Revista Educación

Soy una conexión wifi

Por Siempreenmedio @Siempreblog
Soy una conexión wifi

Ayer por la mañana me puse una vacuna. Cuando llegué a casa descubrí, con gran inquietud, que todos los vecinos estaban robándome señal wifi de mis pestañas. No tengo ni idea de qué es el 5G pero, desde entonces, sólo puedo pensar en eso y siento un amor irrefrenable por Bill Gates. Llamé a mi hermana mayor, que me reprendió por haberme vacunado y no asistir a su fiesta del fin de semana, donde se rociaron con un líquido que ella misma hizo en la bañera y se dieron muchos besos y abrazos, porque todas las enfermedades se curan con su brebaje y no con esos medicamentos que lo único que quiere la Organización Mundial de la Salud (OMS) es ganar dinero, que los ricos sean más ricos y los pobres nos muramos. La OMS y su horda de investigadores, claro, jóvenes que decidieron no visitar las discotecas ni los bares de las facultades para estudiar mucho, hacerse científicos e ingenieros en no sé qué y cobrar sueldos precarios a cambio de no ayudar a los enfermos y de que los dueños de las farmacéuticas y las entidades internacionales puedan adquirir su último coche de lujo.

Así que influida por mi hermana mayor, decidí llamar al jefe de la Organización Mundial de la Salud para cantarle las cuarenta y me dio igual su currículo, sus conocimientos extra o sus argumentos científicos. Eso sí, al final le pedí consejo porque oye, yo no quiero contagiar al resto de este extraño efecto de la vacuna y me ha dicho que no me preocupe, que no se contagia, pero que salga a la calle metida en un condón gigante.

No les voy a contar la noche que he pasado, con visiones terribles de vídeos que mis vecinos han decidido disfrutar vía mi conexión wifi, pero, en mi inevitable insomnio como antena de comunicaciones sobrevenida, he pensado que no está mal sospechar que todo en esta vida es una conspiración, el problema es que sólo nos cuestionamos determinadas cosas y pocas veces pedimos pruebas a quienes "denuncian", nos llaman tontos a todos los demás, o vilipendian sin poner las cartas sobre la mesa. Si cuestionamos las versiones oficiales hagámoslo también con las oficiosas, más que nunca nos hacen falta periodistas de investigación que no estén vinculados a intereses económicos, esto es, que no necesiten para comer contar con patrocinadores públicos ni privados. Pero eso quizás pase porque no queramos que los contenidos sean gratis y seamos consumidores responsables, y eso es abrir un gran melón discursivo y yo, al fin y al cabo, ahora mismo soy solo una conexión wifi.


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