Revista Cultura y Ocio

Rómulo el magnífico. teatro quevedo. madrid

Por Orlando Tunnermann

RÓMULO EL MAGNÍFICOTEATRO QUEVEDO. MADRID.WWW.EL-HOTEL-DE-LAS-ALMAS-PERDIDAS.BLOGSPOT.COM
(Una astracanada muy divertida en clave romana, grandes actores, un sainete disparatado)
RÓMULO EL MAGNÍFICO. TEATRO QUEVEDO. MADRID
Hay determinadas cosas en esta vida que de manera global nos afectan a todos por igual, dejándonos en el alma un inconfundible regusto a felicidad o aversión. La crónica que abordo hoy, antes de aterrizar en el preámbulo del análisis de la función teatral “Rómulo el magnífico”, comienza con la acre admonición, reprimenda, tirón de orejas e ingentes dosis de animosidad (antipatía, hostilidad) por mi parte para la insufrible pareja de espectadores, hombre y mujer que, sentados en las butacas 5 y 6 de la fila cuatro, acaso acuciados por un extraño síndrome de verborrea, falta de respeto y educación, permanecieron durante toda la función cotorreando como adictos a la lengua, los chismes y la cháchara absurda e indiscriminada. Espectadores como ellos, maleducados, indisciplinados y egoístas demuestran con su actitud muy poco respeto al resto de espectadores y a los propios actores, quienes se nutren del silencio de la sala para mimetizarse con sus papeles y no perder la concentración. Hablo de la noche del estreno, sábado día 17, función de las 21:00. Me pregunto si los aludidos llegarán a leer esto y si en su mente minimalista se encenderá la llama de la reflexión...
En fin, paso ya a glosar (comentar) los aspectos más destacables de esta divertidísima y extravagante visión del Imperio romano en pleno declive de su existencia. Humor chusco, una astracanada en toda regla, una cascada de despropósitos que enmascara a un séquito romano inverosímil, grotesco y por tanto, fuente de risas para el espectador. Debo decir que este no es mi tipo de humor. El señuelo de unos trasuntos esperpénticos de la insoportable Belén Esteban y el inclasificable Mario Vaquerizo no acaban de engancharme; pero este tipo de humor funciona como una ruleta de la fortuna en nuestro país. No tengo la menor duda que “Rómulo el magnífico” ha sembrado ya en su estreno las primigenias semillas de lo que será un éxito rotundo. El trabajo de los actores es inmenso, denodado, generoso y sobre todo impecable. El patio de butacas participaba de manera activa en la bufonada que tenía lugar sobre el escenario, la hilaridad está garantizada. Un engranaje interpretativo brillante, donde rutila con una magia especial Toño Balach como consentida y redicha doncella palaciega que no cesa de lloriquear y patalear exigiendo a su padre como ofrenda un caballo. La retórica “latinizada”, utilizada a granel sin orden ni concierto, es otro de los recursos más ingeniosos de la función.
Por tanto, una salutífera medicina para el alma servida en formato de sainete surrealista en clave romana.

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