Hacía tiempo que esperaba el frío que aún no termina de llegar, el verano parece que éste año no tiene fin, pero sin remedio los días se acortan y los atardeceres tiñen las nubes y el cielo con los tonos rojizos propios de éstas fechas. El Sol no calienta, es sólo una luz cobriza que baña mi alrededor de color sepia, imitando a ésas fotos en blanco y negro que se han oxidado con el paso del tiempo.
Los días parecen se vuelven tristes, con menos luminosidad, que parece que se baña todo de nostalgia, una nostalgia que a la vez me anima y me llena de gratos recuerdos. Evocar días felices, maravillosos de éste mes de Noviembre, también tristes y melancólicos, incluso recordar viejas costumbres gastronómicas que nos invitan a disfrutar del otoño.
Volver a escuchar la lluvia, leer un libro con el trasluz de la ventana de un día gris, escuchar música en la paz y tranquilidad rodeada de los míos, pasear por el bosque, por la orilla de la mar con ésas marejales llenas de blanca espuma, volver a saborear las castañas asadas, los madroños, las granadas, volver a los platos de cucharas, ésos potajes y cazuelas con los productos otoñales, saborear los dulces de mi niñez….¿quién se resiste al Otoño?
¿Quién se resiste a hacer dulces con uno de sus productos más deliciosos? Como éstos pequeños bocados de batata que mis mayores preparaban en los desapacibles días otoñales. ¿Se animan a prepararlos?
¿CÓMO LO HICE?
Una batata (peso una vez cocina, 150 grms.), 50 grms. de azúcar moreno, 50 grms. de almendra molida, 50 grms. de harina de trigo. una cucharada sopera de vainilla, 3 estrellas de anís y agua para cocer la batata.
PARA DARLES FORMA Y FREIR:
Harina de trigo, aceite de oliva virgen y azúcar blanca.
LOS PASOS A SEGUIR:
Pelar la batata y trocear. En una cacerolita echar el agua, incorporar los trozos de batata y el anís, ponerla al fuego y llevar a ebullición, dejándola cocer hasta que pinchando algún trozo de calabaza se compruebe que esté tierna.