Revista Baloncesto

'Yo fui a EGB', porque los recuerdos también tienen sus onomatopeyas

Publicado el 28 junio 2014 por Toni_delgado @ToniDelgadoG
Javier Izak y Jorge Díaz dan cuerpo a su exitoso blog que nos invita a volver y disfrutar de nuestro pasado

'Yo fui a EGB', porque los recuerdos también tienen sus onomatopeyas

Esto también es EGB - Foto: Toni Delgado. 


Seguro que el invento fue de Javi o de Víctor. O de los dos. 

Javi era un torbellino al que le sobraban ideas para hacer trastadas. Su imaginación estaba a la altura de su corazón. Víctor era el padre de la panda. Muy maduro, era envidiado por tener el World Cup Italia 90, de la Master System. Quizás inspirados en las acrobacias de Oliver y Benji o en los malabarismos de Maradona o Roberto Baggio, dieron con el tiro rata.
La ocurrencia consistía en golpear el balón contra la pared, por encima de la persiana que hacía de portería, colocarlo de nuevo más o menos en el mismo sitio, y chutarle al portero a la tercera. A Javi le salía de rechupete casi siempre. Era un buen chaval, aunque no fuese mucho de los Másters del Universo ni de las Tortugas Ninja. Él prefería jugar al bote, al escondite, a ver quién corría más, practicar el tiro rata o hechar una limi. Puede que "¡una limi! ¡Una limi!" fuese su grito de guerra. También lo era el mío, junto con "¡el 1, 2, 3, salvado por todos!", que te convertía en héroe, y en no ser el último en tocar el palo (o pared) para no meterse del portero. Llegamos a hacer mundiales entre nosotros y con clasificaciones reales. Guardo uno de aquellos documentos. Me acuerdo del tiro rata (y de muchas otras cosas más) cuando degusto Yo fui a EGB, de Javier Ikaz y Jorge Díaz, que funciona como collage vintage de recuerdos para aquellos que cursamos esos estudios. Se puede disfrutar a fuego lento o del tirón. Los textos van directos a la nostalgia, y el diseño es fresco y desenfrenado, con lo que el libro está equilibrado. Sería como hacer una quedada de pandillas de la infancia y repasar álbumes de fotos. ¿Te acuerdas de aquella excursión en la que te caíste en el barro? ¿Y de aquel profesor que si no estabas atento te tiraba tizas? ¿Dónde tendré aquellos cromos? ¿Te acuerdas de que ese día nos metimos en una cueva? También puede ser un punto de conexión entre los padres y los hijos, entre hermanos que se lleven unos cuantos años o simplemente una excusa para quien quiera ver una radiografía de principios de los 70 hasta mediados de los 90 de la cultura popular.     El éxito editorial (es el libro más vendido de 2014) se entiende por la excelente respuesta que han tenido los lectores del blog, premiado con cuatro premios (al mejor blog y a la mejor bitácora) en los dos concursos más importantes del país, los Premios 20Blogs, que organiza el diario 20 minutos, y los Premios Bitácoras. Es un reconocimiento a la labor silenciosa de millones de blogueros de todo el mundo. Sus autores han sabido ocupar un vacío con gracia y constancia. El reto no era nada fácil, pero está más que superado, y lo importante, los lectores reclaman un segundo volumen que se da por descontado.   El apunte sobre los helados, por ejemplo, no tiene precio, pero puede llegar a dejarte algo tocado. ¿Pero cómo puede ser que nunca probase el Frigurón? ¿Por qué se perdieron por el camino el Nifty o el Camy Rock? Suerte que el Drácula o el Mikolápiz han sobrevivido. Es casi imposible llegar a los carteles de Figo, Miko y Camy sin soltar alguna onomatopeya, sonreír o abrir más los ojos, o hacerlo todo a la vez. Y eso que es sólo el primer capítulo. No hay tregua en todo el libro, que si las chapas, las Victoria, el tambor de detergente como baúl de los juguetes, el monopatín (aquí recuerdo mi torpeza, porque básicamente lo paseaba), los programas de televisión, desde el humor Martes y 13 (los mejores) pasando por el Equipo A ("torpes de puntería", Murdock era el crack; Javi me convenció sobre ello tras un capítulo en que el loco salió disfrazado de novia de boda), o El coche fantástico (cada vez que entraba en un vehículo estaba pendiente de si ponía a hablar). Entre los dibujos sí que encuentro a faltar mis dos series favoritas, Oliver y Benji (Campeones) y Bola de Drac (Bola de Dragón), pero comprendo que es difícil llegar siempre a todos los gustos de todas las generaciones implicadas.      ¿Quién no disfrutó o padeció los trabajos de marquetería? En clase los grandes reclamos eran los escudos de clubes fútbol y alguien acabó agenciándose los de Iván, que hizo tres tan bien acabados que parecían productos oficiales. No recuerdo si él era de los más activos grabando la música de la época en cintas de cassette (justo cuando estaba leyendo ese apartado y me fijaba en una la de las cintas de la foto, Voyage, voyage, sonó esa canción en Kiss FM. Bendita casualidad). En definitiva, Yo fui a EGB nos advierte de que los recuerdos también tienen sus onomatopeyas, y que el pasado sigue bien presente en el hoy. Palabra de alguien que tiene como sintonía en el móvil la canción de Supergol, la versión modesta de Campeones. Título: Yo fui a EGB. No somos nostálgicos, más que nada porque no hay nostalgias como las de antes. Autores: Javiez Ikaz y Jorge Díaz. Editorial: Plaza & Janés. Páginas: 256. Valoración: 4 sobre 5. 


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