Texto original escrito por Ana. Sígueme en Twitter.
Hoy les comparto la tercera, y última, carta ganadora del concurso Carta de amor a tu cuerpo. La historia de Angélica me encantó porque demuestra que la enfermedad puede ser una gran oportunidad de crecimiento personal si así lo decidimos.
Por Angélica Martell
¡Hola, cuerpito!
A un año de haber comenzado el tratamiento para eliminar el cáncer de mama, lo único que quiero decirte es gracias, muchas gracias, y quiero decírtelo con una carta de amor para tí, con quien empecé ese 14 de febrero de 2012, con una cita con el oncólogo médico (mira tú, ¡que suertuda!) una verdadera historia de amor.
Ahora que recuerdo cada momento que pasamos juntos antes, durante y después del tratamiento, pienso en todas las pruebas duras a las que te sometí ¡y me has sorprendido amorosamente respondiento excelente a todo! Hemos sobrevivido a esa difícil enfermedad y ahora deseo que tengamos mucha vida por delante para compartirla.
Por 34 años no estuvimos quietos, nos gustaba movernos ya fuera en una larga caminata o bailando, pero hasta el 2008 comenzamos un entrenamiento de ejercicios en un gym y nos encantó.
Y luego te hice correr, algo que me reclamabas y mi mente te hizo no rendirte ni renunciar y ya después te empezó a gustar y corrimos y recorrimos muchos kilómetros y luego te enseñé las bondades del agua que tanto me gustan a mí y nos metimos a natación. Y te metí en tanto experimento culinario, hasta una dieta ovolactovegetariana que nos gustó mucho!
Y subimos, bajamos, corrimos, nadamos, bailamos, jugamos, comimos, dormimos, compramos, vendimos, sentimos, amamos, lloramos, trabajamos, estudiamos y ¡hacemos todo juntos! ¿Lo habías notado? Seguro que sí, la que andaba en otro planeta era yo, jajaja.
Y luego que te dolías de tanto esfuerzo, durante el tratamiento nos dimos cuenta que esos años de entrenamientos fueron lo mejor que pudimos haber hecho porque gracias a eso resistimos, a veces tú más que yo, porque mi cabecita loca no quería hacer nada y se dispersó un poquito por efectos de los medicamentos. Lo bueno es que después de las aplicaciones salíamos con hambre, ¡mucha hambre! Y te consentí con cada cosa que se te antojaba, intentanto cumplir la dieta que nos pusieron, ¡pero a veces la rompimos un poquito! ¿Recuerdas esa quimio donde comimos demasiado dulce y casi morimos de la náusea? ¡Ay, sí, ni lo recordemos mejor, guácala! ¡No lo volvimos a hacer!
Y después de seis quimios vino la cirugía, que nos ha salvado la vida, pero te mutiló y tuvimos que decirle adiós a uno de nuestros senos. No importa, porque aún así, tú sigues renovándote y ahora has cicatrizado excelentemente (ya luego haremos si se nos antoja una reconstrucción) y me aguantaste las radioterapias como nunca pensé, ¡te cuidé tanto! Y los efectos no fueron tan adversos, a pesar de tu color tan blanco, resististe muy bien la radiación y ya va desapareciendo el color oscuro que te hice adquirir, ¡a nosotros que ni nos gusta asolearnos sin bloqueador!
Y pensar que todavía antes de eso te sometí a cuatro quimios más. Y en los primeros meses del tratamiento te hice correr 10 Km porque según yo los tenía comprometidos en una carrera y milagrosamente llegamos a la meta en un tiempo que pensé no cumpliría. ¡Me sorprendiste mucho! Has de haber pensado que en lugar de amarte te odiaba, ¡ay, lo siento tanto, de verdad! ¿Me perdonas? Sé que fui una insconsciente de lo peor.
Ahora te cuido más, te procuro, te consiento (por dentro y por fuera) porque sé que me amas y yo he aprendido a amarte. Después de tal reto que cumplimos, no me queda más que agradecerte poniéndote en forma nuevamente y dándote de comer una nueva dieta enriquecida de amor para que cada día estés más fuerte, y en cuanto nos deshagamos completamente de los efectos de la quimioterapia podamos seguir nuestra vida en movimiento, ¡te prometo que llegaremos muy lejos!
Creo que esta enfermedad lejos de dañarnos nos ha beneficiado porque nos unió mucho. Aprendí a escucharte, y tu aprendiste que no hay problemas cuando hay una buena actitud. Y bueno, finalmente, no tendré otro cuerpo nunca, serás el único y así te amo.
¡Gracias cuerpo, gracias por tanto que me has dado, y por estar conmigo 24 horas los 365 días del año! ¡Que nuestra linda relación dure muchos, muchos años y ya llevamos casi 39!
Amorosamente,
Angie