Alto Do Joa 2017

Por Bodegaateneo

Solo dejé unos pocos retazos, unos pocos pensamientos muy en caliente, en Twitter (no voy a llamarlo X, no estoy aún perdido), sobre lo que fue mi primera incursión por tierras portuguesas, durante mi descanso a las orillas del Lago de Sanabria. Así que, lo prometido es deuda, y como hay un buen amigo, testigo de aquestos acontecidos, intentaré comentarlos tal cual fueron. Seguramente hubiera sido esta entrada carne de sacrílegos, pero al final, maldita sea, el vino estaba bueno.

Era una mañana de domingo de agosto, y tocaba atravesar la frontera portuguesa desde Puebla de Sanabria, con destino la zona de Tras Os Montes, cerca de la ciudad de Braganza. La ruta, tan bonita como tortuosa, recorría paisajes en los que se mezclaba el monte con las zonas más afectadas por el incendio del año pasado, en la Sierra de la Culebra. Una vez repostados allí, iniciamos la salida de las carreteras generales, para alcanzar la localidad de Parada, donde se encuentra la bodega Casa de Joa. Tras un delicioso pingado en la taberna del pueblo, nos dirigimos a la bodega.

Esta pequeña bodega, aquí diríamos de garaje total, guarda tanto sus depósitos como sus barricas dentro de lo que parece un granero, totalmente rehabilitado, con un pequeño espacio para las visitas. No tuvimos suerte de pillar a Jorge Ortega Alfonso, enólogo de la bodega (JOA), pero allí nos esperaban dos amables señoras portuguesas que nos fueron contando un poco sobre los vinos de la bodega. Nos fueron dando a probar los vinos que estaban en las barricas, a algunos aún se les veía con necesidad de bastante tiempo, y mi amigo David, pues les pidió que nos llevasen al viñedo. Las anfitrionas entonces me pidieron ir con mi coche, mi propio Nissan, y con estas llegamos a uno de los viñedos, a la salida del pueblo, entre estrechas calles, delimitadas por muros de piedra. Adjunto alguna foto de aquel pequeño viñedo con cepas realmente viejas, con castas blancas y tintas mezcladas al azar. Al volver a la bodega, nos sacaron un poco de queso, y decidimos llevarnos alguna botella, la que hoy traigo al blog. Una vez nos dijeron el precio, resulta que mi colega no llevaba efectivo, al mas puro estilo capitalino, craso error, y decidí pagarle la botella en adelanto. Saqué mi tarjeta, pero como descubrí con dolor aquel día, eso no se destilaba nada allí, así que solté el dinero en efectivo. Bueno. Pero al salir, amablemente nuestras anfitrionas nos recordaron que no habíamos pagado la visita, casi 30€ por napia, y por supuesto en efectivo. Os recuerdo que no llegamos a probar un vino embotellado, y que la visita al viñedo fue con mi propio coche. Así que, deje mi cartera tan vacía como la moral de Rubiales, con apenas 5 euros y en país extraño.

No obstante, nos armamos de buen humor, con la esperanza de que, una buena comida en Braganza, nos quitase un poco la sensación de habernos timado. No negaré que en su propia web, así como en esta entrada del blog Donde come Noelia, base de mis preparativos para la visita, se habla del precio, pero creo no es ajustado a lo que se ofrece. Lo veo así.

Tras un pequeño viaje, llegamos a Braganza. Era domingo y con un sol poderoso. David Vázquez, que es un experto gastrónomo y amante de Portugal, como demuestra en su canal de youtube La Mesa del Conde, ya había estado allí, y durante el paseo me comentó de ir a un restaurante que recordaba en la zona centro. Llegamos allí, un pequeño restaurante con terraza a la plaza, y antes de sentarnos, con buen criterio, preguntamos a las camareras si aceptaban tarjetas, a lo que ellas asintieron. Sin género de duda, ni problemas de traducción. Ya dentro, David notó que no era ya el mismo estilo de restaurante que él había conocido, pero estábamos allí y había hambre, algo que todos los amantes del vino conocemos, el vino da mucha gana de comer.

La cafetería Pregaria Do Tuca, servía platos «típicos» y hamburguesas, así que sus tiempos de comida tradicional portuguesa, eran parte del pasado. Al pedir los platos, varios ya no estaban disponibles ¿?, así que, al final, casi comimos lo que ellas quisieron, con el maravilloso acompañamiento de unas patatas fritas de bolsa. La música atronaba en el local, y las camareras no se cortaban en canturrear. Nos temíamos lo peor. Acabamos de comer, más por alivio que ganas, y pedimos la cuenta, ya que aún nos quedaba viaje por delante. Saco la tarjeta y, oh milagro, la máquina no me la coge; David hace lo propio y le pasa igual, mientras la camarera nos intenta convencer que solo funciona con tarjetas portuguesas. Os juro que deseaba quemar aquel lugar por los cuatro costados, con las camareras dentro, pero David se levantó y busco un cajero. Al rato, volvió para pagar la cuenta, aún recuerdo que era de 22€. David pagó 30€. Al minuto vuelve la camarera, que no tiene cambio de 10€. Me pongo a buscar 2€ en mi cartera, y obviamente, no dejamos propina, mientras maldecimos el lugar al salir.

La escena del crimen, en Pregaria Do Tuga

Todos estos hechos, de no pillarme de vacaciones y de buen humor, hubieran sido nefastos. También digo que unos días después, y bien acompañado de otro crack al que no puedo nombrar, me reconcilié con los portugueses en Miranda de Douro, lo cual quizás os cuente en otra entrada. Al cruzar la frontera por la zona zamorana, os juro que deseaba bajarme y, como el papa Wojtyla, besar el suelo castellano, donde se admiten tarjetas, como medio de pago. Podría quedar todo como una anécdota de viaje, quizás el recuerdo provinciano de un turista castellano, pero al probar el vino, entendí que debía escribir de él, tanto la de cal como la de arena.

El Alto de Joa Red 2017, elaborado por Casa de Joa, dentro de la DO Trás-Os-Montes, está elaborado con un coupage casi imposible de determinar, a la mejor manera portuguesa, formado por Bastardo , Mourisco tinto, Cornifesto, Tinta Bairrada, Alvarelão, Malvasia Preta, Jaén, Esgana caso, Formosa, Siria, Douradinha, Gouveio, Folgasão, Chasselas salsa y otras, procedentes de viñedos prefiloxericos, más de 120 años, y una altitud de 800 metros, con una posterior crianza en barrica francesa de 36 meses.

Presenta un color rojo picota de capa muy alta, con destellos atejados no solo en el ribete, sino por todo el vino, con una lágrima densa y persistente, propia de su 14,5 grados declarados. Aromas a fruta roja madura, compotado, con notas marcadas de sobremaduración, fragante y con una nariz muy interesante, con un regusto dulzón, nada empalagoso. Buena entrada en boca, muy amplio, cuerpo medio alto, la barrica muy bien integrada, con un regusto final en el que se aprecian los meses en barrica, elegante, con mucha presencia, un señor vino que yo guardaría unos meses más aún, ya que, con los ojos cerrados, nos lleva al alto Douro sin equivocación. Uno de los mejores vinos que he probado este año. Recomendable por supuesto.

R.

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