Esta mañana ha sido un poco de locos sobretodo por tener que acarrear con tropocientos bártulos. ¡Madre la de cosas que necesitan los niños tan pequeños para ir al tole! Pero lo cierto es que a pesar de unas pequeñas lágrimas de Pequeña Foquita, hemos entrado cantando y la mar de contentos.
Por la tarde venía la prueba de fuego. Tengo comprobado que cuando mis enanos pasan un mal día en el colegio se vuelven insorportables conmigo como si pagaran con su sufrida mamá lo que les ha pasado pues claro, he sido yo la que les he dejado en el tole. Pero no. Los dos han salido sonriendo y contentísimos.
Estoy muy contenta, sobretodo por Pequeña Foquita, de ver que su adaptación ha sido buena este segundo trimestre. Aunque aun no tiene porque ir al colegio pues aun va a P2, está aprendiendo muchísimas cosas (¡Sabe contar hasta 10 en inglés!) que me llenan de orgullo como madre. Aunque, lo más importante no es eso, sino que veo que pasa un rato agradable con sus profesoras y compañeros de clase.
Los que me seguís desde hace tiempo sabéis que mi decisión de llevar a mi pequeña a la guardería fue dura porque hubiera querido alargar un año más la excedencia. No pudo ser y tuve que aceptar que mi princesa rubia y gordita se separara de mí después de casi dos largos años de paparrismo.
La conciliación laboral y familiar ha sido así en mi caso y en cierto modo estoy contenta porque hemos conseguido adaptarnos todos, más o menos, a esta nueva situación después de dos años idílicos.
A ver el segundo día, que siempre dicen que van resabiados. Pero como decía aquella, de eso me preocuparé mañana.