Pero no esperes. No sé si porque quien espera, desespera sentado en el banco del paseo del centro de mi ciudad -que dejó de ser paseo para convertirse en explanada-, o porque de tanto esperar alguien agotó el tiempo... Prometo mañana resistirme a la tentación de pensar ante mis alumnos que aún hay esperanza o no buscar nada a cambio de unos minutos de espera solidaria. No, no se preocupen, que dejaré de esperar un futuro mejor, no sea que muera en el intento.
- Mamá -pregunta Niña Pequeña, mientras esperamos al pie del cartel a que nos abran la puerta.
- ¿Hum?
- Ahí dice lo que está prohibido -afirma, mientras silabea.