El Bàrbara Forés Blanc 2011 es un vino que se compra por 6-7€ y que vale mucho más de lo que cuesta. Hecho también de garnacha blanca (sin duda, una de las señas de identidad de la Terra Alta y de esta bodega), con un 3% de viognier, es un vino que nace de una primavera lluviosa y de un verano muy seco. La cepa trabajó, en el momento de maduración de la fruta, con dureza para sacar su fruta adelante. Y la vendimia tuvo que empezar temprano. Es un vino sin crianza de madera pero que puede aguantar muy bien unos años de crianza en botella. La maceración pelicular larga (20 horas) y la fermentación controlada por frío de 15 días, se lo van a permitir. Con 14%, hay que tomarlo fresco, pero no frío porque el alcohol no pesa. La primera nariz es de cítricos y el primer trago te devuelve cierto amargor vegetal de la variedad. El vino tiene el equilibrio y temperamento de la flor de la mimosa: es punzante y limonero, pero al mismo tiempo atrae por su frescor y por un mínimo punto dulce (de la viognier). Casi tiene un punto de miel de azahar y a ratos, me trae el recuerdo de los naranjos en flor tras la lluvia. Qué aroma tan atractivo. Este vino es una buena "golosina", que acompaña de maravilla cualquier pescado con personalidad, sobre todo al horno. Aunque como aperitivo y para no pocos platos del recetario japonés, será también un buen aliado. Con un poco de aire y de temperatura, te devuelve aromas de membrillo maduro y de fresia.
El Bàrbara Forés Blanc 2011 es un vino que se compra por 6-7€ y que vale mucho más de lo que cuesta. Hecho también de garnacha blanca (sin duda, una de las señas de identidad de la Terra Alta y de esta bodega), con un 3% de viognier, es un vino que nace de una primavera lluviosa y de un verano muy seco. La cepa trabajó, en el momento de maduración de la fruta, con dureza para sacar su fruta adelante. Y la vendimia tuvo que empezar temprano. Es un vino sin crianza de madera pero que puede aguantar muy bien unos años de crianza en botella. La maceración pelicular larga (20 horas) y la fermentación controlada por frío de 15 días, se lo van a permitir. Con 14%, hay que tomarlo fresco, pero no frío porque el alcohol no pesa. La primera nariz es de cítricos y el primer trago te devuelve cierto amargor vegetal de la variedad. El vino tiene el equilibrio y temperamento de la flor de la mimosa: es punzante y limonero, pero al mismo tiempo atrae por su frescor y por un mínimo punto dulce (de la viognier). Casi tiene un punto de miel de azahar y a ratos, me trae el recuerdo de los naranjos en flor tras la lluvia. Qué aroma tan atractivo. Este vino es una buena "golosina", que acompaña de maravilla cualquier pescado con personalidad, sobre todo al horno. Aunque como aperitivo y para no pocos platos del recetario japonés, será también un buen aliado. Con un poco de aire y de temperatura, te devuelve aromas de membrillo maduro y de fresia.