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“ALMENDRA” de Won-Pyung Sohn

Publicado el 20 febrero 2024 por Marianleemaslibros

“ALMENDRA” de Won-Pyung Sohn"Todos tenemos en la cabeza dos almendras. Están metidas en algún rincón del cerebro más o menos a la altura de las orejas. Tanto por la forma como por el tamaño, son iguales a estos frutos secos, por eso se las llama "amígdala", que significa "almendra" en griego. El nombre exacto es "cuerpos amigdalinos" o "amígdalas cerebrales". Cuando estas amígdalas reciben un estímulo exterior, se enciende una lamparita roja. Dependiendo del tipo de estímulo, se despiertan sentimientos como el miedo, el enfado, el agrado o el asco.
Sin embargo, las almendras de mi cerebro parecen tener un desperfecto, ya que no se enciende del todo esa lamparita roja."

“ALMENDRA” de Won-Pyung Sohn

Won-Pyung Sohn (Corea del Sur, 1979) es guionista, directora de cine y novelista. Estudió Ciencias Sociales y Filosofía en la Universidad Sogang y Dirección de Cine en la Korean Academy of Film Arts. Por su faceta cinematográfica ha ganado numerosos premios, entre los que se incluyen el Film Review Award y el Science Fantasy Writers' Award. A pesar de que sus creaciones suelen andar entre la fantasía y la realidad, para su primera novela publicada en su país en 2017, Premio "Almendra" (editada en 2020 en España por Temas de Hoy y reeditada en 2022 por Booket), la autora se ciñó a relatar una enfermedad, dejando toda ficción de lado, y consiguiendo con ello un gran éxito. Por él resultó ganadora del Changbi Prize for Young Adult Fiction.

Los puntos fuertes de la novela

Ese día hubo un herido y seis muertos. Primero mamá y la abuela. Luego un estudiante universitario que quiso disuadir al hombre. A continuación, dos señores cincuentones que iban al frente de un grupo del Ejército de Salvación y un policía. Y, por último, el propio hombre. Se eligió a sí mismo como el destinatario final de sus cuchillazos indiscriminados. Se clavó el arma bien hondo en el pecho y, al igual que las otras víctimas, murió antes de que llegaran las ambulancias. Como siempre, yo me quedé viendo todo lo que sucedía con cara inexpresiva.

Seon Yunjae padece alexitimia, una rara enfermedad que le impide sentir las emociones y por tanto expresar los sentimientos. Tampoco puede leerlos correctamente en los demás y confunde unos con otros. Según los médicos, ha nacido con "las almendras" (las amígdalas cerebrales) demasiado pequeñas de forma que no hay una comunicación fluida entre su sistema límbico y el lóbulo frontal. Por eso su madre le da de comer frecuentemente de esos frutos secos que Yunjae saborea cada día con obstinación y cierto disfrute.

Tengo mi propia manera de comer las almendras de color canela que guardan dentro el sol californiano. Cojo el paquete y las toco desde fuera para sentir su obstinada dureza bajo el envoltorio. Corto con cuidado la parte superior, abro el cierre hermético con los ojos cerrados e introduzco la nariz. Hago una inspiración breve y suave para que el aroma se propague con lentitud dentro de mí. Cuando me he llenado del olor, cojo un puñado de almendras y me las meto en la boca. Las muevo de un lado a otro con la lengua para disfrutar de su textura. Siento sus extremos puntiagudos y acaricio sus arrugas. Sin embargo, no conviene alargar mucho este momento, pues la saliva las ablanda y les resta sabor. Es solo un proceso previo para llegar al clímax. No llevo a cabo este ritual porque me gusten las almendras. No podía evitarlas, ya que mamá me las ponía en las tres comidas del día, así que tuve que buscar una forma agradable de comerlas. Me las daba con la creencia de que, comiendo muchas almendras, crecerían las que tengo en mi cabeza. Era la única esperanza a la que podía aferrarse.


Alegría, tristeza, enfado, placer, amor, odio y vergüenza, son sensaciones que ni siente ni padece, ni sabe interpretar, tampoco el miedo, algo bastante arriesgado para él, porque no sabe lo que es, y es incapaz de reaccionar ante las señales de alerta o los peligros que le rodean. Desde que cumplió los siete años, su madre, también su abuela, intentan protegerle haciéndole memorizar las reglas sociales con frases en papelitos de colores que le indican cómo comportarse ante determinadas situaciones, y también a través de juegos que le enseñan qué debería sentir según las circunstancias.

Las frases que adornaban el cartel que colgó en una pared eran de este tenor: Se acerca un automóvil → quítate de en medio o sal corriendo.
Se acerca una persona → hazte a un lado para no chocarte.
El otro sonríe → sonríe del mismo modo.
Debajo de todo había puesto: la solución más cómoda es poner siempre la expresión más parecida a la de otra persona.


Gracias a su tenaz entrenamiento diario, Yunjae aprende la manera de llevar sin grandes problemas su vida escolar y a relacionarse con los demás sin llamar demasiado la atención. Aún así, en el colegio le tratan como a un bicho raro haciéndole preguntas sobre su enfermedad delante de todos, que él responde como puede y como sabe, sin comprender ni sospechar por qué se mueren de la risa con sus sinceras contestaciones (Yunjae tampoco sabe mentir)

La mayoría de las veces era suficiente con que me quedara callado. Si no decía nada cuando estaba enfadado, significaba que era paciente; si no reía cuando los otros lo hacían, era serio y prudente, y si no lloraba cuando debía hacerlo, era fuerte. Sin duda alguna, el silencio valía oro.


Pero recién cumplidos los dieciséis, su vida se pone patas arriba cuando un loco mata delante de sus narices a cuchilladas a su abuela y deja a su madre en estado vegetativo. ¿Quién cuidará de él a partir de entonces? ¿Cómo podrá salir adelante en un mundo que no le comprende, ni que él tampoco entiende?

Pasaron varios años y mi cabeza se hizo más grande, pero las almendras de mi cerebro no crecieron. Al complicarse mis relaciones con las personas y aparecer variables que las fórmulas que me enseñaba mamá no podían resolver, no pude evitar convertirme en un chico "de cuidado". Mis compañeros me fichaban como un chico raro ya desde el primer día de clase y me llevaban al fondo del campo de deportes, donde me convertía en un mono de feria delante de todos.

Los libros y la lectura son algo importante en el fondo de la trama ya que Yunjae debe ocuparse de la Librería de libros de segunda mano, usados, que regentaba con mimo su madre. A él le gustan los libros porque le trasportan a lugares donde no puede ir, le transmiten confesiones de personas que no conoce y le muestran vidas que no puede observar de cerca. Aunque no termina de comprenderlos, porque también están repletos de emociones y de sentimientos que él no consigue sentir.

No importaba mucho si no entendía todo lo que leía. Abrir un libro en cualquier página ya era una batalla ganada a medias. No me llegaban en absoluto estas frases, pero no importaba. Bastaba con que mis ojos fueran detrás de las letras. Aspirando el olor del libro, seguía lentamente con la mirada sus formas y sus trazos. Para mí era una tarea tan sagrada como la de degustar las almendras. Una vez que me parecía que las había palpado lo suficiente con los ojos, las leía en voz alta muy despacio. Las dejaba salir a través de mi garganta después de masticarlas y saborearlas durante un buen rato. Lo hacía una y otra vez hasta que me aprendía de memoria las oraciones.

Narrada en capítulos cortos por Yunjae en primera persona del pasado, El estilo y la prosa: la historia es triste, pero al mismo tiempo Won-Pyung Sohn sabe cómo impregnarla de ternura, de cierta dulzura, quizás por esa forma de escribir tan especial que tienen los autores orientales en general y en este caso, los coreanos en particular. la autora escribe y describe de una forma muy directa algo que sin duda no está exento de dureza, pero con una prosa bonita, pero también delicada hasta arriba de sentimientos y emociones, todo lo contrario que nuestro protagonista.


Distintos personajes aparecerán en escena, todos bien perfilados, algunos buenos, entrañables, almas caritativas que ayudarán a Yunjae a afrontar su nueva vida en soledad, pero otros no tan buenos que incluso se la complicarán al máximo exponente. es el verdadero protagonista de la historia, aunque hay varios secundarios también muy interesantes e importantes, como el un gran amigo de la madre que le agarra de la mano para acompañarle, orientarle en su desconcierto e intentar facilitarle las cosas, convirtiéndose en su tutor legal. Y Doctor Shim, la única niña de su clase que parece comprenderle, que no se burla ni le juzga y se empeña en ser su amiga. La amistad, es otra de las relaciones afectivas que Yunjae nunca ha experimentado y con Dora además aprenderá el significado, la verdadera esencia de la palabra "amor". Dora,

Dora es lo opuesto a Goni. Si Goni quiso enseñarme lo que era el sufrimiento, la culpa y el dolor, Dora me mostró las flores y su aroma, el viento y los sueños. Fue como si escuchara una canción por primera vez. Ella sabe entonar de un modo muy distinto las melodías que todos conocemos.


Goni, es un chico rebelde, problemático y conflictivo del instituto, que ha crecido con demasiadas carencias afectivas en una vida plagada de abandonos y desarraigos, y que comienza haciéndole la vida imposible a Yunjae. La relación de amistad que se va forjando a fuego muy lento entre estos dos seres incomprendidos por el mundo pero que curiosamente sí se aceptan y ayudan entre ellos sin pretenderlo, es genial, preciosa, de lo más original y sorprendente de la novela.

Goni era la persona más simple y transparente que había conocido, ya que hasta un tonto como yo podía saber perfectamente qué pensaba. La gente decía que Goni era un chico imposible de comprender, pero yo no opinaba lo mismo. Simplemente, nadie se tomaba el trabajo de mirarlo bien.


Los temas que se tocan : básicamente el de la amistad, pero también trata el amor maternal, hasta donde puede llegar y qué cosas puede hacer una madre para proteger a su hijo que sabe desvalido ante el mundo, indefenso, y cómo ese amor incondicional es capaz de idear la forma de inculcarle las herramientas para no ser tan vulnerable. También se aborda el bullying en la escuela y el maltrato físico y psicológico.

Como curiosidad: os cuento que la alexitimia es una enfermedad rara que padecen mas los hombres que las mujeres y que etimológicamente significa "imposibilidad de expresarse verbalmente." Las personas con alexitimia tienen un comportamiento basado en la lógica y la práctica y hay un tratamiento, psicológico, que pasa por ayudar a la persona a tomar conciencia de las propias emociones, a reconocerlas, diferenciarlas y canalizarlas adecuadamente. Tener conocimiento de esta enfermedad te lleva a plantearte un montón de cosas: ¿se puede ser humano sin sentir nada? ¿imagináis como debe ser no poder llorar, no poder reír, no sentir amor ni dolor emocional? Tremendo. . .

Resumiendo: "Almendra" es una novela surcoreana corta (256 páginas), pero intensa, con una trama que conmueve y remueve, porque el lector, los lectores no padecemos como Yunjae, alexitimia, y la autora consigue transmitirnos a nosotros todas esas emociones que a él no le llegan. "Almendra" es la historia de un adolescente que es incapaz de sentir nada, o casi nada y de cómo afronta la vida tras la desaparición de las personas que le protegen.

La vida no hace más que fluir imparable, guardándonos toda clase de sabores.

Os recomiendo esta novela? Por supuesto, por varios motivos: por todos los puntos destacables que os he contado arriba, pero también porque Porque creo que la autora se ha documentado bien sobre la alexitimia el final es magnífico, precioso, y te deja con muy buen sabor de boca.y aporta una idea generalizada sobre el problema. Me ha encantado y ya me estoy planteando leer en breve la última novela de la autora "El impulso" (2023), seguramente no tardaré en ponerme con ella.

Me gustaría agradecerle a Norah la recomendación, porque gracias a la reseña en su blog llegué a esta novela, y la he disfrutado tanto como ella. ¡Gracias!!. Mi nota esta vez es la máxima, para variar, dicho sea irónicamente:

“ALMENDRA” de Won-Pyung Sohn

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