¡¡ Bienvenidos todos, bienvenidos !! Con una pegadiza música, éste era el estribillo que escuchamos nada más llegar al fantástico Hotel Gran Bahia Principe Akumal, donde decidimos mi marido y yo pasar la última semana del año en México; canción que nos acompañó en todo momento como música de fondo en la recepción y en cada rincón del increíble y precioso hotel.
¡¡Nos vamos al Caribe!! Pasaremos la noche de fin de año en un lugar mágico, nos vamos a México. ¡Viva, viva! Me parecía estar oyendo marimbas, maracas y escuchando canciones cantadas por mariachis (cuanto nos ha dejado en la imaginación las películas mexicanas, sus canciones y el genial Cantinfla) mientras preparaba mis dos maletas amarillas fosforito que nos ha acompañado por medio mundo. ¡ No te lleves tantas cosas para nueve días ! Me decía. No, no te apures sólo la grande con la ropa y en la pequeña pongo los zapatos, equipo de buceo, bañadores y artículos de aseo…
Estaba todo estudiado, programado y revisado al detalle, el hotel sería el más alejado de toda civilización turística, a 130 kmts.de Cancún en Tulum, en el estado de Quintana Roo, bucearíamos en las coralinas y turquesas aguas caribeñas, hará buen tiempo, calor, sol, playa y arena blanca. Viajaríamos cerca de Belice, en 4 x 4, a través de la selva, para navegar entre manglares y poder nadar entre delfines y tortugas.
Y estábamos de suerte, como buenos amantes y apasionados de la arqueología haríamos otra de nuestras actividades preferidas, visitar las maravillas arqueológicas de la Peninsula de Yucatán, donde se encuentran los mejores ejemplos de la civilización maya.
Nunca me hubiese imaginado que el tiempo no me acompañaría, que hacía frío, que el cielo estuvo encapotado, cubierto de nubes, viento y el mar pintado de gris con pinceladas blancas de la espuma del fuerte oleaje. No fue óbice para que quedáramos impresionados por la inmensa selva que circundaba las hermosas pirámides y los edificios mayas. El mar de árboles que conforman el precioso estado de Quintana Roo guardan increíbles tesoros, destaca, sobre todos ellos, Chichen Itzá, que fuera un importante centro de poder nacido de un cenote sagrado y con la fabulosa pirámide escalonada de Kukulkán como emblema principal dentro de un recinto gigantesco.
Sí llegó mi maleta, la pequeña, la de mis zapatos y el equipo de buceo. Por cierto, sólo pudimos ver los fondos marinos cerca de Belice, donde el mal tiempo nos dio un pequeño respiro.
Así que mi marido, aunque parezca muy serio a priori, como buen andaluz tiene muchos “golpes”, un humor muy inteligente y preciso....cambió la letra del estribillo: ¡¡¡ Bien j…..didos todos, bien j....didos !!!
Pero no por ello dejamos de disfrutar de tan maravilloso pais, de su gente, de su cultura y de su gastronomía. Aunque he de reconocer que al no ser muy amante del picante no pude disfrutar siempre en todo su esplendor. Por cierto, he ido descubriendo con el tiempo que la gastronomía de México tiene mucho, muchísimo por ofrecer aparte de lo que siempre hemos conocido como cocina popular: tacos, nachos y burritos.
La gastronomía yucateca fue uno de mis grandes descubrimientos, bajo una notabilísima influencia maya se mezclan diversos ingredientes de la cocina española, sudamericana e incluso asiática, lo que da forma a una gran variedad de platos muchos de los cuales han traspasado fronteras como la archiconocida cochinita pibil (carne de cerdo adobada en achiote acompañada con cebolla morada y una salsa de chile habanero). Aunque no puedo olvidar los huevos motuleños o la sopa lima agria.
Esto último me recuerda dos cosas. Que éstos días como #YoMeQuedoEnCasa tengo la necesidad de dejar volar mi imaginación gastronómicamente hablando, que quiero viajar soñando y que ha pasado demasiado tiempo desde que fui a México. ¡Y eso hay que solucionarlo pero ya! Pensado y hecho. Viajo a México sin moverme de “Mi Cocina”, mientras sueño en que algún día, espero que no muy lejano, volveremos pero sin mi maleta amarilla, me animo y preparo una receta que me hace volar hacia el pais hermano, hacia México lindo.
He preparado éste AGUACHILE DE CAMARONES Y AGUACATES.
Ésta delicia es como un sashimi con caldo, adictivo, si gusta el picante: muy picante debido a uno de los ingredientes principales, el chile chiltepín o chile serrano y refrescante al mismo tiempo. Por mi poca afición al pique y porque es difícil conseguir éstos pimientos en nuestro país, como comprenderán he usado pimiento verde tipo italiano.
Éste plato es oriundo de la costa del Pacifico mexicano, concretamente de Sinaloa por lo que he podido leer, la receta original evolucionó y existe un sinfín de aguachiles como los rojos, verdes y hasta los que llevan tequila.
He podido leer que le llaman “el manjar de los amantes de los mariscos crudos”, personalmente, hoy por hoy es uno de mis platos preferidos, una hoya de la corona de la gastronomía mexicana, que les animo a preparar.
INGREDIENTES PARA DOS PERSONAS:
250 grms. de gambas blancas (previamente congeladas durante 48 horas y descongeladas posteriormente a temperatura ambiente), el zumo de dos limas (en su defecto limón), medio pepino, un pimiento verde pequeño tipo italiano (en la receta original (chile serrano o chiltepín), una ramita de cilantro fresco, media cebolla pequeña morada, un aguacate, sal y pimienta negra,
Pelar y limpiar las gambas sacándoles el intestino (si es necesario cortarlas en forma de mariposa, pasándoles el cuchillo por el lomo a fin de extraerles el cordón intestinal).
En un cuenco echar las gambas junto con el zumo de las limas, dejándolas macerar.
Dejar un trocito de lima, de pimiento y algunas rodajas de pepino para decoración.
Añadir el licuado al cuenco de las gambas, incorporar la cebolla cortadas en juliana y los trozos de aguacate, salpimentar al gusto removiendo bien todos los ingredientes a fin de que se integren bien todos los sabores.
En honor a los cocineros más “chipocludos”, por profesión y afición, dueños de KGB Restaurante, a quienes queremos y admiramos, nuestros grandes amigos, mexicano él Jose Alberto Callejo e Irene Garrido, mexicana de corazón.
Nota.- Chipocludo: persona que es buena en lo que hace o la que está a cargo.