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Impresiones con The Curse of Issyos - Locomalito, de vuelta haciendo lo que mejor sabe...

Publicado el 16 diciembre 2015 por Retromaniac @RetromaniacMag
Impresiones con The Curse of Issyos - Locomalito, de vuelta haciendo lo que mejor sabe...Furia de Titanes o Jasón y los Argonautas nos dieron a conocer algunos de los héroes de la mitología griega, interesándonos quizás en ese riquísimo folklore que es parte integrante de quienes somos. Caprichosos dioses y malvados monstruos, guerreros sin miedo y doncellas en apuros… ingredientes de un cine que básicamente ha pasado a la historia y que nos dejó grandes nombres, como Miklós Rózsa o el sin igual Ray Harryhausen y que ahora encontraréis en el último juego del ilustre tándem creativo Locomalito - Gryzor87: The Curse of Issyos.

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Este Hades va hecho unos zorros... Se ve que en el inframundo no hay buenos sastres


Dos años han pasado desde que el malagueño liberó al pájaro trueno sobre el mundo. Dos largos años de sequía para los fans del desarrollador, paliada a duras penas por Donkey-Me, homenaje de Bruneras al Donkey Kong de Nintendo que incluía aportaciones de ambos en los apartados gráfico y (sobre todo) musical. Pantallazos "robados", tuits invitadores, comentarios de soslayo... Una lenta y dulce agonía que por fin hoy, 15 de diciembre de 2015, ha llegado a su fin con el lanzamiento de The Curse of Issyos.
Para la ocasión, Locomalito presenta un juego de marcado carácter consolero. Deudor de maravillas jugables de antaño, como el Castlevania/Vampire Killer original, Ninja Gaiden o Rygar, Issyos es un plataformas de acción, desarrollo 2D, y personalidad a espuertas. Ambientado en la Grecia mitológica, nuestro protagonista, el pescador Defkalion, deberá enfrentarse a todo tipo de enemigos, humanos y criaturas harto más siniestras, en pos de salvar a su hija; la única familia que le queda.

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No ha quedado nada de ese hombre una vez Hacienda ha acabado con él... ¿o sí?


Durante el juego, empuñaremos dos armas distintas: una espada o una lanza. Ambas hacen la misma cantidad de daño, pero se diferencian en dos aspectos fundamentales: su alcance y la velocidad de uso. La forma de jugar cambia notablemente en función de qué arma tengamos, y ciertas áreas y niveles resultarán mucho más sencillas usando una u otra, según nos demostrará la experiencia. Un elemento estratégico nada desdeñable.
También, al más puro estilo Ghouls 'n Ghosts, podremos hacernos con una armadura dorada que reduce la cantidad de daño recibido, al tiempo que incorpora a nuestro arsenal un escudo, que se activa al agacharse y con el que podremos detener buena parte de los proyectiles que nos lancen. Y, por qué no decirlo, le da al protagonista un aspecto a lo espartano de “300” que mola un montón.

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Nuestra primera armadura, cortesía de Atenea, que tiene un ojo clínico para eso de las tallas de yelmo


El control, tremendamente sólido, es exigente en términos de la precisión necesaria para moverse y golpear, pero nos da todas las herramientas para que nos quede claro que cada ataque que fallemos será fallo nuestro, no del juego. Es un esquema que hubiera estado como en casa en una Master System o una NES, sistemas ambos cuya influencia se deja notar en numerosas de las decisiones que han dado forma a The Curse of Issyos.
La paleta de colores elegida, por ejemplo, es muy agradable y huye de un uso estricto de la clásica paleta de la NES, tan manida en los actuales desarrollos neo-retro, acercándose por momentos al aspecto de un juego para Master System o Turbo Grafx, lo que es a todas luces un bienvenido cambio de esquema. Los sprites tienden a seguir una autoimpuesta restricción en el número de colores usados, reducido a 3 o 4, como era típico en la NES. El protagonista mismo no parece usar más de 5 o 6 colores en su diseño.
Encontramos toques de calidad cinematográfica por doquier, tirando de referentes ineludibles: de Talos sobre su pedestal a escorpiones gigantes, pasando por esos soldados esqueleto, hijos del Dragón, que atacan chillando espantosamente - puede uno entender que haya quien salte por un acantilado antes que tener que enfrentarse al pelotón del xilofón.

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Creednos: cuando llegue el momento de "afrontar" a este Titán, querréis una espada...


Los valores de producción pican francamente alto, si bien los fondos pueden resultar algo simples en algunos niveles (el bosque, por ejemplo), aunque ese aspecto es consistente, de nuevo, con la inspiración general en los juegos de las consolas de 8 bits. Desde un puerto a una polis en ruinas, pasando por una montaña en llamas o un oscuro templo, hay una gran variedad de escenarios para la acción del juego. Las animaciones son sencillas pero efectivas, y hay una generosa cantidad de enemigos, especialmente para el tamaño del juego. En cada nivel encontramos al menos un Boss, que ofrecen como cabría esperar algunos de los momentos más intensos (léase: "voy a vomitar por la tensión") del juego. Las batallas contra el minotauro, las harpías y, por supuesto, Medusa; competiciones de astucia espacial en las que no podemos parar de movernos, buscando siempre ganar la posición al enemigo, son de auténtico infarto. De lo mejor de Locomalito.
A pesar de todo, la curva de dificultad está exquisitamente ajustada, siempre y cuando uno sea un pelín masoca. La experiencia parece no distar mucho de lo que sería escalar el propio Monte Olimpo: cerca de su base, mientras el terreno es plano, se puede avanzar sin grandes problemas, pero pronto dejamos la falda de la montaña, el terreno se hace más abrupto y las cuestas, más y más escarpadas. Para cuando hayáis alcanzado el nivel 'Burning Mountain', estaréis no sé si chapurreando griego, pero sí blasfemando en arameo.

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¿Qué se esconde tras la misteriosa puerta #2? Pero, más importante, ¿¿cómo demonios se abre??


En cualquier caso, lo cierto es que The Curse of Issyos resulta uno de los juegos más accesibles que Locomalito nos ha regalado hasta la fecha. Lo que no quiere decir que sea fácil, atención. Simplemente depende de dónde coloque uno el énfasis en la dificultad. Es factible alcanzar el aparente monstruo final en la primera o segunda partida, tirando de uso indiscriminado de créditos. ¿Dominar el juego como para completarlo con un solo crédito y descubriendo todos sus secretos? Eso, amigos míos, es yogur griego de otro costal, y un logro que no estará al alcance de cualquiera.
Huyendo del carácter más arcade que le caracteriza, The Curse of Issyos incorpora un componente de exploración que, sin ser completamente novedoso en la panoplia de Locomalito, sí lo es la forma integral en que forma parte del diseño. Comenzando por la inclusión de un mapa de overworld (diseñado con las pinturas sobre cerámica de la Grecia antigua en mente), pero que alcanza su máxima expresión dentro del propio juego, con niveles que hay que recorrer de punta a punta en busca de distintos elementos, teniendo a menudo que estudiar el movimiento entre pantallas para alcanzar plataformes que quedan fuera del alcance a primera vista. Todo gracias a un muy inteligente y cuidadoso diseño de niveles, que es a estas alturas marca de la casa y denominación de origen, y representa otro de los grandes puntos fuertes del juego: abandona la tendencia actual de dejar el diseño de la estructura del juego a la aleatoriedad, en pro de un diseño tradicional en que la mano del creador resulta obvia y agradecida: un artesano del videojuego. Es como comparar un producto producido en cadena con uno hecho a mano - no hay color.

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Duelo de Titanes


No obstante, el desarrollador establece una extraña dicotomía al usar un timer durante la partida. Si por un lado incentiva (premia, incluso) la exploración, invitando a recorrer cada recodo de cada nivel para encontrar los ítems escondidos que sin duda darán acceso a otros secretos mayores, por otro la penaliza (castiga, incluso) obligándote a mantener un ojo sobre el crono que, inmisericorde, gotea en nuestra contra, y al llegar a 0, perderemos una preciosa vida. Realmente parece una mecánica incluida porque es lo que cabe esperar en un juego de estas características, no por que ofrezca nada al juego. ¿Herencia, tal vez, de un diseño previo, distinto?
Cerrando el apartado audiovisual, laureado con diploma, banda y medalla, el trabajo de Gryzor87. ¡Zeusito de mi vida y de mi corazón! Si hace poco, en otro artículo de impresiones, comentábamos lo importante que resultan una banda sonora y unos efectos de sonido con carácter, factores que a menudo en los mundillos indie y homebrew se obvian o a los que se dedica, por un motivo u otro, menos tiempo, en The Curse of Issyos tenemos un ejemplo que epitomiza lo que se puede lograr con mimo y raza. Gryzor87, de vuelta a PXTone, ha firmado un trabajo enorme, con unos efectos de sonido de tremenda personalidad (el chillido del soldado esqueleto al atacar os lanzará escalofríos columna abajo mucho después de haber dejado de jugar) y una banda sonora para la que nos quedamos cortos de calificativos. Llevando con orgullo las influencias de dos de los grandes del Hollywood más clásico, Bernard Herrmann y Miklós Rózsa, la banda sonora de Issyos es puro Gryzor87: potente, evocadora y, en este caso, debidamente épica con grandeza mitológica a manos llenas. A mi entender, su mejor trabajo desde Hydorah, y eso es mucho, mucho decir. Sólo me queda esperar, y rogar si es necesario, que Gryzor87 decida grabar una versión orquestada de esta banda sonora. Ofreceremos unos bueyes a Atenea, en holocausto, a ver si nos hecha un cable con esta idea...

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De piedra se han quedado al enterarse de que este juegazo ha sido creado por sólo dos personas


En el lado menos positivo tenemos algunos detalles que extrañamente se han escapado al generalmente puntilloso Locomalito, como el logo de GameMaker: Studio usado a modo de icono del juego, que también aparece en la barra de tareas (una configuración por defecto del programa), o el título de la propia ventana. Pecata minuta, desde luego, y quizás incluso son elementos de la versión previa, ofrecida a sus mecenas con unos días de antelación, y que tal vez estén corregidos en la versión lanzada hoy. En todo caso, sorprende que algo así haya sido pasado por alto.
También puede resultar criticable, al menos a ojos de algunos, la corta duración del juego: en menos de 45 minutos es posible alcanzar el enfrentamiento con Medusa (que, por otro lado, aún no sé cuán cerca queda del final del juego, porque no ha habido sirtakis a superarlo…). The Curse of Issyos se nos queda corto. Y no se trata únicamente de una crítica a su duración, pero este juego grita 'METROIDVANIA' a los 4 vientos, y el mapa y las zonas en las que encontramos NPCs con los que conversar, al estilo JRPG, excitan la imaginación como en su momento hiciera el Zelda original de NES. Ofrecen esa sensación de "aventura", de "mundo abierto", de algo más que nivel tras nivel tras nivel… The Curse of Issyos es considerado como uno de los juegos “pequeños” por Locomalito, de modo que esta crítica no es realmente aplicable. Pero como jugador y fan, me gustaría que The Curse of Issyos se acercase más a la duración y profundidad de Hydorah o Maldita Castilla. Porque es tan bueno como esas dos joyas. O quizás más, visto su potencial. Quisiera poder introducirme durante horas en el mundo de Defkalion, explorar los niveles con calma, descubrir quizás rutas alternativas, enfrentarme al Olimpo al completo y todas sus huestes reunidas…

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Hay algo familiar en esta imagen...


Soñar es posible, y tal vez si el éxito del juego lo justifica, dentro de unos años Locomalito y Gryzor revisiten la isla de Issyos para ofrecernos una nueva visión, más completa y compleja, de las aventuras (y desventuras) del guerrero pescador. Entretanto, no podemos recomendar lo suficiente esta joya - ¡jugadlo! Y cuando hayáis acabado de disfrutarlo, probablemente varias veces, no olvidéis que tenéis (tenemos) una deuda de gratitud con su desarrollador, que sigue ofreciéndonos juegos increíbles al igualmente increíble precio de ‘nada en absoluto’. Así que, cuando menos, pasaos por su web y dadle las gracias. Ese simple gesto da valor al esfuerzo realizado por los estupendos Locomalito y Gryzor87, y quizás ayudará a convencer a más de uno de que “gratis” no es lo mismo que “sin valor”.
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Menudo regalazo de Navidad... ¡Gracias, maestros!
Más información y descarga en la página de LocomalitoEcha un vistazo a nuestra retrospectiva sobre el trabajo de los malagueños
 

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