Venosas Aguas

Publicado el 24 febrero 2019 por Carlosgu82

La exagerada velocidad y estrepitoso ruido del barco infundió terror entre sus pasajeros, mientras que el capitán, temeroso de que ocurriera algún suceso dañino para su reputación, elogiaba a la suerte, gritando unas extrañas palabras a quienes temían por su vida: “¡Sólo el animal concibe la parca!”.
Él, para sus adentros, decía: “El consuelo se ha quedado a solas con nosotros, balanceándose rápidamente, pues la lápida se ha disfrazado de premio. El rostro de nuestro destino se está hinchando, tornando rosa y pálido, en un intento de corromper el mal y disipar la agonía. Mientras, la madre naturaleza nos mira extrañamente feliz, riéndose de nuestra desgracia”.

Los estados de ánimo que allí se manifestaron no hacían más que descomponer el anillo del hombre, provocando que de las profundidades de aquellas personas surgiera el eco del odio, que condenaba a las generaciones jóvenes a ahogarse dulcemente en la oscuridad de los individuos marchitos. Muchos trataron de escapar de la realidad de aquel momento, pero la puerta que hallaron no era otra más que la muerte.
Tras varios minutos de caos, todo volvió a la normalidad; la rapidez del navío disminuyó, el alboroto cesó, y todos los que antes deseaban morir, ahora festejaban su salvación y perdonaban a aquellos que ofendieron. En parte desconocían las heridas que habían causado a los infantes, quienes desde ese día se vieron atados a las cadenas de la decadencia.