Christopher Lee pertenece a la familia Carandini

Por Mercedes Mercedes Carandini @MercedesCarandi

Artículo publicado en el suplemento Vivir de La Vanguardia.

Christopher Lee no es tan malo ni da tanto miedo como en el cine. A los 88 años de edad y con toda una vida a sus espaldas, el personaje sigue siendo físicamente imponente, con su más de metro noventa de altura y esa voz fuerte y profunda que lo hace ideal para las películas de terror. En sus ojos y en sus maneras no hay, sin embargo, maldad alguna, yes difícil imaginárselo clavando los colmillos para chupar la sangre…

Lee acaba de recibir el premio Bafta del cine británico por su larguísima carrera, tan larga que desde su debut en 1948 ha actuado en 267 películas (más producciones que ningún otro actor; récord que recoge el libro Guinness de los récords), ya sea como el conde Drácula, el monstruo del doctor Frankenstein, el Scaramanga de El hombre con la pistola de oro –de James Bond–, o Mohamed Ali Jinnah, el líder musulmán de India que condujo a la partición y a la creación del estado de Pakistán.

Lee no lloró, pero se le vio visiblemente emocionado, y así lo ha reconocido: “Primero –dice– porque en esta profesión no hay mayor motivo de orgullo que recibir el reconocimiento de tus propios compañeros. Y segundo, porque el premio me lo entregó Tim Burton, con quien trabajé en Charlie y la fábrica de chocolate (2005) y al que considero uno de los mejores directores de las últimas décadas”. Se trata del mayor homenaje que concede la industria británica, y antes que él lo han recibido Anthony Hopkins, Alfred Hitchcock, Steven Spielberg, Judi Dench, Elizabeth Taylor y Vanessa Redgrave.

Christopher Lee es un londinense de pura cepa, algo difícil de encontrar en la capital inglesa. Nació en mayo de 1922 en el elegante barrio de Belgravia, hijo de un teniente coronel inglés del cuerpo de fusileros que fue galardonado por su valentía en la guerra de los Boer, y de una aristócrata belleza eduardiana, la condesa Estelle Marie Carandini de Sarzano, descendiente
del emperador Carlomagno y a cuya familia autorizó el emperador Federico Barbarroja a llevar
el escudo de armas del Sacro Imperio Romano Germánico. Inmejorable sangre, como diría
Drácula.

Cuando empezó su carrera en 1948 con un pequeño papel en la versión cinematográfica de Hamlet, nada apuntaba, sin embargo, a que acabaría como una de las principales caras del cine de terror. Protagonizó dramas de acción, comedias de aventuras y hasta un musical de John
Huston (Moulin Rouge, 1952), antes de aparecer en 1957 en el thriller de ciencia ficción La maldición de Frankenstein, la primera de muchas películas que haría para la legendaria productora Hammer Horror Films, junto al también actor Peter Cushing y el director Terence Fisher.

Al año siguiente asumió por primera vez el papel del conde Drácula, que le daría fama mundial como el príncipe de las tinieblas. El protagonista de La momia (1959) o Las dos caras del Dr. Jekyll
(1960) sigue activo y en plena forma a punto de cumplir los noventa, con nada menos que cuatro
filmes en la cadena de producción, y listo para retomar el papel del mago Saruman de El señor de
los anillos, en la película fantástica El hobbit, dirigida por Peter Jackson. No cabe duda de que una buena sangre (preferiblemente fría) es fundamental.