Eduardo Ángel - Director creativo ejecutivo de Harold Zea & Asociados
Cuando me tomo un trago con amigos o colegas creativos de agencias –no importa si es en un coctel de un medio, en un asado de una productora o en una fiesta informal–, la mayoría empieza a hablar de sus glorias, de lo que le parece mal premiado, de lo trucho vs. lo real, etc. Nada que muchos de ustedes no hayan dicho u oído antes. Pero un par de copas más tarde, no es raro oírlos sumergirse en el delicado y turbulento tema de sus jefes y directores creativos. Podría uno pensar, juzgando muy a simple vista, que somos un gremio quejumbroso e inconforme, donde frases que van desde “Llegó un practicante y gana más que yo”, “Sólo me piden premios”, “Gané Leones y no me subieron”, “Únicamente le interesa figurar”, “No conoce mi trabajo porque ya tiene rosca”, hasta algunas dignas de diván como “Ni siquiera sabe mi nombre”, son apenas una muestra de las que uno alcanza a escuchar mientras asiente con la cabeza en actitud de escucha.
Parecería que esto fuera una sintomatología natural del publicista, a la que no habría que prestarle mayor cuidado; sin embargo, es importante que los líderes de los departamentos creativos estemos alerta y entendamos la trascendencia de elementos claves para seguir cultivando los logros de esta nueva generación millennial, talentosa y retadora, con la que trabajamos a diario. Podría haber una o muchas “bombas de tiempo” caminando por los pasillos de nuestras agencias, y es nuestra responsabilidad detectarlas y desactivarlas para convertir su energía al servicio de sus carreras y nuestro negocio.
Aunque muchos siguen pensando que la paga es la principal razón de desmotivación, en varios estudios de management se desmiente tal mito. Seguro conocen gente que gana bien y, aun así, es infeliz en su agencia; ¿qué pasa entonces? Simple: hay directores que no son líderes. Empecemos por entender que un jefe no es lo mismo que un líder; la jefatura es un título de poder, mientras que el liderazgo es una posición ganada por medio del respeto.
J.C. Hunter, en su texto La paradoja, dijo: “Dirigir consiste, paradójicamente, en servir a los demás”. Eso es algo que en ocasiones como jefes olvidamos, e implantamos regímenes dictatoriales de trasnocho desmedido, amonestaciones públicas, acoso laboral y una presión excesiva por ganar cuentas y premios en festivales creativos.
Las siguientes son algunas claves que pueden resultar de gran utilidad para optimizar el trabajo de los miembros del equipo.
- Vencer el temor a delegar
Muchas veces creemos que las cosas sólo quedan bien hechas a nuestra manera y que si no estamos, se cae el grupo, se quiebra la agencia y se acaba el mundo. Falso. Es fundamental abrir nuestro trabajo, habilidades e intereses a nuestros creativos, pues de lo contrario no los estaremos educando para enfrentar retos más grandes y nos estaremos negando la oportunidad de gerenciar el norte creativo y el talento del grupo.
- Fomentar el conocimiento
La falta de tiempo no puede ser una excusa para no orientar. Hay que cultivar en los creativos pasiones cada vez más exóticas, como leer, escribir, ir a un concierto, visitar un museo, o incluso simplemente caminar y observar. Muchas veces las agencias ponen a disposición de los directores información y capacitaciones sobre temas interesantes que no deben quedarse en nuestro cajón. Debemos procurar que cada uno tenga sus propias fuentes de información.
- Usar sus hobbies
Hay creativos que han publicado ilustraciones en revistas, que han escrito canciones o que han expuesto fotos, pero sus directores ni siquiera lo saben y los tienen haciendo menciones de cinco segundos. Es obligatorio que conozcamos a nuestros creativos e indaguemos sobre sus talentos para ponerlos al servicio de la agencia; de esta manera, ellos podrán tener tiempo para seguir cultivando esos talentos, desarrollarán habilidades integrales más allá de lo escrito en su contrato y se sentirán gratificados y útiles
Al final, lo más importante está en volver atrás un momento en nuestra carrera y recordar lo que nos disgustaba de nuestros jefes para no repetirlo; por eso hay que ser generosos al dar información, consejos y retroalimentación. Un líder es alguien que también forma otros líderes, ya sea para su remplazo o simplemente por el placer de formar profesionales exitosos, autocríticos y responsables dondequiera que estén.
Si se hace todo esto, no les aseguro que los comentarios de copas se reduzcan, pero sí les garantizo que al menos los buenos resultados empezarán a notarse.