“El hombre está siempre orientado y ordenado a algo que no es él mismo; ya sea un sentido que ha de cumplir ya sea otro ser humano con el que se encuentra. En una u otra forma, el hecho de ser hombre apunta siempre más allá de uno mismo, y esta trascendencia constituye la esencia de la existencia humana” (Viktor E. Frankl(1)).
[1]Viktor E. Frankl: “El hombre doliente”, Barcelona, Herder, 1987, p. 11.