Por Diego Valeriano
¿Cómo se banca la angustia de esperar el bondi que no llega, el tren que no arranca, el sueldo que no alcanza, el sueño que se interrumpe, la vida que se escapa? Llegamos y no parece nuestra casa. Nos acostamos y no sabemos si dormimos. Posteamos y no sabemos si nos leen. Puteamos y solo nos escuchan los amigos.
Apuramos el paso, sacamos las llaves del bolsillo y escuchamos que una moto dobla en la esquina. ¿Cómo explota algo cuando ya no hay oxígeno necesario para que se propague? ¿Los motochorros sueñan con ovejas que tiran cortes?
No hay libros, talleres ni documentales explicando cómo nos afecta la vida viajar como viajamos. Cómo nos disciplina el cuerpo, moldea el espíritu, doblega el ánimo. ¿Los usuarios del Sarmiento sueñan con ovejas que no llegan a Morón?
La crueldad no es un troll riendo de un pobre flaco que rajaron del INTI. La crueldad es la vida que ya no es vida, que es otra cosa. Que es imposible. La estupidez no es sacarse una selfie con los dedos en V en la marcha universitaria, sino intentar tener un proyecto en esta vida que no es vida, que es otra cosa, que es invivible. ¿Qué vida se sueña cuando ya ni se duerme? ¿Sueñan los trabajadores de app con ovejas precarizadas?
En esta lenta y violenta cancelación del mileísmo, que no es un gobierno, que es una época, los pibardos ya no son genuinamente de derecha, son apenas bro, apenas crypto, muy endeudados. Ya nadie imagina salvarse. Ya nadie se reinventa, ya no sobra nada.
Ya no te alcanzan las horas del día para llegar a fin de mes. Ya nadie compra, ya nadie coge, ya nadie presta, ya nadie duerme. Ya no existe fin de mes.
Ya casi nadie pasa por San José 1111. Ya volvió Gebel a Miami. Ya no me acuerdo quién encabezó la lista de Fuerza Patria. Ya ni las internas del gobierno entretienen. Ya nada es igual en esta violenta cancelación de esta época que es el mileísmo, que es Milei, que es la época.
Ya no da para otro análisis más de cómo politizar el malestar, como si la politización de nuestras vidas no fuera el malestar que tenemos ahora.
Diego Valeriano