajo la luz, tarareo una melodía como de comienzo de película y empiezo a pasar las páginas del libro lentamente mientras los niños las miran en silencio como si estuviesen de verdad en el cine. Y cuando acabamos, suelen aplaudir y aumentamos la luz de nuevo. 
Les encanta alternar cuentos contados con "ir al cine" así que el curso pasado hice una adaptación de esta actividad para trabajar en contexto con mis alumnos de 5 años los conceptos sobran/faltan (que les cuestan bastante) y uno más/uno menos/tantos como. Fue previa a la de la tienda que os conté en la entrada  Economía de fichas: la tienda.

Una mañana hice un cartel de nuestro cine con los precios y lo colgué en la zona de la asamblea antes de que entrasen. En seguida algunos niños se dieron cuenta de la novedad así que les pedí que leyesen lo que ponía y les expliqué el juego. En las primera sesión repartí a cada niño un número distinto de monedas de 1 euro que tengo plastificadas para usar en diferentes juegos. El reparto lo hice de tal manera que a algunos niños les fuesen a faltar monedas, a otros les sobrasen y una minoría tuviese el dinero justo.

Abrí el cine, me coloqué en la taquilla con el cuento-película y les dije que quien quisiese ir al cine ya podía venir a comprar la entrada y, si quería, también palomitas. Según venían les preguntaba la edad y si querían palomitas. Intentaba que calculasen ellos el total pero a veces se agobiaban con la emoción y no eran capaces. En esos casos se lo decía yo y les pedía las monedas. Ahí se daban cuenta de si les sobraba algo o no. En las primeras sesiones lo verbalizaba yo: "Te sobran 2" o "Anda, tenías justo el dinero que necesitabas". Los que no tenían bastante no solíán decirlo ellos sino que se quedaban mirando sus manos como pensando "¿y ahora qué pasa?" Entonces les preguntaba si les faltaban monedas e intentábamos averiguar juntos cuántas. Una vez que lo sabía, el propio niño se las pedía a algún alumno de los que ya habían pagado y tenía monedas de sobra.
Como esto se alarga bastante, en la primera sesión vinieron sólo algunos niños voluntariamente. Cuando ya decayó la atención, "empezó la película" (que dejé que vieran todos pero que tendrían que pagar después) y con los que quedaban jugamos en otra sesión.
Jugamos varios días porque les gustaba mucho pero en las siguientes sesiones debían calcular ellos el pecio total y decirme las monedas que les sobraban o faltaban.
Y después, para trabajar los conceptos uno más/uno menos/tantos como, lo que hice fue colocar las monedas en el centro de la alfombra e ir pidiendo a los niños que saliesen a coger ellos monedas según la consigna que les decía. Por ejemplo, comenzaba yo cogiendo 4 monedas. A continuación pedía al niño de mi derecha que cogiese una moneda más que las que tenía yo, luego al niño siguiente que cogiese tantas como tenía su compañero, al siguiente que cogiese una menos que las que tenía yo, etc. Y una vez que teníamos todos el dinero, podían venir ya al cine a comprar entradas y palomitas. Como el proceso es largo, jugábamos en ratitos durante varios días, cogiedo cada día monedas y comprando sólo algunos niños.

Una vez que les vi familiarizados con el juego, dejé también monedas de 2 euros pero creo que no pude dedicar el tiempo necesario a que entendiesen la equivalencia porque les resultó complicado usarlas.

Aún así es un juego sencillísimo que les encanta y que se puede adaptar fácilmente a 3 años (con monedas imaginarias), a 4 años (con cantidades pequeñas y poniendo en juego menos conceptos) y a diferentes contenidos y grados de dificultad en 5 años.