Revista Opinión

Cuando la tragedia se hace política

Publicado el 27 marzo 2015 por Polikracia @polikracia

Desgraciadamente vivimos en un mundo en el que pasan cosas terribles. Hambrunas, catástrofes naturales, accidentes o simplemente hechos inexplicables, como el ocurrido, recientemente, en Francia. El avión de Germanwings, cuyo copiloto estrelló, presuntamente, con 150 personas a bordo, en el trayecto Barcelona-Dusseldorf, nos ha recordado como la vida no depende siempre de nosotros mismos. El azar, la mala suerte, el destino o como se quiera llamar, muchas veces, son los que deciden por nosotros.

Pese a todo y desde un punto de vista político, las catástrofes de este tipo, suponen un reto para las autoridades, y demuestran, “quien sí y quién no”, dispone de altura de miras para visualizar que lo primero y más importante es dar respuesta a las víctimas y sus familiares.

Cabe destacar la rápida respuesta de las autoridades francesas, quienes, desde un primer momento, han ofrecido al detalle y al minuto, la información pertinente sobre el siniestro. François Hollande compareció a primera hora, del martes, para ponernos en situación y anular cualquier tipo de esperanza sobre los posibles supervivientes.

Francia es un país que ha sabido solventar, tanto a nivel informativo como de gestión, situaciones complicadas como ante la que nos encontramos. En nuestro país, mucho tenemos que aprender de ellos, en esta cuestión.

Precisamente, los Reyes de España se encontraban en París para una visita de Estado, por lo que se enteraron de la noticia a su llegada. La reacción, en coordinación con el gobierno, ha sido la acertada. Y es que no sólo ha suspendido la agenda de los monarcas, sino que las declaraciones y gestos han sido los apropiados de un Jefe de Estado, que sin duda “se está ganando a pulso la popularidad de la que goza”.

Tanto Felipe VI como la Reina Letizia fueron invitados al gabinete de crisis creado por el Gobierno Francés, un gesto que demuestra la unión y las excelentes relaciones que existen entre nuestro Reino y la República vecina, y la relevancia que se le ha querido dar a la gestión de la catástrofe.

Pese a algunas críticas al Presidente del Gobierno, por su tardanza en hacer las declaraciones, los pasos dados por el Ejecutivo de España, a mi modo de ver, han sido los adecuados. Mariano Rajoy se encontraba en Vitoria. Yo achaco el retraso en hablar a la falta de información sobre el siniestro. Recordemos que el accidente ocurrió en Francia, por lo que son las autoridades de este país las que disponían en ese momento de la información adecuada.

Dicho esto, recordar que el Gobierno de España ha declarado tres días de luto oficial, a lo que se suma la suspensión de todas las actividades de los miembros del Ejecutivo, la creación de un gabinete de crisis, y el traslado de Mariano Rajoy a territorio francés, junto con el Presidente de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas.

La coordinación entre los países ha sido la adecuada, tanto en las tareas de rescate, como a nivel de medios para efectuar el mismo. Pero tampoco hay que olvidarse de la comunicación. En este punto cabe destacar la conversación mantenida entre Rajoy y el líder del grupo mayoritario de la oposición, Pedro Sánchez. Las declaraciones del líder socialista han sido las adecuadas, poniéndose a disposición del gobierno.

Hay que señalar que vivimos en una sociedad “en directo”, en la que los medios quieren informar al detalle y al minuto de todo lo que ocurre en cada momento. Pese a todo, en esta red, hay que ser cautos ante lo que se dice, cómo se dice o con lo que se muestra.

Soy periodista, y creo que existen imágenes que sobran, que no aportan nada a la información, sino morbo y dolor para las familias, y para que todos aquellos que sentimos que hechos de este tipo no deberían ocurrir, lamentemos aún más una tragedia como esta.

Y luego está el mal uso que se hace de las redes sociales. A los desaprensivos que prefieren que los medios de comunicación emitan “Mujeres Hombres y Viceversa”, antes que informar de la muerte de 150 personas, poco hay que decirles puesto que sus comentarios se descalifican por si solos.

A éstos se suman los que hacen mofas sobre la nacionalidad de los fallecidos, los que restan importancia a la muerte por el simple hecho de ser catalanes o las personas que simplemente se afanan en manifestar su ignorancia a través de las redes sociales. Hay comentarios inaceptables que deben ser censurados públicamente, puesto que está visto que como bien dice el refrán “No le puedes pedir peras al olmo”.

Lejos de lo que podíamos esperar, los hechos han dado un giro inesperado. En este punto cabe destacar como el fiscal de Marsella ha ofrecido una información detallada, en una comparecencia de más de una hora, con preguntas; y en la que nos vino a confirmar como “el copiloto del avión ha decidido estrellarlo voluntariamente”. Queda despejada la variante terrorista pero ¿qué es lo que ha ocurrido? Una vez más debemos ser cautos ante las informaciones que se ofrecen, y es que en un asunto tan delicado, la memoria de las víctimas ha de ser lo primero.

No obstante, la investigación prosigue, y pocos días después del siniestro hemos conocido los espeluznantes datos que apuntan precisamente a la veracidad de la tesis del fiscal. Andreas Lubitz ocultó a su compañía una baja médica por depresión. Sus crisis debían de ser constantes por lo que cabe preguntarse ¿Cómo eludió los controles psicológicos de la compañía? ¿Cómo es posible qué se hiciera con el avión? ¿Por qué no reconsideró su intención? ¿Qué lleva a un hombre a matar a 149 inocentes?

La segunda cuestión parece estar aclarada y fruto de la casualidad. El presunto homicida se vio en la situación de tomar, en solitario, el control por la ausencia del piloto para ir al baño. El relato del fiscal es aterrador, pero sin duda, pese a su dureza, un ejercicio de transparencia. “Bloqueó la puerta e inició el descenso de manera voluntaria. El piloto intentó echar la puerta abajo… Se escuchaba su respiración, y finalmente los gritos de los pasajeros”.  

La tragedia forma parte de la vida, y también de la política, pero el dolor es un sentimiento que debe comprendido y sobre todo, con el que tenemos que empatizar para hacer de nuestra sociedad algo mejor. La gestión de la catástrofe y de sus causas, no es cosa nuestra, pero sí que lo es el respeto a las personas que ya no están, y a las familias que se preguntan cuál es el motivo para que hayan dejado de existir. Las autoridades están trabajando, y a día de hoy lo están haciendo bien y con celeridad. Por ello es buen momento para que recordemos que “el dolor es la dignidad de la desgracia”.


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