Cuando la cocina debería ser un lugar hermoso, alegre, punto de reunión, aromas, sabores, donde no sólo cocinar, ni comer, sino de disfrutar de quienes amamos y construir momentos llenos de felicidad.
Vaya por delante decir que me siento muy afortunada teniendo “Mi Cocina”, dispongo de mucho espacio y luz, pero he de confesar que hoy por hoy, después de 28 años, cambiaría muchos detalles en cuanto al diseño de muebles y ubicación de los mismos, hasta el extremo de que me atrae la idea de abrirla al salón, en plan americano y no solamente con un ventanal como tengo, que por cierto puedo abrir o cerrar según las necesidades al comedor. Va cambiando mis gustos.
También daría marcha atrás y hubiese dejado al menos un fogón de gas, la placa vitro es estupenda, pero echo de menos el fuego, hasta el extremo de que no me importaría poder cocinar con carbón como hacían mis abuelas. Menos mal que puedo contrarrestar ésta falta, con una pequeña cocina a gas en mi patio, al que se accede desde mi cocina.
Lo mejor de mi cocina, es el espacio, la larguísima encimera que nunca me resulta lo suficientemente grande en algunos momentos, la despensa y la alegría que me aporta mis cuadros, mis libros y cada estantería repleta de especies y botellas de los mejores aceites de oliva virgen extra. Y su luz, el Sol que entra a raudales, el escuchar los gorjeos de los gorriones y el canto de pájaros que revolotean por ése cielo azul.
Mi madre me enseñó que cada cosa, cada “cacharro” tiene que estar en su sitio y yo lo llevo a rajatabla, lejos de asociarse con una manía( que también), aprendí de ella que es esencial ir limpiando a la vez que cocinamos. Me pone muy nerviosa acumular cacharros por grande que sea la encimera.
Aún con los buenos hábitos adquiridos siempre necesito tener espacio suficiente que me permita cocinar sin agobio y me viene de maravilla contar con un trozo de encimera que divide la cocina propiamente dicha de la zona comedor, que me sirve como línea divisoria mientras me hacen compañía mientras cocino.
Mi Cocina, seguramente es la zona más vivida de mi casa, pasamos muy buenos momentos y me encanta que para quienes cocino estén sentados, dándome conversación, mirando como preparo la comida, tomando un vino o picoteando lo que voy cocinando.
Es un lugar mágico para mi familia y amigos, un lugar donde por regla general prefieren comer quienes me visitan, a la cálida luz del sol que entra a raudales por el ventanal y la puerta de mi patio. Es un espacio que intento que sea acogedor a pesar de su decoración ochentera, impera el color verde, y las manzanas que también caracteriza mi cocina virtual, aportando alegría.
Es allí, en Mi Cocina, llena de verdor, de cuadros, de recuerdos, también de añoranzas, de vivencias, de luz, de sabores y aromas malagueños, a veces con toques orientales, donde paso una gran parte de mi día a día. Es donde se “cuecen” las recetas que comparto con quienes visitan mi blog.
Hoy les animo a preparar una receta deliciosa, VERDINAS CON JIBIAS.
¿CÓMO LO HICE?
INGREDIENTES PARA DOS PERSONAS:
verdinas 300 grms., Jibia (Sepia, choco) troceada (unos 150 grms. éste paso se le puede pedir al pescadero),
LOS PASOS A SEGUIR:
El día anterior echar en un cuenco las habichuelas en agua fría previamente salada y mantener toda la noche en remojo.
Cubrir el fondo de una cazuela con aceite de oliva virgen extra y pochar toda la verdura junto con las almendras, incorporando el tomate cuando esté listo el refrito, añadir el pimentón y las hebras de azafrán; echar el vaso de vino, dejar evaporar el alcohol un minuto e incorporar parte del caldo de la cocción de las judías.
A continuación pasar por la batidora de forma que quede lo más fino posible. Reservar.
Escurrir las alubias, enjuagarlas bien y ponerlas en una cacerola con el agua para cocinar de forma que queden totalmente cubiertas junto con los trozos de jibia.
Al servir, acompañar con una ramita de hierbabuena
Buen provecho.