Julioalejandre

Descripción

Julio Alejandre Calviño nace en Madrid de los sesenta, en pleno baby boom. La llegada del hombre a la luna lo pilló con pantalones cortos (aunque la vio en un viejo y pesado televisor de blanco y negro) y la ley general de educación lo envió, por los pelos, a la EGB. Pasó por múltiples y dispares centros educativos, colegios, institutos y universidades, sin conseguir superar en ninguno de ellos la barrera de los tres años. La llegada del socialismo la conoció en el cuartel de Hoya Fría, Tenerife, y el advenimiento de los populares fue un acontecimiento lejano que vivió desde Centroamérica mientras se dedicaba en cuerpo y alma al extraño oficio de “cooperante”. Colomoncagua, Mesa Grande, Morazán, Sensuntepeque y Santa Marta son nombres que quizá no le suenen a casi nadie y que dejen indiferente a la mayoría, pero que para Julio tienen su significado. De aquella época le quedaron unas cuantas arrugas y una alopecia galopante, una familia mestiza, muchos amigos, el gusto por la literatura hispanoamericana y una cantidad indeterminada de historias para contar.
Después de dar muchas vueltas por el mundo, volvió a recalar en las procelosas aguas del magisterio, donde todavía se desempeña, a la espera de poder ganarse la vida con los afanes de la literatura. Dicen de él que la vocación de escriptor le llegó tarde, siendo casi un cuarentón, pero no hay que hacer mucho caso de las habladurías de charlatanes y chismosos, porque sus primeros cuentecitos los escribió en la más tierna infancia, o a lo sumo en su primera juventud. También comentan que le atrae la política ficción y que no le gustan las grandes urbes, por eso se ha afincado en la Baja Extremadura, una región mitológica donde conviven héroes y villanos, y donde las fuerzas del bien sostienen una titánica lucha contra el lado oscuro del neocaciquismo rampante.


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