Revista Opinión

El talibanismo de la Iglesia Española

Publicado el 26 diciembre 2013 por Lulesi

rouco y gallardon

Promovieron sermones, difundieron epístolas, convocaron manifestaciones.  Invocaron objeciones de conciencia, se fingieron victimas del violado derecho de padres, hablaron de “daño a la familia” y al derecho inalienable de la educación

La asignatura de “Educación para la Ciudadanía” era la madre de todos los males. Sectaria, adoctrinante, totalitaria, y medio centenar de epítetos más, que se corearon en manifestaciones promovidas, alentadas y en parte financiadas por la Conferencia Episcopal y el Partido Popular, desenterrando el viejo esquema de la “manifestación patriótica” del franquismo con autocar y bocadillo gratis hasta la Plaza de Oriente.

En ellas vimos a Rajoy, a Cospedal, a Esperanza Aguirre, a Gallardón… como hermafroditas reivindicativos debajo de una pancarta.

¿Qué ha quedado de aquello? En un ejercicio insuperable de cinismo e hipocresía, ahora tenemos una LOMCE que impone como obligatoria la asignatura de religión y con el mismo nivel de exigencia académica que las matemáticas o la química, que, claro, no es nada adoctrinante, ni atenta contra ninguna conciencia ni contra el derecho de ningún padre.

Una asignatura para la que el cónclave de obispos reunidos ha aprobado textos como estos para el primer curso de primaria –para niños de seis años-: “El arco iris en un pacto de Noé con Dios para que todo sea más bonito después de la lluvia”. “La lluvia son lágrimas de los ángeles que lloran por los pecados del mundo”.

El viaje de sus meninges se ha agotado en sí mismo. Quieren fabricar imbéciles desde la más tierna infancia. Y parece que no les da la menor vergüenza de lo que dicen y de lo que hacen. Solicitan, propician y escuchan de y desde la estupidez. Son un subproducto mental relleno de su viruta sectaria.

La Iglesia Española, que no he hecho el menor gesto de contrición respecto a su papel y responsabilidad en la contienda civil que produjo un millón de muertos en nuestro país, es la confesión religiosa más acrítica, insolidaria y privilegiada del planeta. Practica, y ha practicado, el terrorismo religioso desde sus más altos púlpitos, se ingiere en la política, las leyes y el derecho de las gentes de manera intrusiva y es el mayor tumor maligno del país.

Ni siquiera cabe el autodesprecio. Sus curas y obispos son refractarios al bicarbonato.


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