Revista Cultura y Ocio

El gnosticismo como religión autónoma

Por Simonmago
Hacia el final del coloquio de Mesina (1966), del que participaron algunos de los más ilustres especialistas en Gnosis de la época: Widengren, Bianchi, Jonas y Daniélou, entre otros, se fijaron los significados de los términos “gnosis”, “gnosticismo”, “pregnosticismo”, “protognosticismo”, “gnóstico” y algunos más. La palabra “gnosticismo”, que conlleva la idea de sistema, se reservó para designar los conjuntos doctrinales que florecieron hacia los siglos II y siguientes, y que ya los heresiólogos entendieron en este sentido. Durante mucho tiempo se subordinó el gnosticismo al cristianismo primitivo, entendiendo los especialistas que el sistema sería una rama o vertiente cristiana más entre otras tantas que surgieron en la época. A pesar de las dificultades todavía presentes en cuanto a la idea de considerar la proveniencia externa del  sistema con respecto al cristianismo, nos parece oportuno recuperar cuáles han sido las características doctrinales que alguna vez permitieron pensar el gnosticismo como religión autónoma.

El gnosticismo como religión autónoma

Evangelio de Tomás, uno de los textos gnósticos del códice 2 de la biblioteca de Nag Hammadi

Ya en una fecha tan temprana como 1971, el doctor Francisco García Bazán, destacado filósofo argentino y reconocido investigador en temas de gnosticismo, pitagorismo y neoplatonismo plotiniano, por mencionar algunos, propone en su tesis de licenciatura la idea del Gnosticismo como religión per se, bajo la noción de una Gnosis entendida fenómeno religioso universal. El gnosticismo, en tanto sistema, se configura a partir de la siguiente serie de elementos: la presencia de la chispa divina en el ser humano, su procedencia del reino divino, su caída en el mundo (al que rige la fatalidad y la ley del nacimiento y la muerte) y la necesidad de despertar ésta chispa por su contraparte divina, para poder reintegrarse en su estado original. Esta idea de la degradación de lo divino se basa en la concepción ontológica de la debilitación del ámbito de lo divino una vez que la periferia de su esfera entra en crisis, lo que indirectamente le permite crear el mundo y del que no puede desentenderse, puesto que debe recuperar el pneuma (la chispa divina). Se trata, explica el autor, de una perspectiva dualista sobre un fondo monista, que se expresa dialécticamente por el doble camino de la degradación y de la reintegración. Sólo las doctrinas que incluyan estos fundamentos ontológicos, teológicos y antropológicos, forman parte del gnosticismo. Y esta connaturalidad de la partícula pneumática con lo divino hace que la gnosis lleve implícita la identidad del cognoscente, de lo conocido y del medio de conocimiento; es decir, la gnosis, como facultad superior implícita del ser humano debe ser actualizada. Esta gnosis consiste en una revelación-tradición.
El gnosticismo, con esta base teórica como fundamento, deja de entenderse como una mera rama del cristianismo. La fenomenología de la religión aboga por esta concepción autónoma del mismo a partir de la identificación de los elementos anteriormente mencionados en el sistema.
Dice García Bazán: “El creyente gnóstico es el que posee la gnosis. Y la gnosis es un conocimiento. Pero este conocimiento escapa a los normales análisis racionalistas. El correlato de este conocimiento es el Sí-Mismo: la intimidad infinita o espiritual de la persona, que es lo  verdadero y simple. Se conoce al Sí-mismo como objeto de conocimiento, pero el Sí-Mismo sólo es cognoscible por él mismo; el Sí-mismo, por lo tanto, se autoconoce en la gnosis, es sujeto y objeto de conocimiento, porque es una misma cosa lo que conoce y lo conocido, conocer y conocerse. (…) no es que el hombre seael Sí-Mismo, (…) el Sí-Mismo se conoce a sí y esta autognosis es la gnosis. El hombre, (…), como lo enfocan las ciencias y como lo tiende a idealizar la antropología ingenua del creyente común, puede ser que se experimente y que se conozca, hasta ignoramos qué entresijos humanos, pero este conocimiento, bien lo llamemos de su yo, de su intimidad o de su individualidad, es un conocimiento que tendrá que ver todo lo que se quiera con los más finos análisis de los instrumentos sensoriales, psicológicos, racionales o de la imaginación reproductora, pero que nada tiene que ver con el conocimiento gnóstico. Y porque la gnosis tiene este carácter peculiar (…), se dice que es revelación y no conocimiento, o que es conocimiento revelado. (…) no existe posibilidad humana de aceptación, afectividad o cognoscibilidad que pueda alcanzar la gnosis. El autoconocimiento del Sí-Mismo es extra y suprahumano. Es un conocimiento supraconsciente que depende de sí, que nada tiene que ver con lo humano, que pertenece a otra esfera del ser. El hiato que existe entre el Sí-Mismo y el ser humano es infranqueable y por eso el pneuma se re-conoce y este reconocerse es un acto autónomo para el que la razón, el sentimiento o la voluntad como facultades psíquicas, resultan ineficaces (la cursiva es nuestra).” Francisco García Bazán, Gnosis. La esencia del dualismo gnóstico, San Antonio de Padua, Castañeda, 1978, pp. 37-38.
La gnosis es pues un conocimiento salvador: “(…) Y esta es la completa seguridad del gnóstico, el Sí-Mismo se le ha descubierto y su luz ha desterrado su ilusión, lo que consideraba humano. Y por supuesto que este conocimiento, (…), dada la vertiente antropológica del Sí-Mismo, es salvador, pues conocerse es saberse idéntico, experimentar la identificación entre lo conocido y lo cognoscente y esta develación es reconocimiento de la propia necesidad de manifestación del pneuma, rechazo de todo lo que oculta su realidad y por ello salvación o liberación, sinónimo de conocimiento, de-velación o revelación. Por el contrario, mantenerse oculto el Sí-Mismo en las sombras de lo humano significa condenarse. Ocultación, desconocimiento o ignorancia tienen el mismo significado de condena y hacen al hombre psíquico y carnal, no abierto, y condenado, por ello, con sus sombras” (p. 40).  Sin embargo, al contrario de lo que han manifestado los historiadores y filólogos clásicos, así como de lo que podría derivarse de una lectura demasiado literal e ingenua de ciertos evangelios apócrifos de la tradición setiana, la gnosis no es (al menos por principio) propia de un grupo selecto de elegidos, una elite, o como quiera llamársele. Se trata de un fenómeno universal, actualizable en todo contexto, época y lugar, y por todo el mundo.
“El que llegue a conocer de este modo sabe de dónde ha venido y adónde va. Sabe como el ebrio que ha salido de la embriaguez, que se ha vuelto hacia sí y que ha recuperado lo propio de él”. (Evangelio de la Verdad, 22, 13-19)
No hay predeterminación en el pneumático. El gnóstico es gnóstico a posteriori, dice nuestro autor con absoluta claridad. Su “superioridad” radica sólo en el hecho vivencial de haber despertado, y en esto se distingue del psíquico y del carnal. Pero esto no quita la posibilidad ni lógica ni ontológica de una universalidad de la gnosis. De hecho, más recientemente se ha escrito bastante acerca de esto, y se han encontrado atisbos de la gnosis en autores incluso de ciencia ficción como Phillip K. Dick, en pleno siglo XX…
Lamentablemente, no se ha vuelto a editar este libro tan completo, esclarecedor y estimulante de Francisco García Bazán. Sin embargo, para quienes quieran disfrutar de su lectura aún queda la posibilidad de descargarlo en PDF en este link: http://es.scribd.com/doc/61576712/Gnosis-La-Esencia-Del-Dualismo-Gnostico-Francisco-Garcia-Bazan
Para despedirnos dejamos esta bella cita de Clemente de Alejandría (Extractos de Theodoto, 78,2): Pero no sólo es el bautismo el que libera, sino también la gnosis, es decir, quiénes éramos y quiénes somos; dónde estábamos y adónde hemos sido arrojados; hacia dónde aspiramos y de dónde somos rescatados; qué es la generación y qué la regeneración.
Fuente: Francisco García Bazán, Gnosis. La esencia del dualismo gnóstico, San Antonio de Padua, Castañeda, 1978

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