Revista Viajes

De la Jungla, Sanguijuelas, y una Semana en el Hospital de Calcuta

Por Gialuxa @viajerasoy

Mi último día en el hospital :)

Luego de pasar unos maravillosos días en la preciosa ciudad de Pokhara, en donde nos pasábamos la mayor parte del día caminando, contemplando la magia de su lago, o simplemente comiendo en alguno de sus restaurantes más arcaicos, donde obviamente ningún turista llegaba (y donde todo eran taaan exótico que una vez incluso me senté, no me di cuenta y estaba todo el asiento vomitado…)

Luego de subir corriendo una montaña, guiados o seguidos (aún no sé cómo fue que se nos pegó), por un loco gracioso que se las daba de guía turístico, pero que nos llevó finalmente a tiempo a conocer una de las pagodas más simples y preciosas que he visitado. Un tipo muy especial que nos presentó a su familia y amigos, y tuvo un chistoso altercado con una turista quien lo trató de estafador, y el de “chinita peligrosa”.

Luego de tirarnos por lianas al lado de un barranco, jugando a ser tarzán y mona chita. De navegar en bote de noche, o perdernos el uno al otro en medio de una lluvia incesante, en un campo verde infinito, adornado solamente por parapentes que caían del cielo como plumas de colores … Luego de todo todo eso, para mí de verdad no era necesario ir a la jungla.

Pokhara, Nepal

Pokhara, Nepal

Así que apenas llegamos a Chitwan se las canté bien claritas a Mario, y remarcando fuertemente cada palabra le dije !Yo No QuiEro Ir a Esa Jungla!, sin embargo al cabo de diez minutos ya había perdido la cordura… Tenía una cara de tristeza el hombre, si hasta se ofreció a pagar mi parte, y con lo amarrete que era … uff… entonces lo reconozco soy débil, y vi en sus ojos desesperación, asi que no me quedó otra y tuve que decir sí…

Chiwtan, el lugar donde nos encontrábamos, es el Parque Nacional de Nepal y Patrimonio de la Humanidad del país. Su nombre significa el corazón de la jungla”, y es aquí donde llegan miles de personas cada año a explorar sus praderas ubicadas a los pies de los Himalayas. Lo más lindo de todo es que se trata de una zona muy rural donde hay pocos hoteles que están alejadísimos unos de otros y son muy económicos. Con decirles que mis únicos vecinos eran un par de elefantes… enserio si el lugar era un sueño.

 

Al principio queríamos ir solos a explorar, pero el dueño del hotel nos dijo que eso era imposible, que estábamos trastornados. No lo pescamos mucho, así que para convencernos nos presentó a una pareja de turistas chinos que nos confirmaron que era cierto, y que la única forma de ir era con dos guías, así que debíamos comprar un tour de medio día o completo sí queríamos ir.

La verdad nosotros jamás habíamos comprado paquetes de nada, me carga que me anden trayendo como oveja, pero en este caso el asunto era obligatorio y tuve que agachar el moño nomás. Elegimos día completo, y como primera regla nos dijeron que debíamos encontrarnos a las 6 de la mañana en el patio del hotel y llegar vestidos con ropa camuflada.

Para mi que le estaban poniendo mucho colorete a la situación, pero hice caso y me vestí como pude con la ropa que me prestaron. La aventura comenzó con un paseo en canoa por un rio con cocodrilos para poder ingresar a la zona peak de la jungla, y fue ahí donde empezé a notar que claro era media peligrosa la cosa. Pero fue cuando nos dieron las instrucciones oficiales que lo confirmé y me di cuenta que me había ido a meter a las patas de los caballos como se dice en el campo.

Uno de los guías, el más salvaje que bien parecía salido de una película de aborígenes, y por lo mismo me caía bien y me daba más seguridad, nos informó “lo que debíamos” hacer en caso que se nos aparecieran tigres de bengala, osos, rinocerontes, zorros, elefantes y un par más que no recuerdo.

Basicamente había que trepar árboles, correr en zig zag, quedarse quieto, no respirar, respirar, no mirar a los ojos o sí mirar a los ojos, correr desenfrenadamente o rezar. En fin, todo dependía del animal y yo lo único que pensaba era “estoy jodida, cómo miechica me subo a un arbol” (las porquerías no tenían ramas casi, era puro tronco, asi que imagínense).

Chitwan, Nepal

Chitwan, Nepal

Ya estaba allí y no soy de marcha atrás, asi que estuvimos todo el día de allá para acá para ver ciervos, rinocerontes, cuevas de osos, elefantes, arañas peludas e insectos extrañísimos. De merienda nos servimos un arroz en bolsa y algunos huevos duros, y a veces subíamos a una especies de casitas a descansar, desde donde también podíamos ver mucho mejor los animales que se nos avecinaban. Fue así como dimos con el rinoceronte, y para atraerlo hasta nos enseñaron a hacer el ruido de la rinoceronta.

Otras veces teníamos que cruzar grandes charcos de agua, y bueno para no mojarnos las zapatillas debíamos sacarnos hasta los calcetines para cruzar. Sin darme cuenta las sanguijuelas se adueñaron de mis pies… y luego de unas horas de haber cruzado un charco me vi los tobillos ensangrentados, y un racimo de estos chupasangres pegados como garrapatas… Preferí no mirar y los hombres me las quitaron todas, pero las sedientas volvían una y otra vez, incluso cuando regresé al hotel y me fui a duchar todavía quedaban.

La experiencia fue buena y lo pasé bien, fue una tarde no sólo de aprender de animales y jungla, sino de conocer un poquito más de Nepal, de su gente, costumbres y política. Los siguientes días visitamos a los niños del orfanato, una sala cuna de bebes elefantes, y nos enamoramos del paisaje paseando por campos de arroz tan verdes que parecían artificiales.

La verdad nos dolió un poquito partir… pero nos quedaban muy pocos días de visa, y queríamos conocer Lumbini, la ciudad donde Buda nació, y que es una cosa maravillosa llena de templos para perderse recorriendo en bicicleta.

Dejamos Nepal camino al caos de India nuevamente, y me transformé en la primera chilena que cruzaba la frontera caminando según la policía. Fue ahí cuando comenzó mi aventura más grande, ya que a pesar de que durante los últimos días me dolían un poco las piernas debido a los agujeros que dejaron las sanguijuelas, ahora la zona estaba hinchada, enrojecida y me costaba un poco caminar. De ahí  la cosa se puso fea y al cabo de dos días ya no pude hacerlo más…

Tuve que llamar al seguro que me obligó a comprar mi papá y chan! quedé internada de urgencia. El médico dio un gritito cuando me vio la infección, que tuve que pedirle que se calmara si se supone el era el doctor. Un día más y la infección llegaba al hueso me dijo, lo que significaba que dependiendo de la gravedar el tratamiento podía incluir el corte de mis extremidades… TERRIBLE.

Por suerte compré ese seguro que me costó 500 dólares por 10 meses, y este puro chistecito salió 2000 dólares por estar siete días internada. Claro que cuando llegó la hora de pagar se querían hacer los lesos, y me tuve que poner firme para que pagaran.

A pesar de tener que estar todo el día con sueros y medicinas, conocer a muchos doctores y enfermeras, me tomé esa semana como un tremendo descanso. La clínica de verdad muy bien, si hasta tenía una camita aparte donde se podía quedar gratis mi amigo. Me daban los tremendos menús a elección, baño privado con agua caliente, aire acondicionado y programas indios (yo no veo tv, pero claro  me entretenía mirando las caras y extrañas publicidades de cremas blanqueadoras).

De Calcuta no pude ver nada, ya habíamos comprado el pasaje a Bangkok Tailandia con anterioridad, así que mi única pasada fue del hospital al aeropuerto. Eso sí a simple vista me pareció una ciudad muy bonita, no con la extrema pobreza como se cree. Y bueno eso sí me la imaginaba, porque cada tarde cuando Mario regresaba al hospital luego de sus travesías solitarias, me contaba con lujo y detalle como eran los lugares que iba visitando.

Al final él tenía razón, la visita a la jungla nunca se me iba a olvidar. Si hasta hoy cuando me miro las cicatrices de la gracia me acuerdo de Chitwan y los niños del orfanato, de la jungla, de los dioses, de Nepal, uno de los países más hermosos que he visitado…, y bueno lo que sí aprendí fue la mejor lección de la vida, y es que desde ese día con seguro médico siempre.  

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