¿Cómo te relacionas con los hábitos?

Por Valedeoro @valedeoro

"Lo que te hace falta es un trabajo interno muy fuerte para convencerte que tú puedes. Así conseguirás la fuerza de voluntad necesaria para [insertar hábito]." La señora lo decía muy en serio, inconsciente de que recomendaba años de sufrimiento y auto-flagelación para algo tan simple como levantarse más temprano. Para ella era normal de que cada cambio requiere años de fracaso y de abnegación con todas las consecuencias que conlleva no cumplir con las propias expectativas. Sentirse mal contigo misma se convierte en un signo de que por lo menos lo estás intentando.

¡Vaya panorama! No me sorprende que los hábitos tengan tan mala fama: puro sufrimiento para conseguir algo que en realidad no quieres. Si yo fuera mi cerebro tampoco lo consentiría.

Cambios obligados versus la creación voluntaria de nuevos hábitos

Los cambios impuestos por tu entorno pueden ser rápidos y dolorosos: el cambio del horario labora que te obliga a madrugar, una alergia que aumenta tu atención a lo que comes o un embarazo que te inspira dejar el cigarro para siempre. La motivación borda la obligación y sin pensarlo mucho, cambias tus hábitos. Así de fácil.

Los cambios voluntarios suelen tener una motivación menos inmediata: los hábitos relacionados con tu desarrollo personal, tu éxito profesional o el cuidado de tu salud no son imprescindibles. No hay recompensa automática si cumples ni tampoco hay consecuencias negativas inmediatas si ignoras el despertador, dejas de meditar, te comes la tabla de chocolate o procrastinas otro día más sobre tu lista de tareas.

Nadie gana si cumples. Y si no cumples la única que se hunde es tu autoestima, algo que a tu cerebro le puede dar más o menos igual. Al fin y al cabo es más fácil auto-flagelarte que intentar un cambio verdadero.

Para los cambios voluntarios, el sufrimiento no es necesario ni deseable

¿Cuándo fue la última vez que te apuntaste a una actividad, porque te hará sentir realmente mal e inútil - de preferencia durante años? ¿Nunca? Entonces cómo es posible que tus propósitos de año nuevo siempre incluyen los mismos cambios con la misma promesa de que este año SÍ que vas a cumplir.

Si haces siempre lo mismo, siempre tendrás los mismos resultados.


El problema no es que "no lo quieres lo suficiente". El problema es que te has ido a dormir a las 2 de la madrugada y tu cuerpo es más sabio que levantarse a las 5h para meditar. A lo mejor querrás empezar con el cambio de tu rutina nocturna.

El problema no es que "no tienes fuerza de voluntad". El problema es que has tomado decisiones todo el día y no te queda energía para crear una cena sana y equilibrada después de 10 horas de trabajo. Un plan de comida o unas recetas rápidas en la nevera quizás te resuelven la incógnita.

Cada cambio es un experimento - cada hábito un juego

Si lo que has probado hasta ahora no te ha funcionado, prueba algo diferente. Nadie te impide de tratar a tus intenciones de cambio como un experimento o un juego y divertirte con lo que descubres. En vez de "quererlo más" y "hacer un trabajo interno para desarrollar la fuerza de voluntad", quizás lo único que hace falta es cerrar la caja de galletas y dejarla encima del armario.

Revisa tu entorno para descubrir que te facilita o dificulta tu nuevo hábito. ¿Qué puedes cambiar para potenciar lo que quieres conseguir?

Aprovecha las nuevas tecnologías para que te ayuden en el cambio: puedes experimentar con un simple recordatorio del móvil o probar diferentes herramientas de seguimiento como coach.me o make.me.

Conseguir los hábitos que tú quieres no depende del grado de sufrimiento que puedas aguantar. Es más parecido con una partida de cartas con todos los comodines que quieras.

¿Jugamos al cambio de hábitos?