Caperucita roja y las lobas no feroces

Por Nika Vintage @NikaVintage

A veces los cuentos no son como nos los han contado, cuando
 ocurren cosas inexplicables, nadie las cree, por eso a veces
 los cuentos solo son simplemente eso, cuentos, la realidad 
suele ser mucho mejor.

 Va a ser un cuento sin buenos ni malos, los lobos son
 como los de verdad, bonitos y con sus cosas.  En este bosque encantado vivía una preciosa lobita marrón,
 era curiosa y  juguetona, siempre quería enterarse de lo que  ocurría en su bosque.

El día en que Caperucita Roja pisó el bosque de la lobita marrón,
 fue un día cualquiera, de esos que no hace ni frío, ni calor, uno de
 esos días en los que el bosque respira y deja respirar, todo estaba
 en orden, Caperucita Roja estaba maravillada con la belleza del
 lugar, no tenía miedo, todo lo contrario, disfrutaba de cada paso.

La lobita marrón enseguida olfateo algo nuevo, mejor dicho alguién  nuevo, un olor fresco y dulce, con una pincelada a regaliz. Empezó
 a buscar y se escondió, ahí fue cuando la vio por primera vez, una
 persona... Había oído hablar mucho de los humanos y los temía 
enormemente, sin ningún motivo algunos mataban a amigos suyos,
 otros venían y talaban árboles, pero ella parecía diferente no
 le infundía temor.

Enseguida fue a avisar a su hermanita pequeña, la lobita blanca. Ella era temeraria y alocada, no tenía miedo a nada, quería ver  urgentemente a la humana, albergaba una tremenda curiosidad,  nunca había visto ninguna y quería saber por ella misma si  era cierto todo lo que se decía de esos humanos.

Caperucita Roja hizo un alto es su camino y decidió intentar
 descansar, estaba agotada, llevaba tras de si un largo recorrido,
 quería encontrar su lugar, intuía que no estaba muy lejos, este
 bosque le gustaba cada vez más.

No estaba segura pero percibia que algo o alguien la observa  tal vez eran imaginaciones suyas, quien sabe, el bosque está lleno  de ruidos, de pequeños animales, puede que solo fuera el silbar
 de las hojas de los árboles con la caricia del viento, intentó  convencerse de todo ello, pero esa sensación no cesaba.

Al fin el cansancio la venció, estaba desfallecida, llevaba
 demasiado tiempo caminando, ese bosque poseía algo especial,
 se sentía protegida, no lo dudó, se abandonó al sueño en una gran
 piedra forrada de esponjoso musgo, era el colchón perfecto.

Cuando Caperucita Roja se hallaba profundamente dormida, las  dos lobitas aprovecharon la ocasión, cada vez se acercaban más,  y más, querían olerla, verla, sentirla. Ese humano era realmente  fascinante, no parecía ser malo, todo lo contrario, más  bien aparentaba estar perdido.

Ya estaba lista, podía seguir, era una sensación maravillosa,  tan viva, este bosque definitivamente le sentaba de fábula,  pero no dejaba de advertir esa presencia, era una constante,  pero sorprendentemente no sentía inquietud, ese algo  era apacible, cordial. 

Aquí era, este es su sitio, lo encontró, estaba segura de ello,
 lo sentía en su interior, un lugar donde ser ella misma, un retiro
 magnífico que necesitaba en su fuero interno, estaba fascinada
 con la belleza del bosque, nunca pensó en encontrarse
 tan sumamente bien.

Las lobitas vivían muy cerca de donde quería asentarse Caperucita  Roja, estaban muy contentas, no dejaban de aullar de júbilo, sabían  que se quedaría, deseaban con todo su corazón ser amigas, pero 
era inevitable tener un poquito de recelo, no sabían como aquella
 humana reaccionaria al verlas. ¡Era toda una incógnita!

Decidieron ir a por alimento, con todas estas emociones se habían
 olvidado de comer y estaban verdaderamente hambrientas!

Caperucita Roja también estaba buscando víveres y útiles 
para comenzar su nueva etapa en el bosque, allí encontró 
multitud de seres amables y educados que le dieron
 la bienvenida, estaba encantada con su decisión!

La lobita blanca no dejaba de pensar en la humana, era imposible
 quitársela de la cabeza, olía tan bien... estaba resuelta arriesgarse
 e ir a conocerla ella sola, lo haría mientras la lobita 
marrón durmiera una de sus largas siestas. 

Caperucita Roja estaba en el Lago Transparente, así le habían
 contado sus nuevos amigos del bosque que se llamaba ese lugar
 tan mágico, cuando de pronto, notó que alguien se acercaba tras
de sí, era lo más bonito quehabía visto nunca, una pequeña lobita
 blanca, no sintió ningún miedo, la pequeña se le acercó como si
 ya la conociera, entre ellas pasó algo maravilloso, eso que pocas
 veces ocurre, esa conexión que fluye y te llena, comenzaron a
 hablar y a hablar de todo y de nada. Mientras tanto, la lobita
 marrón se despertó asustada, no estaba su hermana. 
¿Donde se había metido??

Siguió el rastro y descubrió que había ido tras la humana, estaba  triste, no había contado con ella, también la quería conocer, pero se tenía que hacer con cuidado, nunca se sabe con estos humanos...
 Por fin las vio en el lago, estaban hablando y parecían llevarse  muy bien, de modo que decidió acercarse a ellas, la humana no  se asustó, su expresión era de asombro, parecía estar cómoda  con ellas, no pudo evitarlo y riñó a su hermana pequeña por la  temeridad que había hecho, no debía de haber corrido tanto  riesgo, la humana se portó bien y las ayudó a reconciliarse.

Tuvieron una larga conversación en un lugar apartado, lejos de  esa humana, por fin las dos pequeñas lobas logran ponerse de  acuerdo, no querían discutir por ella. La lobita marrón solo estaba  preocupada y se lo hizo saber a su hermana, ella lo comprendió  y pidió perdón, no debía de haber ido solita. Caperucita Roja  estaba escuchando todo lo que decían, no deseaba ser causa de  enfado entre hermanas, pero le gustaban tanto esas dos pequeñas... la larga tarde que había pasado con la lobita blanca fue increíble,  debía tomar una decisión crucial. ¿Estaría preparada?

Volvió de nuevo al Lago Trasparente y pidió un deseo, el deseo  más importante de su vida que la transformaría para siempre, había  encontrado el lugar y a los seres con los que compartir su tiempo,  su risa, sus abrazos, su tristeza, sus enfados, sus preocupaciones  sus miedos y su felicidad.  Ahora era una de ellas, era una loba gris.