Revista Viajes

Viaje a Estambul, Capadocia, Pamukkale y Selçuk durante doce días

Por Mundoturistico

Soy consciente de que visité tan solo una parte de un país enorme; la más turística de todas ellas. Quizás, por eso, la más fácil o la más difícil, según se mire; tampoco lo sé. Turquía, país situado mayoritariamente en el continente asiático, pero fronterizo con tantos países como casi realidades han pasado por su territorio, es un país rico, diverso, complejo y muy especial. Tras unos días de aclimatación, la amabilidad y hospitalidad de su gente; la vitalidad y la alegría callejera de sus ciudades; el tomar té casi como ritual, fumar narguile o disfrutar de su especiada comida se convirtieron para mí en una ideal forma de encarar el día a día. Hoy os voy a hablar del viaje de doce días al que me encomendé este julio y donde pasé por Estambul, Capadocia, Pamukkale y Selçuk; paradas todas ellas interesantes y con atractivos de más para hacer una parada en el camino. Al menos en el tipo de cosas que yo busco al viajar: belleza, interés, Historia, naturaleza, vistas, contrastes, vida…

Recorrido/Cómo moverse

El recorrido se establece según he citado los diferentes destinos: Estambul (cinco días), Capadocia (entre 2 y 3 días), Pamukkale (1 día) y Selçuk (donde estuvimos 2 días y ciudad puente para conocer Éfeso). No obstante, los días de visita a Estambul fueron divididos, visitando tres días al principio y otros dos al final.

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Hay dos opciones para hacer las conexiones entre Estambul y Capadocia: en un autobús de unas 17 horas o un avión que dura muy poco y cuyas tarifas (en la aerolínea Pegasus) suelen ir desde los 30 a los 50 euros. Ahí creo que compensa. Yo volví a coger otro avión de Izmir a Estambul a la vuelta, pero si lo hubiera sabido no lo hubiera hecho así, ya que de Selçuk (puerta para ir a Éfeso) a Estambul, solo hay siete horas, por lo que hubiera ido sin problemas en autobús; pero mal informada que estaba una. Los autobuses también paran en Izmir, ciudad que por lo que me estuve documentando tampoco tiene nada especial, pero bueno, antes o después llegas.

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Capadocia

Entre Capadocia y Pamukkale hay autobuses casi siempre nocturnos de unas diez horas que resultan cómodos y cuyo billete se puede comprar tranquilamente en Göreme, el principal pueblo de la región de la Capadocia. La compañía más recomendable, si bien yo no cogí el autobús por falta de plazas (no está de más ir cuanto antes para poder elegir), es Metro. Por último, entre Pamukkale y Selçuk hay unas tres horas y media de autobús, que también podréis comprar en el mismo pueblo de Pamukkale o haceros con el billete en el hotel si estáis perezosos como yo y pagar una comisión.

Hago un pequeño resumen para que lo veáis más claro:

  • Estambul – Kayseri (a una hora de Capadocia): en Pegasus Airlines.
  • De Kayseri a Göreme se puede contratar un servicio de shuttle o minibús en el hotel por unos diez euros. No me fijé pero supongo que si no, se podría contratar en el aeropuerto.
  • Göreme – Pamukkale: En autobús, unas diez horas. Se compra en el pueblo de Göreme; más barato en la misma compañía.
  • Pamukkale – Selçuk (puerta de entrada para conocer Éfeso). Tres horas y media de autobús. Se pueden comprar los billetes en el pueblo de Pamukkale; más barato en la caseta de la compañía.
  • De Selçuk a Izmir hay shuttle o minibús por 25 liras (algo más de 8 euros) y desde el aeropuerto de Izmir, saldría el vuelo a Estambul, por precios entre los 30 y 50 euros.

Respecto a cómo moverse, el único destino que supondrá un condicionante que prever es Capadocia. La región tiene diversos puntos de interés repartidos a bastante kilómetros a la redonda, por lo que lo más adecuado es alquilar un coche o planificar cómo moverse. Nosotras no teníamos pensado alquilar un coche, ya que estaríamos en Göreme entre dos y tres días y podíamos hacer un tour y movernos por el pueblo, que es encantador y luego descubriríamos que tiene varias visitas interesantes.

Estambul

La ciudad turística por excelencia en Turquía, aunque la capital sea Ankara, es Estambul. Además de un ritmo de vida y una alegría apasionantes, esconde rincones donde quedarte absorto con su belleza, barrios a caballo entre la tradición y la modernidad, un encanto infinito en su zona portuaria y un lindo paisaje de cuento de mezquitas imponentes y gaviotas sobrevolando el cielo. Yendo a lo práctico, mi recorrido intentó, como siempre, huir un poco de las visitas más típicas –de hecho, no entré en el conocidísimo palacio de Topkapi- y sumergirme en la vida de la ciudad, intentando descubrir ese “algo” que a todos enamora de Estambul. Y como no, finalmente, lo descubrí.

Día 1: De las mezquitas de Fatih a Hagia Sofía y la Mezquita Azul

Con el objetivo de dejar para la tarde las visitas más conocidas y teniendo en cuenta de que partíamos de la zona de Sultanhamet, durante la mañana visitamos la Mezquita de Soulimaniye y emprendimos un paseo por esa vertiente occidental de la ciudad, explorando a fondo el barrio de Fatih. En esta incursión, entramos en las mezquitas de Sehzade, la de Fatih Mehmet y la de Hirka-i Serif, mucho menos frecuentadas por turistas y lugares donde poder asistir de una forma más tranquila y auténtica al rezo de los fieles que hasta allí se acercaban. En la última de ellas se expone durante los meses de Ramadán una túnica atribuida a Mahoma y que vimos fugazmente entre muchas creyentes que ese día hicieron cola para visitarlo.

Mezquita de Suleymaniye

Mezquita de Suleymaniye

Interior de la mezquita de Sehzade

Interior de la mezquita de Sehzade

Tras pasear por este barrio e ir sintiendo el ritmo de la vida más de barrio de Estambul, cogimos el mapa y llegamos a la iglesia-mezquita-ahora museo San Salvador de Chora, donde lo más relevante son los mosaicos de sus paredes; tan bonitos y bien conservados que solo por ellos ya merece la pena pagar la entrada. De ahí, aprovechamos para seguir conociendo esos barrios y pronto llegaríamos a la zona de Balat y Fener, donde tras un descanso, decidimos volver para hacer las visitas más típicas.

Mosaico en la iglesia/mezquita/museo San Salvador de Chora

Mosaico en la iglesia/mezquita/museo San Salvador de Chora

Un recorrido que haremos en múltiples ocasiones es ir desde Eminönü hasta el hotel, que estaba situado en Cemberlitas, por lo que pasaríamos varias veces, de una forma muy natural, tanto por el Gran Bazar, como por el bazar de las especias. Ese primer día nos encontramos además con la pequeña mezquita de Rüstem Paça Camii, que está bastante escondida y hay que estar listo para verla. Tanto por el lugar en el que se encuentra como por su interior merece una visita. El último lugar del día fue reservado para los dos símbolos de la ciudad y una pareja de dos seguramente irrepetible: la Mezquita Azul, tan viva, inmensa, atractiva; y Hagia Sofía, depositaria de años de Historia y enorme, llena de detalles.

Interior de la Mezquita Hagia Sofía

Interior de la Mezquita Hagia Sofía

Día 2: De la calle Istliklal a Taksim hasta Ortakoy y despidiendo el día en Üsküdar

De nuevo, un día cargado de cosas nos esperaba en la segunda jornada del viaje. Llegamos en tranvía hasta el barrio de Kadikoy, desde el cual subimos pasando por la torre Gálata –a la que no entramos- hasta la calle Istliklal, símbolo de la parte moderna de la ciudad. Ante todo comercial, desemboca en la plaza de Taksim, algo vacía por la mañana y con poco atractivo desde el punto de vista estético.

Calle Istliklal

Calle Istliklal

Dimos un paseo por el barrio hasta decidir que pondríamos rumbo a la zona de Ortaköy, donde tenía en el punto de mira a su mezquita y esa zona. Bajamos para tomar como referencia el mar –ya que la zona de Ortaköy está al final de estrecho del Bósforo, justo antes de llegar a uno de los puentes que da acceso a la zona asiática, conocido de hecho como puente Bósforo-. Tras un tramo de terrazas muy tranquilo y poco concurrido, tomamos el autobús 27S de Kabatas a Ortaköy.

Mezquita de Ortakoy

Mezquita de Ortakoy

Este barrio es una sorpresa y la mezquita, bastante diferente de las demás, terriblemente encantadora, meciéndose sobre el mar y con tonos pastel en su interior. Aunque quizás hubiera merecido un paseo más tranquilo, tras ver alguno de los puestos y comer uno de tantos bares y restaurantes también encantadores de la zona, nos volvemos para tomar el ferry de Eminönü –barrio que se asienta sobre el lado sur del puente Gálata que da a la zona de Sultanhamet- hasta Üsküdar. Pero antes, aún tenemos tiempo para entrar en dos mezquitas más -y subiendo- como son la Killiç Ali Pasa Camii, una pequeña sorpresa no planeada, y la Mezquita Nueva, imponente tanto por dentro como por fuera.

La Mezquita Nueva

La Mezquita Nueva

Tras el agradable paseo en barco, nos encaminamos andando al barrio de Kadiköy, es muy popular ver el atardecer té en mano en unas alfombras puestas al efecto. Aunque el lugar tiene todo lo necesario para ofrecer un momento único, en mi caso, no sucedió. La puesta de sol fue muy normal y por entonces, no había cogido el gusto al té, así que se quedó a medias. Solo al alejarnos y volver, puedo disfrutar de su ambiente marítimo y de las luces iluminando cálidamente la estampa.

Día 3: Barrio de Eyüp y Museo Mevlevi

Para el tercer día, seguíamos empeñadas en visitar los barrios donde la vida de la ciudad bulle. Al extremo occidental del Cuerno de Oro se encuentra el también tradicional barrio de Eyüp y conocido porque desde allí se sube al Café Pierre Loti, una humilde cafetería que puede presumir de contar con las mejores vistas de la zona. Primero nos acercamos a la referencia de esta zona, la mezquita de Eyüp Sultán, que estaba a rebosar y que como al igual que sus compañeras de ciudad, me gustó mucho. Paseamos por las callejuelas, llenas de puestos y con mucho ambiente.

Mezquita de Eyüp Sultán

Mezquita de Eyüp Sultán

Después, tomamos el teleférico para llegar a Pierre Loti, donde las vistas realmente merecen la pena. No alcanzas a ver la vista popular de Estambul, pero en su lugar tienes mucha más perspectiva y el mantel a cuadros blancos y rojos del establecimiento le añaden el elemento tradicional para tanta belleza. Es adorable tomarse algo allí, la verdad. Luego hay que sumar el embrujo de estar rodeado de tumbas, entre las cuales también nos dimos un agradable paseo.

Café Pierre Loti

Café Pierre Loti

Tras comer, pensamos en ir al Museo Mevleví, ya que los sábados y domingos a las 17.00 horas, hay un espectáculo de baile típico de los antiguos Derviches Giróvagos. Esta orden sufí, de la cual varios miembros fueron importantes cargos dentro del Imperio Otomano, trascendió por este baile en que imitan el movimiento circular de los planetas para alcanzar el éxtasis místico. Finalmente, no accedimos al espectáculo porque había que pagar 15 euros. Sí lo hicimos, no obstante, al museo, interesante para descubrir su historia, datos de interés y ver algunos de los trajes y utensilios que les eran propios.

Capadocia

Día 4: Llegada a Capadocia y Museo al Aire libre de Göreme

El primer día de aclimatación en Capadocia lo dedicamos a visitar el Museo al Aire libre de Göreme. En él se pueden visitar diferentes iglesias escavadas en roca que conservan hermosos mosaicos y que en conjunto forman un paisaje súper especial, como casi todo tramo que puedas descubrir en esta región turca. Tras comer y comenzar a disfrutar de los puestos y restaurantes del lugar, así como del mismo Göreme, donde cada parte del paisaje es una delicia, echamos un rato tranquilo por la tarde y al caer el sol, nos acercamos al Sunset Point del lugar. Para llegar, lo mejor es preguntar, ya que aún teniendo mapas, siempre funciona mejor la hospitalidad turca. Como siempre, ver caer el sol es un momento especial y más si lo haces con ese telón de fondo, buena gente (entre ellos, algún blogger ☺) y una cerveza en mano (¡aquí hay en todos los lados en comparación con Estambul!).

MuseoAirelibreGoreme2

MuseoAirelibreGoreme

Día 5: Sobrevolar Capadocia y recorrer sus lugares más interesantes en el Green Tour

Llegó uno de los días más especiales en el viaje. Comenzaba a las 03.30 horas de la mañana para ir a tomar un vuelo en globo que nos permitiera sobrevolar la hermosa región de la Capadocia. Aunque reconozco que me hubiera gustado estar un poco más despierta, ver amanecer en un globo aeroestático con uno de los paisajes más bonitos y peculiares que he visto jamás como escenario y sobre todo, rodeada de otros tantos de estos curiosos aparatos de colorido dispar y que en mi imaginario siempre han estado relacionado con los viajes fue sencillamente, espectacular. Entre el sueño y lo que veían mis ojos, todo parecía una película.

globoCapadocia

Ese mismo día, tomamos también rumbo a lugares muy especiales gracias a un tour que nos llevase por los principales lugares interesantes de esta zona turca. La verdad es que fue un día extraño porque yo no me quité el cansancio de encima en todo el día, pero Mustafá, nuestro guía, hizo despertar con su simpatía de nuevo, mi interés. La primera parada fue el panorama Göreme, un punto desde donde se alcanzan unas geniales vistas para ver el pueblo donde nos alojábamos y lleno de puestecitos. Posteriormente, paramos en Derinkuyu, una ciudad subterránea ideada para refugiarse de las altas temperaturas y dar cobijo a los alimentos de en torno a 80 kilómetros de profundidad. Durante la visita se bajan muchos pisos y aunque apenas hay nada para ver, se siente la importancia y la inteligencia que hay que tener para idear algo así.

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Yo en Derinkuyu

Después fuimos al Valle de Ilhara, donde hicimos una ruta entre grandes paredes de piedra y profusa vegetación, para acabar comiendo en un restaurante de la zona. También visitamos una de las iglesias que estaban también escondidas en la roca y paramos a tomar un té en un lugar bastante bonito. No obstante, me pareció la visita más floja, pues había oído hablar mejor del lugar. No fue así con Selime Katedrali, un lugar escavado que se conserva muy bien y donde la experiencia de tener que ascender por la roca para poder acceder a los diferentes compartimentos que tenía (iglesia, habitación, cocina, etc.), ya valía la pena.

Selime

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Un de las últimas paradas fue en el valle de las palomas o Pigeon Valley, donde además de un montón de ejemplares de este animal -importante en la cultura local tanto para la comunicación en el pasado como para utilizar su escremento para diversos usos-, hay unas vistas espectaculares, fue un buen colofón para acabar el día. Aún paramos una última vez en una tienda de joyas y bisutería con piedras turcas, que como siempre, me pareció una “turistada” y a la que a pesar del buen material, no hice mucho caso.

Día 6: Chimeneas de Hadas versión dos y visita a Çavusin

Para nuestro último día en Capadocia no habíamos planificado nada. Teníamos ganas de ver las conocidas ‘Chimeneas de Hadas’, que siendo un poco menos recatado tienen una clara forma fálica, pero no teníamos cómo acceder. Justo una chica argentina que conocimos el día anterior nos habló de una zona a la que podíamos ir andando desde el propio Göreme y allí fuimos. El sendero está situado pasado un hotel de lujo camino del museo al aire libre de Göreme y se llama Gorkundere Vadisi. Fue uno de los mejores momentos, ya que además de unas buenas vistas, reinaba una completa soledad y poder disfrutar un lugar tan mágico en silencio fue algo que mereció la pena. Creo que también ayudó volver a la libertad tras el tour, ya que está comprobado que aún cuando merece la pena, soy poco aficionada a este tipo de turismo.

Gorkundere Vadisi

Gorkundere Vadisi

Aunque en menor medida, en esta zona se pueden ver “chimeneas de hadas”, fenómeno por el que la erosión va formando caprichosamente esta forma en la roca y se queda un paisaje plagado… de lo que cada uno quiera pensar. De camino, nos encontramos con varios puestos para tomar un té, propuestas suculentas en mitad del camino… pero que finalmente desechamos.

La visita fue rápida así que ideamos otra visita asequible desde Göreme. Se trata de uno de los pueblos que hay cerca, Çavusin, que tras echar un vistazo a los que había, fue el que más llamó mi atención. No me equivoqué, pues al llegar al pueblo tras andar tres kilómetros, descubrimos un lugar tranquilo, con una zona dedicada, cómo no, a la venta de productos locales y restaurantes turísticos y una antigua ciudad escavada de nuevo en la roca. La ciudad antigua de Çavusin es muy especial, pues tiene un trozo de piedra de color amarillo intenso y muy irregular que lo hace fácilmente reconocible.

Çavusin

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Tras visitar una pequeña mezquita que está justo antes de la zona escarpada, llegamos la iglesia de San Juan Bautista –hoy apenas conservada más allá de la cueva- y saltamos de habitación en habitación, deleitándonos también con el paisaje de fondo. Volvemos por la zona superior, obteniendo buenas vistas del conocido como Rose Valley, de marcado color rosa. Antes de volver descubrimos que en la parte baja de la gran formación rocosa, se encuentra la iglesia Nicéforo Focas, muy interesante. Lo es porque de nuevo descubrimos mosaicos que se mantienen durante tanto tiempo y dejan huella de que una vez allí, se ofrecería el credo religioso. Pronto volvemos, esta vez en taxi, que es la hora de comer y aprieta el hambre.

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Ese mismo día a las 20.00 horas, cogí un autobús nocturno hacia Pamukkale, que entre lectura y una interesante conversación con otra viajera uruguaya, pasó muy rápido.

Pamukkale

Día 7: En las piscinas infinitas y naturales de Pamukkale

Este día lo reservé para disfrutar de la maravilla natural de Pamukkale. Dejé pasar el tiempo para subir a la tarde y poder así evitar las riadas de turistas que querían, como yo, contemplar ese paisaje único. Subí la rampa por la que se accede al peculiar lugar, me bañé en las pozas artificiales que se construyeron para este uso, contemplé cada formación de travertino creada también naturalmente en el territorio -a pesar de que muchas de las creaciones estaban secas para recuperar el blanco original previo a la masificación-, y disfruté con cada detalle de un lugar como tan especial.

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Después, prácticamente sola, caminé por la antigua Hierápolis, leyendo los letreros e imaginando, como otras veces, cómo sería la ciudad en la antigüedad. Lo mejor conservado era el teatro, en cuya parte superior puede observar tanto los detalles de la construcción, como las hermosas vistas de la zona, que merecían mucho la pena. Supongo que el momento, prácticamente sola y animada, ayudó a que guardara una magia especial. Esa noche cené tranquila en el hotel y disfruté del pequeño pero turístico pueblo, ya que al día siguiente, volvía ponerme en marcha e ir a Selçuk.

hierapolis

Selçuk – Éfeso

Día 8: Paseando por la antigua Éfeso

Tras un agradable paseo en autobús al lado de conductor por problemas de espacio, llegué a la encantadora villa de Selçuk. Poco a poco, fui haciéndome también una idea de cómo era el lugar: vertebrado por la plaza donde se encuentra la estación de autobuses, en las calles paralelas, está el ambiente, más allá de la zona del castillo, que está un poco más alejada. Como siempre, ayudada por la gente en la calle, llegué a uno de los mejores hostels donde me alojé: Anz Guesthouse Selçuk. Su dueño, entrados ya los 70, era un hombre muy agradable que hacía que el lugar tuviera un ambiente muy familiar, además de que tenía un patio para conversar con la gente del establecimiento u otros viajeros. Hay que tener en cuenta que en este lugar hace mucho calor y por eso, dejé la visita a Éfeso para la tarde.

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La antigua ciudad de Éfeso es una visita que merece mucho la pena: tanto por el peso de la Historia que se percibe en cada paso, como por lo bien contado que está todo y el lugar en el que se encuadra. Por el contrario, diría que no esperéis una ciudad muy bien conservada y hay que echarle bastante imaginación al tema si quieres hacerte una idea de cómo fue en el pasado. Sin duda, la más importante de las paradas es la Biblioteca de Celso, restaurada e impresionante por el nivel de belleza y trabajo que atesora. Otra visita cercana es la Casa de la Virgen María, donde supuestamente estuvo la Virgen María tras la crucifixión de Cristo huida de Jerusalén gracias a Juan el Evangelista, pero a la que no entré porque no me había parecido gran cosa y suponía gastar en torno a otros seis euros.

Día 9: Disfrutando de la agradable Selçuk

Como pude leer en el segundo hotel que reservé en Selçuk, esta vez con piscina, algo muy necesario para soportar tal calor, esta villa no es demasiado turística y los viajeros la utilizan como puente para conocer las ruinas de Éfeso o saltar a la costa turca. No es que la cantidad de cosas que ofrecen me convenciesen, pero la ciudad, pequeña y acogedora a la par que bastante auténtica, me pareció un buen lugar para pasar mi último día antes de volver a Estambul, ya que para un solo día no quería ir a la playa ni visitar Izmir, que por lo que había leído no tenía tanto encanto y además, era bastante más grande.

Así que decidí pasear por Selçuk y visitar sus principales atractivos turísticos: El Museo de Éfeso, donde poder ver ruinas que no han sido recolocadas en la ciudad y objetos y utensilios propios de la época; y la mezquita Isa Bey, de imponentes dimensiones y centro de la vida también en la urbe. Dejé por visitar las ruinas que hay en la misma Selçuk, donde la antigua basílica de San Juan es lo más destacable.

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A la tarde, puse rumbo a Sirince, un pueblo en lo alto de la montaña de raíces griegas y conocido por la producción de vino. Casi el paseo con el minibús ya mereció la pena porque fue lo más montañoso que vi en todo el viaje. El lugar está siempre muy animado, con cantidad de puestos donde venden todo tipo de souvenir y también muchos bares y restaurantes. Además, fui un sábado, con lo cuál había gente a rebosar.

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Cuando abandonas las calles más comerciales y te adentras en el pueblo, reina una calma total y puedes ver de cerca las fachadas blancas y las ventanas de madera que caracterizan al pueblo. Es un pueblo muy parecido a cualquier otro pueblo cuando sola, lo paseas y disfrutas de su calma absoluta.

Vuelta a Estambul

Día 10: Volver a Estambul a conocer Üsküdar y probar un restaurante con vistas

Decido dejar los dos últimos días para conocer mejor y a la vez, volver sobre las cosas que tanto me gustaron de Estambul. A pasear por Sultanhamet y su divertido ambiente, sentarme en Eminönü a comer un maíz inflado y empaparme del ritmo del lugar o cruzar el puente Gálata y dejar caer el día hasta despedirlo con un buen atardecer. El primer día visito Üsküdar de día, ya que solo había tenido oportunidad de pasear allí un poco de noche. Entro en sus principales mezquitas, que son de nuevo tan bonitas como las que vi en los primeros días y me dejo llevar por sus calles, aunque al ser domingo no me encuentro con el movimiento que parece que hay otros días, según leo en los relatos de otros compañeros blogueros.

Interior de la Mezquita Yeni Valide

Interior de la Mezquita Yeni Valide

De hecho, lo que más puedo percibir es la arquitectura y un refinado gusto en zonas cercanas al paseo marítimo, con bonitas casas de fachada de madera o grandes mansiones que me dan una idea diferente de la que llevaba. Pero me agrada. Vuelvo al puerto y allí, además de pasar por donde ya había estado viendo el atardecer, descubro mucho más ambiente, como si en la zona de embarque fuera a llegar o irse alguien muy importante.

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Ese día tomo una buena decisión: comer en un bar con terraza. Se trata de Sultán y está en la plaza donde se encuentra la Cisterna de la Basílica. Además de un trato muy atento, como suele suceder en Estambul, este restaurante tiene unas vistas espectaculares de Santa Sofía, principalmente. Pero también tiene un espacio dedicado solo para beber, donde además de la ya citada mezquita suma otro de los emblemas de la ciudad turca: La Mezquita Azul. Me como un kebap y pido una cerveza, lo que asciende a unos 12 euros. ¿Bien para un restaurante con semejantes visitas no? Tuve la suerte además de conocer al dueño, que sentó a tomar té y a invitarme, cómo no, a volver al día siguiente. Lo curioso es que volví.

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Ese día, tras descansar un poco, volví a bajar la calle que conecta Eminönü y Sultanhamet, intentando fijarme en los detalles de esa ciudad a la que ya estaba echando de menos.

Día 11: Despedida de la ciudad

Es curioso que el último día en Estambul comenzase por la entrada a uno de las visitas más turísticas: la Cisterna de la Basílica. Esta bonita obra de ingeniería se creó para guardar el agua durante durante el reinado del emperador bizantino Justiniano I. Actualmente, impresiona, ya que la visita es a oscuras y la vista de la gran cantidad de columnas en su interior es aún más llamativa. Dos de las columnas tienen la cara de Medusa, quien en la mitología tenía el poder de convertir a la gente en piedra.

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Tras esta visita y realizar algunas compras, decidí relajarme en un baño turco. Como me alojaba en Cemberlitas y pasaba por allí cada día, me decanté por este; para hacerlo lo más natural posible (aunque después no haya apenas lugareños). Es una experiencia curiosa y diferente; el problema es que te cuesta 32 euros y al final, más allá de entrar y estar un rato, es tan solo un baño de espuma de unos quince minutos y poco más. No obstante, tengo la sensación de que volvería a hacerlo si estuviera en la misma situación. Este hammam, diseñado por el archiconocido arquitecto Sinan, es bastante bonito y todo está muy bien preparado. El hamman en sí es un baño turco, a altas temperaturas y donde lo habitual es quitarte la parte de arriba e ir con una toalla que te proporcionan, con grifos de agua calientes y frías, con el objetivo de alternar estos chorros y con una zona central donde tumbarte o compartimentos separados en los laterales. En definitiva, una experiencia.

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Solo me quedaba una tarde, así que después de comer, decidí hacer otra visita experiencial y fumar narguile, algo que asociaba especialmente al lugar y que me relajaba. Busqué y encontré en la Red, un lugar al que debes ir si te gustan este tipo de planes. Se trata de la tetería Corlulu Ali Paşa Medresesi, que no es para nada una tetería más, y sí un lugar del todo auténtico y asociado al destino. Reunión de lugareños; genial decoración; embrujo; un aura especial. ¡Imprescindible!

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Mi último deseo fue bajar a ver el atardecer al puente Gálata y decir adiós a mi estampa favorita de la ciudad; despedirme de su ajetreo, su gente, su movimiento.

Aunque después volvía a cenar al restaurante Sultán y volvía a charlar con su jefe, despidiendo la ciudad de la mejor forma: con su gente y con una invitación formal –aunque interesada… ¡y qué más da!- de volver a Estambul. ¡Qué ganas tengo ya!


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